NIÑOS ÍNDIGO
¿Cuál es el Mensaje?
GABRIEL SÁNCHEZ
2002
Recuerdo
mi lugar de origen, había brisas tropicales y un mar abierto; recuerdo mi
infancia me recuerdo libre...
Ahora
vamos hacia el fondo profundo del camino: después de haber girado hay otro
mundo girando dentro de éste, rompiendo el abismo.
-
Laurie Anderson
ÍNDICE:
INTRODUCCIÓN
Y AGRADECIMIENTOS
CAPÍTULO 1:
DEFINICIÓN DE “LO ÍNDIGO”
El período azul – Auras – Niños que escriben en el
ciberespacio – Club de los niños Índigo.
CAPÍTULO 2:
FLAVIO Y SU MADRE CUENTAN SU EXPERIENCIA
Encuentro con un niño especial – El filósofo de 6 años – Alba, después
de una década.
CAPÍTULO 3:
LOS ESPECIALISTAS SE PREGUNTAN SI SE TRATA DE NIÑOS DISTINTOS
Niños estelares – Nuevos niños – Ser o no ser Índigo – Futuros y
Colores.
CAPÍTULO 4:
LA INTELIGENCIA CREATIVA
Metáforas, juego y aprendizaje – Palabras Índigo –
Conversaciones – Cartas.
CAPÍTULO 5:
POLÉMICA SOBRE EL FACTOR ÍNDIGO
ADD, ADHD y medicación – ADN: El factor genético – El enfoque
antroposófico.
CAPÍTULO 6:
ANTROPOSOFÍA Y PSICOANÁLISIS APORTAN A LA COMPRENSIÓN DEL TEMA
El amor lógico – La historia cambia de color – Miradas que nos
constituyen.
CAPÍTULO 7:
TESTIMONIOS: DAMIÁN E ISMAEL
Índigo o superdotado – Juguetes con mensaje – Lo tuyo, lo mío, lo
nuestro.
CAPÍTULO 8:
LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA
Nuevos modos de aprendizaje – El protagonismo de los niños.
CAPÍTULO 9:
UN NUEVO ESTADO DE CONCIENCIA
Terapias complementarias y niños Índigo – La cuestión cosmobiofísica –
Epílogo de un viaje a la infancia y sus posibles nuevos mundos.
BIBLIOGRAFÍA.
NOTA DE CONTRATAPA:
Cada año, padres y docentes de todo el
mundo descubren que hay más niños con características fuera de lo común.
Poseen:
-
Gran capacidad de anticipación.
-
Vibrante armonía con la naturaleza,
-
Mirada esencial o conciente,
-
Alta autoestima,
-
Respeto profundo por los demás seres,
-
Peculiar sentido de compasión y
comprensión por los demás,
-
Sentidos muy desarrollados,
-
Capacidad de síntesis inusual en el
orden matemático,
-
Algunos niveles de percepción
extrasensorial,
-
Tendencia a manejarse con reglas y
códigos tecnológicos muy superiores a los de épocas anteriores,
-
Marcado interés por el mundo
espiritual.
¿En qué consiste
el cambio que se está gestando en ellos? ¿Anticipan una metamorfosis de la
configuración física, psíquica, genética y espiritual de todos los seres
humanos por venir? ¿O despiertan capacidades adormecidas durante siglos? El
conocimiento científico todavía no arriesga respuestas definitivas.
El serio trabajo
de investigación realizado por GABRIEL SÁNCHEZ recoge numerosos testimonios de
Niños Índigo y analiza sus cualidades junto a padres, educadores y
especialistas en niños con características especiales. Expone todo lo que se
sabe al respecto y todo lo que se intuye.
INTRODUCCIÓN Y
AGRADECIMIENTOS
La historia de la
humanidad registra la existencia de tribus que descartaban a los niños
débiles, quemaban a los albinos o se sometían a los conquistadores suponiéndolos
dioses. Hoy, un acuerdo relativamente universal nos permite, al menos en el
plano teórico, tomar nota de las diferencias sin caer en extremismos, cotejando
opiniones, absteniéndonos de sacralizar o demonizar lo desconocido.
Indagar desde la
curiosidad y divulgar lo descubierto es una tendencia que nos caracteriza como
especie y crece siglo tras siglo. Esto genera, a su vez, descubrimientos sobre
nuestra propia naturaleza, y brinda respuesta a algunos interrogantes.
Por mi parte,
intenté bajar al papel un tema que casi no presenta antecedentes impresos en
español y que los medios periodísticos tocaron apenas anecdóticamente. La
búsqueda que abordan estas páginas fue planteada a partir de indicios y sin
certezas. Durante mi trabajo, descubrí una verdad tan evidente que pasa
inadvertida, como en aquella "carta robada" de Poe*.
Frente a nuestros
ojos hay nuevos niños con virtudes específicas. Sus atributos, más allá del
rótulo que podamos adjudicarles, palpitan en la esencia de lo humano. Para
verlos, se requiere una mirada sin prejuicios, un poco del extrañamiento que
aconseja la antropología. Aquello que se aborda "a lo viajero",
suele abrir las puertas a una aventura llena de revelaciones.
Por otra parte, y
aun más allá del fenómeno puntual que investigué mientras escribía, leía o
entrevistaba, el asombro sobrevino con cada testimonio: todos los niños tienen
misterio.
Como integrantes
de nuevas generaciones en la Tierra, los niños siempre traen cambios con ellos.
Sin embargo, el estrépito casi apocalíptico de las últimas décadas significó
una implosión mayor de respuestas, alternativas, y cosmovisiones. Los
emisarios de ese caudal están naciendo.
La naturaleza de
esos cambios y sus portadores, desde una de las tantas perspectivas posibles,
es lo que intento volcar en este volumen. Hubo quienes al aportar testimonios
para esta investigación aceptaron identificarse. Esos testigos han sido
mencionados con sus respectivos e-mail, que constan en el propio texto, para
facilitar futuras búsquedas.
Otras personas
prefirieron contribuir a mi trabajo aunque sin "entrar en cuadro"
algo que respeté por razones obvias, en la medida en que había niños de por
medio. Pero todas las colaboraciones resultaron importantes.
Roberto
Crottogini; Flavio Cabobianco y Alba, su madre; Carlos Rocco; María Luisa
Pastorino; Susana Galperin; Molly Hamilton Baillie, así como los niños y padres
que anónimamente enriquecieron este libro con su participación, merecen mi
sincero agradecimiento.
-G.
S.
CAPÍTULO 1
DEFINICIÓN DE "LO ÍNDIGO"
EL PERÍODO AZUL
Desde hace más de
una década, se escucha por parte de adultos que frecuentan círculos
espirituales o adhieren a la perspectiva de un plan evolutivo, observaciones
con relación a nuevos niños, diferentes, más evolucionados.
Los comentarios
acerca de bebés y niños recién llegados a la vida con una luminosidad distinta
en los ojos que, a medida que crecen, muestran facultades ampliadas para
adaptarse rápidamente al vértigo de la tecnología, se multiplican en forma
geométrica.
Casi todos los
adultos de hoy conocen, saben de, o han escuchado hablar a alguien que tiene un
hijo con características sorprendentes; que incorpora conocimientos en forma
instantánea, que anticipa episodios por venir, que parece comunicarse con un
código implícito, insondable, trascendiendo los lenguajes infantiles
habituales.
Si bien todavía no
puede hablarse de un fenómeno masivo, la cantidad de casos aislados -pero con
características similares- que se presentan en distintos puntos del planeta,
indican una constancia: lo que parece extraordinario en algunos niños tiende a
tornarse natural en la mayoría.
No sólo muchos padres lo han advertido:
también maestros y pediatras perciben que las nuevas generaciones "vienen
con algo distinto"; más preparadas para el particular tiempo que les toca,
con cierto conocimiento de otras realidades, con una mentalidad más elástica y
una reveladora capacidad de interactuar mediante nuevas pautas ante el mundo
y sus semejantes.
Quien planteó por
primera vez la calificación índigo aplicada a un grupo de niños fue Nancy Ann
Tappe -parapsicóloga, conferencista e investigadora en esa materia- en su libro
“Understanding Your Life Through Color” (Comprendiendo tu vida a través
del color), publicado en los Estados Unidos en 1982.
Tappe explica que
los seres humanos irradiamos "capas áuricas" con determinados
colores. Y que sólo algunas personas podrían ver dichas auras; no obstante, en
esas capas, según los colores en juego, se definirían rasgos de personalidad y
otros aspectos inherentes al individuo.
La autora
identificó las características de los grupos por colores y luego las
desarrolló. De una manera análoga a la astrología, que clasifica rasgos de
personalidad o tendencia en grupos de acuerdo con nuestra ubicación cósmica al momento
de nacer, también en el color de las auras estarían inscriptos, desde los
primeros instantes de nuestras vidas, ciertos rasgos similares que son muy
notorios cuando sabemos cómo buscarlos. Ella misma declara haber visto las
auras de los niños en esa intensidad cromática, cuya definición en el
diccionario ronda el "añil, colorante natural azul oscuro obtenido de
varias plantas del género Indigófera".
Sin embargo, el
color índigo es sólo una de las características de estos niños a quienes se
les han asignado diversas maneras de identificación o denominaciones: Niños
estelares, Niños especiales, Niños de luz, Niños de la Nueva Era, Nuevos niños,
Niños mágicos, Niños nazarenos o acuarianos, Dark blue children, Millenium
children, entre otras.
La aparición de
esta "nueva generación" comenzó a ser registrada por distintos
observadores desde 1970. A partir de la década de los noventa se han
incrementado testimonios acerca de la presencia de niños índigo en todo el
mundo. Según estimaciones de esos mismos observa dores, el 80% de los niños
actuales cobijaría las capacidades asignadas a un niño índigo, aunque en muchos
casos, en forma latente.
En ese contexto,
los investigadores recomiendan a padres y educadores proponerse una nueva
mirada. La amplitud y comprensión necesarias para reconocer a nuevos niños que
traen cualidades tan particulares al mundo, finalmente abarca mucho más que a
un grupo determinado. Los atributos que llegan con ellos inciden en la
humanidad en su conjunto, impulsando una evolución de la especie, una apertura
a lo espiritual, una reformulación global de los valores, en la medida en que
ellos son los adultos del futuro.
Las voces que
sostienen y divulgan su presencia, aseguran, en el marco de la idea de la
reencarnación, que estos nuevos niños no acarrean aprendizajes pendientes o
residuales de vidas anteriores y que algunos vendrán sin ningún karma.
El investigador
norteamericano Lee Carroll, autor del libro Índigo Children (no
traducido aún al español) es el primero en desarrollar, partiendo del aura y
adentrándose luego en otros territorios, la caracterología de los niños índigo.
Carroll destaca en ellos un "elevado coeficiente intelectual" -a
partir de los tests por él realizados- combinado con una "enorme
capacidad creativa", teóricamente respaldada, a su vez, por una mayor
utilización del hemisferio derecho del cerebro.
Paralelamente, la
especialista norteamericana en temas espirituales, Jan Tober -coautora
del libro de Carroll- agrega que poseen conocimientos sorprendentes, saberes
que podrían parecer descabellados frente a nuestro sistema de pensamiento y
paradigmas dominantes, propios de personas nacidas en décadas anteriores.
"A la mayoría les encanta manejar
computadoras, aprenden a usarlas sin ayuda, resolviendo incluso, si se les permite,
los inconvenientes operativos con que muchas veces tropezamos los
adultos", asegura Tober.
El siguiente
testimonio ejemplifica la estrategia mental de un niño índigo: en clase de
matemáticas la maestra escribe los números 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, en la
pizarra y pregunta: ¿cuál de esos números es divisible por dos? La respuesta
del niño en cuestión es todos.
Este episodio real
-que el cine expuso en la película Mentes que brillan, dirigida por Jodie
Foster- da la pauta de cómo encaran ellos el conocimiento: desde una
perspectiva libre de ataduras metódicas, de pasos intermedios o redundancia
logística.
Otras
características que definen a los niños índigo según los relevamientos
existentes:
• Abordan los
procesos ejecutivos de la tecnología y el pensamiento en general con destreza
intuitiva: van a lo esencial.
• Tienen una gran
energía y son incansables (algunos duermen muy pocas horas) procurándose tiempo
extra para incorporar conocimientos, según aseguran quienes los tratan con
frecuencia.
• Se muestran
comprensivos cuando reciben explicaciones y se rebelan ante el simple
autoritarismo proveniente de sus padres, de sus educadores o de la sociedad en
general.
• Rechazan la
carne de cualquier animal y los alimentos excesivamente elaborados.
• Comprenden más
rápidamente que otros niños de su edad las trampas del consumismo y de las
modas.
Frecuentemente se
diagnostica a los niños índigo como hiperactivos. Aunque institucionalmente ni
la medicina ni la psicología se han propuesto decodificar los indicios en
forma manifiesta y sistemática, existen, sí, diagnósticos realizados por parte
de la psiquiatría común, que parecen guardar una íntima relación con las
aptitudes atribuidas a los niños índigo.
Así, al hablar de
niños especiales, hiperactivos, con particularidades como las que venimos
comentando, surgen en el panorama psiquiátrico, dos siglas: ADD (Attention
Déficit Desorder) o trastorno de deficiencia de atención y ADHD (Attention
Déficit Hyperactive Disorder) o trastorno de deficiencia de atención con
hiperactividad.
ADD y ADHD suelen
acompañar el desarrollo evolutivo de los niños índigo, ocasionándoles
dificultades, particularmente en el ámbito escolar formal, donde impera la
linealidad metodológica (regla de oro para el actual modelo educativo) que a
ellos tanto les cuesta seguir.
Lo cierto es que,
aun en el marco de este síndrome, los niños índigo sí prestan atención, pero
sólo a aquello que les interesa, a partir de lo cual son capaces de saltearse
instancias metodológicas convencionales y profundizar con agilidad autodidacta.
Así, cuando una motivación los impulsa, es frecuente que tomen sólo una parte
del problema y lleguen a resolverlo con la plenitud orgánica de un todo,
alcanzando en sus conclusiones notables grados de sutileza y claridad.
La conciencia
cósmica, la telepatía, la capacidad de sanación, la inquietud por trascender
el plano netamente denso o material de la existencia, son dones que
habitualmente operan a la par de sus abordajes mentales frente a distintos
temas.
Grupos de
científicos, terapeutas, médicos, biólogos y escritores se interesan cada día
más en la cuestión de los niños índigo. Gente que vocacionalmente inclina su
lupa hacia los fenómenos inexplicados en los canales y métodos habituales,
repara expectante sobre el potencial cambio evolutivo disparado por los
"nuevos niños" en particular.
A los testimonios
personales y observaciones de orden psíquico se sumaron elementos de análisis
surgidos en el campo de la investigación genética, más precisamente con
relación al ADN*.
Esto trascendió, incluso, el interés de padres y educadores, generando una
comunidad de observadores que se incrementa día a día, según comprobamos en publicaciones
especializadas, foros de discusión en la web e intercambio de información entre
particulares de distintas partes del mundo.
Sin embargo, y
afortunadamente, el fenómeno aún no ha sido descubierto ni explotado por los
medios de comunicación masivos, ávidos de audiencia a cualquier costo.
Tal situación
propicia una búsqueda con ventajas y dificultades: por un lado estamos ante la
posibilidad de transitar un camino poco contaminado por excesos especulativos,
propios del sensacionalismo. Por otra parte, podría decirse que "la verdad
cuida a la verdad": en el propio fenómeno de los niños índigo subyace un
aporte humanístico que desarticula el lenguaje mediático por excelencia, ligado
a la magia efectista, a la prestidigitación, al truco más que a la reflexión
profunda acerca de nuestra evolución como especie.
En cuanto a las
dificultades, comprobé que no eran demasiadas las fuentes fidedignas en un
principio; fue necesario rastrear mucho para acceder a información genuina, con
autores identificables.
Como suele suceder
en una investigación adaptada a estos tiempos, la dirección inicial que tomé en
mi pesquisa transitó los canales de la World Wide Web. Internet mediante, el
primer indicio proviene del diario chileno La Estrella que en su versión
digital del 10 de noviembre de 2001 ponía en pantalla un artículo titulado
"Los niños índigo: Una nueva raza viene a salvar el mundo" firmado
por Angélica Meneses. A continuación, reproduzco algunos de los tramos de ese
texto, verificables en versión completa por la página web del periódico en
cuestión:
No
son extraterrestres ni mutantes que pueden deshacer metales o atravesar
paredes: son nuestros hijos, los pequeños de hoy, nacidos con una mejor
dotación genética y, sobre todo, con bellas cualidades psicológicas,
emocionales e intelectuales.
Una
expresión muy escuchada en la actualidad es que "los niños de hoy nacen
sabiendo". Abuelos sorprendidos de nietos que recién caminan, pero que
operan a la perfección el equipo de video y hasta el computador; mamás
asombradas de las respuestas de sus hijos, que apenas balbuceando dejan frases
para el bronce, y educadoras en los jardines infantiles que deben responder a
las preguntas más insólitas, no son fenómenos aislados. Aunque usted no lo
crea, esto tiene una razón científica: una nueva raza está llegando al mundo,
una evolución de la humanidad seguramente destinada a mejorar las condiciones
de nuestra sociedad. Son los llamados "niños índigo".
Pero,
¿quiénes son estos nuevos niños? ¿Cómo reconocerlos? Y más delicado aún, ¿cómo
tratarlos, cómo educarlos para que sean los hombres índigo que mañana manejarán
el mundo? Comencemos por definirlos: se los llama índigo por el color de su
aura, que es azul. El aura es el campo energético que rodea a cada persona, y
hay individuos hipersensitivos que pueden verla. También se puede captar en
fotografías especiales. El aura registra las bondades y maldades de cada uno,
sus miedos y angustias, sus características emocionales. Y en estos niños,
coincide en un marcado color azul.
Dado
que no es posible para todos ver el aura, ¿qué otras formas hay de reconocer a
un niño índigo? Hay un modo científico, que de paso prueba que esto no es una
teoría de esotéricos y metafísicos, sino una realidad probada empíricamente:
el ADN. Los niños índigo tienen un potencial de cambio, explicado por la
doctora venezolana María Dolores Paoli, especialista en Psicoespiritualidad
(un nuevo concepto referido a la psicología transpersonal, donde se unen el
conocimiento del Ego con el conocimiento del alma) quien afirma que el cambio
que aportan estos chicos se manifiesta en la activación de cuatro códigos más
en el ADN. Según investigaciones realizadas en la U.C.L.A de Estados Unidos de
Norteamérica, estos niños serían, incluso, inmunes al Cáncer y al Sida.
Los índigo tienen
la capacidad de escuchar todo tipo de sonidos, incluso su propio fluido
sanguíneo, y tienen una fuerte sensibilidad táctil. También hay algunos rasgos
físicos, aunque no se dan en todos los casos: son de ojos grandes, delgados,
comen poco, son zurdos o ambidiestros y pueden presentar ligeramente abultado
el lóbulo frontal. No son un fenómeno exclusivo de nuestra época. Los ha habido
anteriormente, sólo que en forma aislada: la gran diferencia con nuestros días
es que los índigo son ahora muy numerosos. Algunos famosos personajes fueron
niños índigo. A todos ellos se los calificó como rebeldes, hiperactivos,
desordenados y hasta malos alumnos. Lo que pasaba era que estaban pensando en
otra cosa. Entre otros nombres, podemos citar a Newton, Luis Pasteur, Leonardo
Da Vinci, Galileo, Charlie Chaplin, John Lennon, Vincent Van Gogh, John D.
Rockefeller, Ludwig van Beethoven, Pablo Picasso, Wolfgang Amadeus Mozart,
Steven Spielberg, John Fitzgerald Kennedy y Benjamin Franklin.
Según
María Dolores Paoli, en 1999 estos nuevos niños ya representaban el 80% de la
población infantil del mundo, de diez años hacia abajo. Es decir, no son nada
escasos, de modo que es muy posible que todos conozcamos más de alguno, o
incluso tengamos uno en casa.
Por mi parte,
nunca había escuchado hablar de Psicoespiritualidad, y la posible inmunidad
ante el cáncer o el SIDA me sonó arriesgada. Pero, a la luz del comienzo de
esta investigación, y, ante la lectura de semejantes afirmaciones, decidí
profundizar en la búsqueda de testimonios que, a partir de ahora, debería
incluir, además, varias campanas de opinión provenientes del ámbito científico.
Ya, con menos asombro, ciertos pasajes del texto me hicieron recordar algunas
historias cada día más frecuentes y cercanas acerca de niños que anticipan
acontecimientos, que escuchan a la distancia, que escriben con ambas manos
desde muy corta edad, que interpretan y dominaban el lenguaje de las computadoras
aún antes que sus hermanos mayores. Paralelamente, se hace imprescindible, de
acuerdo con esta instancia, tomar contacto con el tema de las auras, ya que es
a partir de ellas que los niños índigo son identificados con ese color.
AURAS
Es invierno de
2001 en la ciudad de Buenos Aires, domingo por la tarde; la familia Roganti
sale de un cine céntrico donde exhiben filmes de Disney. Después de la
película, la joven pareja y su hijo repiten el clásico circuito porteño
paseando por la gran calle de las librerías, exultante de ofertas, pizzerías,
puestos callejeros, olor a incienso. Una librería Megastore, con varias
plantas, recientemente inaugurada, les llama la atención y entran.
Nacho -que apenas
habla, pero camina a la velocidad que le permiten sus cuatro añitos- avanza
férreamente agarrado de la mano de su madre, Adriana, quien a su vez, en la
otra mano, sujeta un volante que acaba de tomar de un mostrador, cuya lectura
la deja intrigada: "conozca lo que dice su aura; su personalidad y sus
estados de ánimo", le propone el folleto.
Mientras su marido
deambula entre las mesas de libros y objetos, Adriana -tentada por la
curiosidad- se adelanta con el pequeño Nacho y enfila al misterioso gabinete:
una habitación del local comercial donde se ofrece la "lectura de
auras". Al entrar, encuentra una computadora conectada a una pequeña caja
metálica en la que, para acceder a la experiencia, debe apoyarse la mano; una
cámara de video montada sobre el monitor registra al consultante. Nacho,
literalmente, "le gana de mano": apoya sus deditos en la caja y se
instala en la butaca. El encargado asume que se inicia la consulta y activa el
programa en la computadora. Inmediatamente, los colores irradiados por la
imagen fija -que hasta entonces poblaba la pantalla a modo de muestra-
comienzan a disolverse y a proyectar estelas que cobran tonalidades cambiantes
para definirse, finalmente, en un azul luminoso en torno a la figura del niño.
El operador e intérprete de la sesión le
explica a Adriana las características del estudio, tras lo cual imprime un
resultado, que le entrega, con el siguiente texto:
El
color azul suele predominar áuricamente en la zona de la cabeza, proyectándose
con más intensidad desde la coronilla. Pertenece al 5° chakra -el chakra
laríngeo- y su energía, bien canalizada, ayuda a impulsar la expresión, la
expansión manifiesta de las ideas y sensaciones percibidas desde el exterior,
precisamente porque este tipo de aura coincide con quienes tienen cierta
tendencia introspectiva.
El
azul da cuenta de una intensa espiritualidad y la búsqueda de un orden nuevo.
Es un color ligado a la necesidad de cambio, que sus portadores procuran
mediante una curiosidad muy fuerte, aunque casi siempre discreta, silenciosa.
Son personas generalmente reservadas y críticas. Presentan una falta de
seguridad ante las cuestiones prácticas y materiales de la existencia. Pero
esto lo complementan con una profunda certeza interior; tienen una noción
universal e integradora del mundo, son solidarios y sensibles a todo lo vivo.
Adriana queda
absorta ante el diagnóstico. Recuerda las frecuentes anginas de su hijo,
curadas, por lo general -tal como le hizo notar una psicopedagoga- tras alguna
confesión angustiante que el pequeño tenía "atragantada". Repasa
mentalmente la cantidad de episodios en que el niño escondía ciertas audacias y
descubrimientos propios mientras, por otro lado, se achicaba ante cuestiones
menores, meramente prácticas, como la hora del baño. Siente que todo lo que ha
escuchado coincide, esencialmente, con la naturaleza más íntima de su hijo,
aún muy pequeño, ya dueño de una personalidad incipiente.
-Es increíble
-dice conmovida, en voz alta, olvidando las presencias y el lugar; habla para
sí misma.
-No, má, tienes
que creer -la corrige su pequeño hijo desde la butaca, con total naturalidad,
como si todo fuera apenas un juego de palabras. El fenómeno índigo debe su
nombre al color proyectado por el aura de estos niños, no sólo registrable
mediante las cámaras Kirlian, sino también captado por ciertas personas
especialmente dotadas. Sin embargo, las percepciones, dones, virtudes,
métodos, vivencias, expresiones de los niños índigo van mucho más allá de este
síntoma energético que, en sí mismo, ha funcionado como indicio y como un modo
de designarlos.
El tema del aura,
tan controvertido como fascinante, presenta diferentes lecturas y, por cierto,
diferentes interpretaciones.
Los testimonios de dos especialistas
consultadas en esta investigación ofrecen datos y elementos que abordan desde
distintas ópticas la presencia del fenómeno.
María
Luisa Pastorino, médica psiquiatra recibida en la Universidad
de Buenos Aires, homeópata, autora de artículos y textos varios acerca de las
terapias vibracionales, brinda un repaso histórico valioso para introducirnos
en la relación del aura con la naturaleza humana. En su libro La medicina
floral de Edward Bach se remonta históricamente:
"Desde antiguo se sabe que todos
los seres vivos emiten o están inmersos en un campo energético. Personas sensibles
o que hoy llamaríamos con propiedades paranormales, pudieron observarlo. Ha
sido representado en la iconografía de la antigüedad, tanto en Oriente como en
Occidente, atribuyéndole cualidades espirituales. Se lo denominó de muy
diversas maneras: aura, atmósfera psíquica, ropaje del alma, esfera de la vida,
fuerza magnética, fuerza vital, cuerpo etérico, doble etérico. Paracelso habló
de él. Hahnemann lo llamó fuerza vital y basó en ella su medicina homeopática.
Mesmer realizaba curaciones actuando sobre el campo energético y llegó a
afirmar que `todo en el universo está unido por medio de un fluido en el que
están inmersos todos los cuerpos'. En 1845, el barón Karl von Reichenbach,
industrial y científico alemán, realizó un estudio sistemático sobre el mismo;
señaló que esa energía era una propiedad universal de la materia y la denominó
Od, estableciendo que había un Od positivo y un Od negativo.
Fue el médico
inglés Walter Kilner, jefe del departamento de electroterapia del
Hospital Santo Tomás, de Londres, el primero que demostró la existencia de este
fenómeno.
Kilner, conocedor de las descripciones de
ocultistas y videntes, que había leído a Leadbeater, ocultista de nota que
perteneció a la Sociedad Teosófica Inglesa, sin dejarse atrapar por prejuicios,
y con verdadero espíritu científico, decidió buscar un método para hacer
visible el aura o doble etérico. Lo encontró, luego de una prolija investigación,
impregnando una lente con una substancia química, que permitió hacer visible al
ojo humano la luz ultravioleta. Al observar a una persona, con una lente así
preparada, el aura se hacía visible como una línea interna que delimitaba el
cuerpo y otra más externa, de una luz casi vaporosa que se extendía hacia el
exterior. El aura, el ropaje del alma, la fuerza vital, era una realidad
física. Las ciencias positivas con su lentitud y morosidad habituales, habían
confirmado una vez más lo que la intuición del hombre venía afirmando desde
hacía siglos. Llegó Kilner a perfeccionar su técnica de tal manera que logró
hacer diagnósticos observando a sus pacientes con este método.
En 1911 publica su
libro “La atmósfera humana” y pese a que sus investigaciones fueron
estrictamente científicas y sin relación con el fenómeno oculto, fue criticado
y rechazado por la profesión médica, como había ocurrido con sus antecesores.
(...)
En 1939, el
fotógrafo ruso Semyon Davidovich Kirlian descubrió que colocando un ser
vivo o parte de él bajo la acción de un campo de alto voltaje se hacía visible
el aura y se podía observar la relación entre las alteraciones de la misma y
las del interior del cuerpo. Esta nueva técnica abrió el campo a otras
investigaciones, entre ellas la localización de los puntos de energía sobre
los que actúa una medicina milenaria: la acupuntura."
Para quien se lo
proponga, hoy existen, en distintas ciudades de América y Europa, locales
destinados a "ver" el aura mediante cámaras específicas y pantallas
computarizadas. En algunos casos, incluso, se entregan gráficos explicativos
donde consta la interpretación de los especialistas que manejan estos
sistemas. No fue fácil, sin embargo, encontrar gente que pudiera dar
testimonio de haber presenciado auras sin mediación tecnológica.
Alba
de Cabobianco, psicóloga graduada en la Universidad
de Buenos Aires, fue la primera persona entrevistada que me comentó su propia
experiencia con relación al aura. A lo largo de aquel encuentro, en su casa, en
marzo de 2002, Alba me decía:
"Vi
auras por primera vez durante el parto de Flavio, mi hijo, que nació cuando yo
tenía treinta y seis años. Para mí, tras doce años de ejercicio de
psicoanálisis tradicional y sin ninguna formación esotérica, esto era
desconcertante. Por entonces estaba más ligada, si se quiere, al
existencialismo que a la espiritualidad.
Notaba
un resplandor que aparecía espontáneamente alrededor de las personas. En el
caso de Flavio, me perturbaba mucho la velocidad de esa vibración, muy rápida,
muy intensa.
Los siguientes siete años me dediqué a
investigar nuevas formas de curación, orientales y occidentales. Tomé
contacto, por ejemplo, con la noción de los chakras, a los que se les adjudican
colores equivalentes a vibraciones: una visión de la energía del ser humano.
Los textos relativos a este tema coinciden en que el color sería una expresión
de determinado modo vibracional, y que los colores más limpios y más sutiles
corresponderían a vibraciones más altas. Cada centro energético tiene un color
que predomina. El `coronario', es decir el que está en la zona superior de la
cabeza, tiene colores que giran alrededor del azul y el violeta. A diferencia
de otros colores, el índigo o azul, hasta donde yo tenía estudiado, no era un
color que se manifestara con frecuencia en el aura."
Resulta
interesante, hasta aquí, la palabra de dos personas cuya formación se remite a
saberes no esotéricos. El abordaje que María Luisa Pastorino y Alba dedican al
tema auras tiene distintos puntos de partida; en el primer caso es netamente
profesional; en el segundo, emerge enmarcado por una experiencia personal. Sin
embargo, ambas miradas coinciden en un punto de partida crítico. Esto hace que
luego, al cobrar peso propio, la cuestión del aura suene mucho más genuina en
sus voces.
En Internet
existen profusión de sitios y ofertas que abarcan la cuestión del aura
promoviendo conferencias, consultas personales, e incluso asesoramientos
accesibles sin moverse de la propia casa, vía red. Uno de los cursos ofrecidos)
coordinado por Maya Toyber Campeche, residente en México, invita a participar
de sus conferencias e introduce su especialidad al respecto asegurando que:
La cámara Kirlian no tiene nada de
maravilloso, simplemente hace fotografías del "efecto corona", que
es un fenómeno eléctrico normal y corriente sin ninguna relación con auras.
Verlas desde tu conciencia y usando tu intuición es diferente.
En la misma página
web se desarrolla una definición de auras en tanto
conjunto de fuerzas electromagnéticas
de densidades variables que salen de los cuerpos físicos vitales, etéreos,
mentales, emocionales y espirituales.
El campo áurico,
según indican los expertos, sobresale del cuerpo con un promedio de un metro a
partir de la última superficie de la piel.
Así se extiende
por encima de la cabeza, y más allá de los pies, hundiéndose en el suelo.
Además de los seres humanos, tendrían su propia aura, o campo energético
-incluyendo al reino mineral, vegetal y animal- cada una de las presencias que
nos rodean.
Hay más documentos
en Internet que desarrollan el tema. Algunos conceptos se reiteran, otros se
reformulan. A modo de síntesis, extracto aquí algunos fragmentos que habrán de
completar el panorama:
•
Albert Einstein nos explicaba que la materia no existe, sino que es una ilusión
creada por la velocidad de la vibración de diversas formas de energía. Las
cosas que percibimos con nuestros sentidos, cuya vibración es muy lenta, tienen
una energía que vibra al mismo ritmo.
•
Todo lo que vibra en el plano físico se nos aparece en forma de materia sólida
la ciencia nos ha demostrado que un objeto reducido a la más pequeña de sus
partículas, esta formado por millones de chispas de energía. Esto indica que
hay todo un mundo vibrando a una frecuencia determinada. El estudio del aura
tiene como objeto práctico ayudar a la persona a entender los procesos de
cambios en que se encuentra y cómo se van desarrollando.
•
El aura se ve de varias formas, generalmente emulando capas de color que
bordean el cuerpo; bandas circulares alrededor del mismo, como éter flotando
sin forma definida, a modo de flamas de colores que se extienden y desvanecen.
•
Debido a que el aura es un plasma etérico, se puede visualizar de muchas
maneras. Hay personas que tienen la habilidad de percibir el aura de manera
natural, con sus ojos físicos abiertos, gracias a los receptores en forma de
conos dentro del ojo que son los encargados de la visión de color. Otra forma
de percibirla es con el ojo interno (coloquialmente llamado "tercer
ojo"). Esto se logra con entrenamiento, ejercicios, práctica y continuo
trabajo personal del individuo.
NIÑOS QUE ESCRIBEN EN EL CIBERESPACIO
Tras haber
recorrido una docena de páginas web, saltado de links en links, y advertido que
empiezan a repetirse notas y autores, eslóganes, titulares, lanzo un mensaje en
botella al ciberespacio virtual titulado "presentación y consultas":
algo así como ¿Hay algún niño Índigo allí?
En él explico mi
situación y mi búsqueda, pretendiendo llegar a algún protagonista cierto y
exponiendo mi sondeo. Procuro conectarme con gente dispuesta a aportar
información, testimonios personales, perspectivas científicas o alternativas.
Recibo, entre las
primeras respuestas:
Mi nombre es Irene, miembro de la
comunidad. Me da mucho gusto que te tomes el tiempo para encontrarnos y
escribir sobre nosotros. Soy mexicana, y al igual trato de relacionarme con mis
hermanos índigo. Puedes escribirme y contactarme cuando gustes, estoy en la
mejor disposición de colaborar contigo.
Me
llamo María Paloma, tengo 40 años.
Hace
un tiempo "casualmente", escuché una conferencia sobre los niños
índigo, y me quedé bastante perpleja, parecía que estuvieran relatando mi
forma de ser y comportamiento.
No
tengo total seguridad de serlo, pero escuchando a la conferenciante supe que
en esencia yo fui una de esas niñas de la que se hablaba. Si quieres escribirme
y preguntar, estoy dispuesta a informarte. Un abrazo.
María
Paloma.
Me
llamo Molly Hamilton Baillie, tengo 24 años y soy índigo. Una señora que ve
auras me dijo, a los trece años, que la mía era azulada, aunque entonces no
entendí la importancia que eso ahora tiene en mi vida.
He
creado una organización internacional llamada "rainbow plaza" con la
finalidad de estrechar lazos entre seres humanos para que el planeta sea uno y
ejercitemos la armonía, el respeto, la tolerancia.
Fui
catalogada como una rebelde sin causa. Mis padres tuvieron dificultades para
criarme; soy hiperactiva y me aburro con facilidad, salvo que el tema me
interese, como los idiomas, por ejemplo. Soy británico-argentina y vivo en
Buenos Aires.
Me
estreso con facilidad, amo la lealtad, no fumo, bebo sólo agua y jugos
naturales, no me gusta la carne.
He
desarrollado ciertas facultades que no puedo controlar a voluntad, y he tenido
sueños netamente premonitorios. Puedo percibir cuando una catástrofe se
avecina porque siento en mi interior un torbellino previo.
Practico
yoga, tai-chi, meditación, autocontrol, concentración, escribo cuentos y
canciones y participo en concursos. Estudio filosofía y ya casi soy licenciada
en historia, a pesar de que el sistema tradicional de la universidad me costó
enormemente; no me gusta la forma mecanicista de estudiar, la escuela fue la
peor marca de mi vida.
Estoy
a tu disposición para que me preguntes lo que quieras, e incluso participar de
tus investigaciones, no tengo problema en dar la cara.
Contáctame.
Decido agradecer a
Irene y a María Paloma, con quienes mantengo el contacto. El testimonio de
Molly, notablemente coincidente con la caracterología índigo, merece algunas
preguntas. Le envío, entonces, un cuestionario puntual que ella responde pocos
días después:
De: "Gabriel
Sánchez"
-¿Cuándo concebiste la posibilidad de haber
sido una niña índigo?
-Comencé a
sospecharlo en junio del año pasado, al ver un programa sobre las profecías
mayas, donde se predecía la llegada de los niños índigo en "la última
etapa del tiempo del no-tiempo". Expusieron las características y me
reconocí coincidente en casi todo. En realidad nunca había oído de este tipo de
niños, pero siempre consideré que cualquier ser humano puede despertar sus
facultades mentales, mover objetos, leer el pensamiento, etc. Por lo que no me
sorprendía cuando me pasaban cosas extrañas.
En diciembre de
este año después de ver un programa de televisión titulado
"infinito" en vivo, donde se explayaron más sobre los niños índigo,
busqué en Internet e hice una carpeta sobre ello, con todo el material
disponible para corroborarlo.
-¿Cómo lo comprobaste?
-En diciembre de
2001 llegué a la conclusión de que yo era una índigo, al unir lo que estaba
encontrando ahora con una serie de recuerdos que se remontan a mi infancia y
siguen en mi adolescencia:
Ingresé adelantada
a la escuela, a los cuatro años, pero no podía adaptarme a los compañeros, no
era indisciplinada, sino que definitivamente no podía prestar atención. Me
atraían las revistas acerca del sistema solar, los planetas, las galaxias, lo
vinculado a la posible existencia de otras vidas en el universo.
Me derivaron a un
gabinete psicopedagógico y allí concluyeron que en realidad, pese a ser menor
al resto de mis compañeros, estaba aburrida, y sólo me interesaba por lo que a
mí me parecía importante. Si no prestaba atención -decían los especialistas-
era porque sencillamente no quería.
lo curioso era que
cuando el ciclo lectivo terminaba, yo siempre recibía medalla de oro como mejor
alumna, sin haber hecho el menor esfuerzo. Sólo me dedicaba a la literatura y a
las ciencias sociales, también me gustaban los insectos, me llamaban la atención,
pero me daban miedo algunos.
Más tarde, cuando
tenía trece años, viviendo en la provincia de Jujuy, una señora llamada
Teresita, seguidora de lanza del Vasto, que podía leer el pensamiento y ver las
auras de la gente, un día de pascua en la iglesia, se paró ante mí y se quedó
mirándome pero de un modo especial, como si algo "fuera de mí"
existiera. Yo no entendía, porque no me miraba a mí exactamente, sino a mi
contorno. luego me abrazó, y le dijo a mi familia: "a esta chiquita se le
lee en sus ojos lo que va a ser y hacer...."
Después, ella y
los suyos, otros seguidores de lanza del Vasto, que usaban una especie de
uniforme azul, les dijeron a mis padres que Teresita había visto algo bueno en
mi aura, y que yo debería incorporarme a ellos, a su culto, pues "ya
tenía su uniforme".
-¿Sabes que existe una característica
genética de los niños índigo que los hace resistentes a gran cantidad de enfermedades?
¿Tienes información acerca del tema ADN en este sentido?
- Hace unos veinte
días supe de eso viendo otro programa de los mayas donde hablaban de
"cuatro cordones más" activados del ADN. La verdad es que yo, como
historiadora, no tenía ni la menor idea de la composición del ADN, de manera
que ahora me estoy interesando por la genética y planeo hacerme un análisis
para terminar de corroborar mis aciertos.
Sí te puedo decir
que cuando nací, no tomaba leche materna. Fui la única que rechazó el pecho de
mi madre, mis otras dos hermanas fueron "mamonas". En mi caso no
quería tomarla, y los médicos le dijeron a mamá que ello me traería problemas
de salud, debilidad, fragilidad en los huesos, etc.
Pero fui
resistente a todo, a pesar de haberme pescado, también, todo: rubéola,
hepatitis de sesenta días, varicela, papera, fiebres, sin ninguna consecuencia.
Por ejemplo, tuve rubéola antes de cumplir un año, nadie se había dado cuenta,
contagié a mi mamá y ella que estaba embarazada perdió al bebé. Yo salí totalmente
"ilesa".
Cuando tuve
hepatitis, estaba fuerte, y pasé en cama veinte días sólo por precaución, según
indicaban los médicos. No me dolía nada. Y lo más curioso es que tenía un
apetito feroz.
-¿Conociste a otros niños índigo
personalmente? ¿Se te parecen? ¿Puedes ver su aura?
-Francamente no
conozco a ninguno. Me veo más parecida a los animales, a quienes en algunas
ocasiones sí les veo un contorno de luz, lo mismo que a las plantas. Por lo
general, eso me ocurre cuando, paseando por mi jardín, rezo: allí puedo ver la
luz de las plantas.
-¿Has tenido experiencias de telepatía o
algo que te haya llamado la atención, que consideres fuera de lo normal?
-Después de que
nací, estando yo en la cuna, en los primeros días sucedieron cosas sobrenaturales,
como ruidos fuera de lo común y cositas que volaban; objetos pequeños, trabas
de cabello, elementos de cosméticos. Mi madre asustada las aplastaba contra
el piso. Consultó con psíquicos y le dijeron que era normal que esas cosas
sucedieran cuando se estuviera en presencia de personas con mucha energía,
pero especialmente en bebés, cuando esas energías recién llegadas en un ser
fluyen en forma muy caótica.
Desde el tercer
mes, hablé, y un experto en lenguas le dijo a mi padre, que yo decía palabras
en sánscrito y algunas en arameo. En cuanto a las experiencias que yo recuerde,
sí, las tuve en varias oportunidades, pero nunca de manera voluntaria. Cuando
intenté ver lo que pensaba alguien, no pude. En cambio, en forma espontánea, y
siempre cuando miro a las personas por la nuca, he llegado a percibir
muchísimo. Incluso, a veces, síntomas físicos; a sentir en carne propia el
dolor de aquel a quien miro.
Penas, dolores,
alegrías ajenos han acabado por estresarme. Por ese motivo hago ejercicios en
distintos momentos del día, para controlar este tipo de cosas, estoy
aprendiendo a autobloquearme frente a estas situaciones. También he soñado lo
que después hago en el día, y puedo sentir con unos meses de anticipación si
las tragedias se avecinan, el pecho se me cierra. No entiendo lo que sucede,
hasta que ocurre lo que sospecho. Estos presagios abarcan a personas muy
conocidas o no tanto. Por ejemplo puedo predecir en mi interior si a alguien
del vecindario le ocurrirá algo. Pero esa facultad no me gusta. Es que no he
aprendido a manejarla.
CLUB DE LOS NIÑOS ÍNDIGO
A los tres y cuatro años estos niños
entienden sobre computadoras de una forma que un adulto de 65 años no podrá
hacerlo. Son niños que vienen a este mundo con cierta visualización mental
orientada y anticipada hacia la tecnología, pero una tecnología que nosotros ni
siquiera hemos llegado a soñar. Creo que estos
niños
están abriendo un portal, y nosotros llegaremos a un punto en el cual nada
tendrá que trabajarse, excepto en nuestras cabezas.
-NANCY ANN
TAPPE (Parapsicóloga)
David Kortzel vive
en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Además de taxista es un jugador
empedernido de ajedrez y un pésimo internauta. No obstante, aprendió a
arreglárselas para poder competir, vía Internet, con desconocidos, donde se
llevó algunas sorpresas. Uno de sus más duros adversarios, con quien llevaban
un nivel sumamente parejo, rehuía, sin embargo, el diálogo, la evaluación casi
ritual que se da en ese ámbito; la conversación tras el juego es una costumbre
más o menos habitual, según la cual los contendientes comentan la partida, se
dan cita para otra, o intercambian información sobre la actualidad
ajedrecística.
En el caso de
David, su contrincante fantasma contestaba escuetamente. Apenas cosas como:
"OK, otra partida" y nada más. Sin embargo, ese mismo jugador sin
rostro, cuando ganaba, se tomaba el trabajo de elaborar y enviarle distintas
opciones de la partida completa, saliendo de una jugada determinada, según las
cuales David hubiese resultado ganador, de hacer las movidas correctas. A esto,
el silencioso contrincante, agregaba el envío de nuevos programas en versiones
comprimidas, trucos, antecedentes que registraban sus partidas y otro tipo de
material que daba cuenta de un auténtico experto.
El gesto era toda
una cortesía, pero implicaba, además, una tarea previa verdaderamente compleja
que exige, por otra parte, un concienzudo conocimiento del software adecuado.
Así pasó el
tiempo, y siguieron los combates en el éter virtual hasta que un viernes de enero
de 2000, David se encontró, en una revista especializada con lo increíble: la
dirección mail del jugador sin voz, con quien había mantenido cantidad de
partidas y de quien había recibido lecciones avanzadas sobre el manejo de su
computadora, así como valioso material para distintas aplicaciones
ajedrecísticas, pertenecía a Maiuko Ikkei, una niña japonesa de siete años. La
pequeña especialista había sido entrevistada como un ejemplo de lo accesible
que puede ser el uso de ciertos programas. Pero lo cierto es que ella no sólo
manejaba bien esos programas en cuestión. Poseía un excelente nivel de juego y
se había dedicado a desarrollar por su cuenta soluciones informáticas que
sorprendieron a los propios programadores, jugadores y lectores de la revista,
según el debate que se instaló en los foros de jugadores a partir de aquel
artículo.
El contacto con el
ajedrez, siendo aún muy pequeña, había llevado a Maiuko a desplegar, a partir
de esa lógica y esas mismas necesidades específicas, otras herramientas
informáticas que le revelaron una vocación investigativa en torno a las
múltiples posibilidades que puede ofrecer una computadora personal.
Supe de esta
historia chateando con David, cuando buscaba información sobre niños con
características especiales. Nunca pude tomar contacto con Maiuko, pues la
dirección había sido aparentemente saturada de mensajes y ya no funcionaba. No
supe, por tanto, si se trataba o no, de una niña índigo, pero tuve la impresión
de que, a la luz de las estadísticas, los niños -mayoría absoluta en la red-
que se revelan anónimamente mediante conocimientos puros, sin mediar diálogo,
voces ni imágenes, están esparcidos por el éter virtual y habrán de darnos, en
los próximos tiempos, más de una sorpresa; ya sea para enseñarnos o para
sonsacarnos, desde su "no edad" el diálogo a un mismo nivel, el juego
justo, sin trampas ni ventajas. Ese que a veces, por ser ellos niños, les
negamos.
Al margen de tomar
contacto con este episodio, donde se refleja lo mucho que puede suceder en el ciberespacio,
mi búsqueda en Internet no resultó tan fructífera en lo que hace a encontrar
vivencias u opiniones personales narradas por los propios niños índigo.
Encontré, sí, muchos testimonios firmados por adultos índigo.
Se repiten ciertos
nombres cuyos textos están en casi todas las páginas vinculadas. Uno de ellos
es el de José Manuel Piedrafita Moreno, quien publicó en septiembre de 2001
Educar en la Nueva Vibración: una suerte de manual para padres de niños índigo.
En la propia solapa del volumen, este autor español asegura: "se llaman
índigo los niños que no se parecen a los demás en su manera de
comportarse".
Propone, a partir
de allí, repensar actitudes y concepciones por parte de padres y educadores:
"Para poder ofrecerles un
ambiente donde desarrollar todas sus posibilidades. Nuestras estructuras
sociales, educativas y mentales no están preparadas aún para acogerlos y
comprenderlos. Este manual -sostiene el autor- os presenta quienes son, os
ayuda a detectar si vuestro niño es índigo y os acompaña en cada momento de la
vida que compartís con él, para establecer un modo de vida armonioso,
equilibrado, facilitando la afloración de sus dones."
Piedrafita
Moreno es, junto con María Dolores Paoli,
uno de los fundadores de la página de Internet wwwgeocities.com/elclubdelosninosindigo.
Entre los textos surgidos de estos sites,
pueden bajarse descripciones psicofísicas, donde se repiten los rasgos y
atributos presentados en los artículos periodísticos.
Las
páginas de bienvenida invitan a los potenciales niños índigo
a incorporarse con sus testimonios, citándolos a participar en las conferencias
que dictan los fundadores de los sitios. Existen también páginas en alemán,
inglés y español con nombres similares.
Uno de los sitios
que encuentro en el panorama virtual se distingue de otros al ofrecer -valga el
juego de palabras- una ubicación tangible y real, a la cual los interesados en
compartir experiencias y realizar consultas pueden recurrir, al margen de la
Internet.
La sede
institucional de este sitio existe en Ecuador, y su página de presentación (http://conates.tripod.com.ve/ninos_indigo/id25.html)
comunica lo siguiente:
La
Fundación INDIGO es una institución sin fines de lucro, de apoyo a la niñez y
la juventud, inscripta en el Ministerio de Bienestar Social. Somos conscientes
de la necesidad de emprender acciones para la niñez y la juventud del país y
más específicamente para niños y jóvenes índigo y sus padres. La Fundación
esta desarrollando y ofreciendo una serie de acciones enmarcadas en:
-
investigar e informar;
-
reunir niños y jóvenes índigo y apoyarlos;
-
reunir y apoyar a los padres de familia y educadores;
-
conformar una red interactiva de apoyo e intercambio a nivel local, nacional e
internacional;
-
desarrollar materiales impresos y audio-visuales de difusión.
¿Quiénes
somos?: Somos un equipo de madres de familia, educadores y profesionales.
Estamos convencidos de que si los niños y jóvenes son atendidos, entendidos y
apoyados -ahora- de manera correcta y cariñosa, en sus aspiraciones, ética,
sueños, habilidades, talentos, visiones, podrán llevar a cabo con más
facilidad sus misiones de conformar el mundo del mañana, un mundo justo, equilibrado
e íntegro.
Nuestra
misión: Ofrecer a los niños y jóvenes apoyo, espacios, encuentros, sistemas
alternativos y herramientas necesarios para su desarrollo personal, bienestar y
comprensión.
¿Qué
nos distingue?: La Fundación INDIGO da la bienvenida a todos los niños y jóvenes
sin distinción de raza, sexo, idioma, religión, opinión, política, posición
económica.
-
Ofrecemos un nuevo enfoque hacia la generación que está llegando.
-
Prestamos un servicio que escucha y responde a los requerimientos de los niños
y jóvenes.
-Contamos
con un equipo de profesionales especializados y un acercamiento holístico.
-
Co-construimos soluciones prácticas.
-
Nos apoyamos en una profunda formación ética y de valores.
¿Dónde
ubicarnos?:
Sede
Quito-ECUADOR: Tamayo N23-44 (632) y Veintimilla, Oficina 2°
Tel.:
(593-2) 2 525-478, 2 525-498, 2 500-970, 09 9 722-523 Fax: (593-2) 2 509 509
Surge de la
búsqueda, según compruebo a medida que avanzo en mi investigación, una curiosidad:
la gran mayoría de aquellos que han tomado contacto con el tema, acaban
sospechándose adultos índigo (ex niños índigo) o bien padres de un niño que
reúne esos caracteres.
La sensación de
verse reflejado -a sí mismo o a sus hijos- en las descripciones, parece ser
habitual en los lectores que llegan a esta información. Según surge más
adelante, incluso los escritores, docentes y ensayistas que participan del
mercado editorial y virtual de la web encabezan su testimonio asumiéndose
"adultos índigo".
Hay factores
señalados en la Indiguez que, podría decirse, abarcan a todos los niños de la
humanidad. Sin embargo, otros aspectos más específicos, recortan y delimitan
la caracterología con bastante precisión, en particular el relativo a un ADN
"mejorado". Dedico más adelante un capítulo completo a este tema,
cuyo tratamiento merece la palabra de especialistas.
Una consecuencia
que acompaña al fenómeno índigo, y que la red virtual difunde a su manera, es
el cambio de enfoque por parte del adulto. Se pone así de manifiesto la
posibilidad de un cambio en relación con nuestra mirada sobre los niños, al
mismo tiempo que cambia el paradigma educativo y pedagógico, permitiendo que
nuevas características de la raza humana comiencen a aflorar.
"Los niños de
hoy" según dan cuenta los testimonios sumados en mediciones y encuestas,
son mentalmente más flexibles, intuitivos, perceptivos y, por cierto, más
desconcertantes para sus mayores.
Quizás, hilando
fino, encontremos que la mirada de niños y adultos no cambia en forma aislada,
unilateral. Resulta lógico pensar que las perspectivas y accesos entre
generaciones se modifiquen mutuamente, produciendo una suerte de simbiosis
cultural. En este caso particular, da la impresión de asistir a un momento en
el cual la humanidad toda estuviera preparando un nuevo giro, tomando posición
como un feto en el vientre materno, o rotando, a punto de parirse a sí misma.
Con piernas, brazos, mentes y corazones abiertos a algo nuevo cuya gestación
depende de padres e hijos por igual, aunque estos últimos sean los
"mensajeros" del cambio.
CAPÍTULO 2
FLAVIO Y SU MADRE CUENTAN SU EXPERIENCIA
ENCUENTRO
CON UN NIÑO ESPECIAL
Nuevos niños están naciendo. Son humanos
diferentes, aunque no lo parezcan. Yo soy uno de ellos, uno de los primeros. La
humanidad está cambiando. La conexión con lo espiritual está más abierta. Todos
los niños pueden ahora mantenerse unidos a su esencia.
-FLAVIO, ocho años
Entrevisté a Flavio Cabobianco en abril de
1992, acompañado por sus padres, en la casa familiar. Por entonces él ya tenía
once años de edad y acababa de publicar Vengo del Sol, un volumen compuesto por
reflexiones planteadas desde los cuatro, valiéndose de una nitidez gramatical
y metafórica exquisita. En la fertilidad de sus ideas, en su formulación y
desarrollo, el libro impactó a la opinión pública internacional, fue varias
veces reeditado, traducido y citado en distintos medios gráficos. Vengo del Sol
incluye dibujos, esquemas explicativos y relatos personales. Entre sus páginas,
que vuelvo a recorrer, encuentro:
"Hay
palabras que sólo existen en este planeta tan físico, como la palabra nada y
la palabra muerte. La palabra `nada´ sola, no puede existir; puede existir nada
de algo pero nada de nada no tiene sentido porque siempre existe Dios. Nunca
algo de Dios puede rendirse o no existir. Es imposible la nada y también nada
es imposible.
Algunas
personas creen que con la muerte se acaba todo. Es cierto que cuando el humano
se muere se acaba el cuerpo físico, pero no se muere todo el humano, el alma se
va con Dios. Se puede tener un poco de miedo porque es un cambio muy grande
dejar de ser físico, pero es como terminar la escuela, y después seguir
aprendiendo, ir a otro nivel, o ir a una escuela diferente.
O
sea, la muerte, como final de la vida, no existe; la vida sigue, de otra
manera, seguimos siendo parte de la vida que viene de Dios y que vuelve a
Dios".
La impronta de una
energía omnipresente y creadora es constante en los textos de Flavio y en los
diálogos que mantiene con su hermano Marcos, apenas tres años mayor, quien
también aportó su participación en el libro. Ambos se definen
"complementarios" y dejan huellas de esa complementariedad en
conversaciones como las siguientes, registradas por sus padres, e incluidas en
el volumen:
"Marcos.
-Hay muchas clases de vida. Todo tiene vida, porque todo es naturaleza, y la
naturaleza está llena de vida. Hasta la niebla es algo que vive, tiene algo
que hacer. Aunque descienda de las nubes, siempre va a descender de Dios. Todo
viene de Dios.
El
automóvil, por ejemplo, está hecho de productos químicos, y esos productos
químicos los sacaron de fósiles antiguos, sepultados bajo la Tierra por
millones de años. El hombre no crea nada, sólo mezcla, todo es una mezcla de
cosas sacadas de la naturaleza. Algunas mezclas son malas y peligrosas, son
para la guerra; otras son buenas, para hacer cosas buenas.
Flavio
(entusiasmado). -¡Claro! Dios creó todas las cosas, todas las cosas son
partecitas de Dios, hasta un fantasma... Las casas, los autos, la ropa... Todo
sale de Dios.
Marcos
(con fastidio). -¡No seas tonto! ¡Te estoy diciendo que esas cosas las hace el
hombre, salen de las mezclas que hace el hombre con las cosas de la naturaleza!
¡Cómo vas a decir que una casa, un auto, una ropa, las hace Dios!
Flavio
(gritando). -¡Dios hizo la forma del ser humano y también hizo la forma de
todas las cosas que existen! ¡Dios hizo las ideas de las cosas, y sin ideas no
hay cosas!"
La mayéutica de estos dos jovencísimos
hermanitos (testimonios tomados entre los tres y diez años de edad) va
extendiendo así sus redes a temas diversos e hipotéticamente
"complejos". En sus charlas surgen tópicos que la escolástica
institucionalizada ha tardado varios siglos en consolidar y, sin embargo, desde
la óptica de ciertos niños, pueden atravesarse con una mayor libertad
intuitiva, como si el saber de ambos -e incluso mutuamente potenciado- les
permitiera "ir directo al grano". La lógica binaria, por ejemplo,
tampoco escapa a estos "debates" entre hermanos:
"Flavio.
-¿Sabes? Ya puedo contar hasta cien. ¿Hasta qué número se puede contar?
Marcos. -Se puede contar hasta el
infinito. Siempre puedes seguir contando, pero no te alcanza la vida para llegar
al final de los números...
Flavio.
-¿Qué números son muy grandes?
Marcos.
-Bueno, existen los millones, los billones, los trillones... Los trillones
tienen un montón de ceros, ni me acuerdo cuántos.
Flavio.
-¡Algunas calculaciones son terribles!
Marcos.
-No se dice "calculaciones"; se dice cálculos. Ya te van a enseñar a
calcular. En la escuela aprendes a sumar y restar. Pero parece que los números
verdaderamente importantes son el cero y el uno. De allí salen todos los
números.
Flavio.
-Claro. El uno es la vida. El cero es la nada. El cero es ningún número, es el
infinito de los números. Y todo, el cero y el uno, lo lleno y lo vacío, es
Dios."
EL FILÓSOFO DE SEIS AÑOS
Flavio no alude al
fenómeno índigo con esa denominación. Pero lo encarna en plenitud. Hay
coincidencias que justifican recorrerlo a través de su obra, más allá del
atractivo que ésta tiene en sí misma, incluso al margen de una investigación.
Su actitud
narrativa, sus convicciones, la manera de exponer sus descubrimientos concuerda
notablemente con la idea de que los niños índigo funcionan con la unidad,
entreviendo la interconexión universal, rechazando la polaridad, la
separación.
Los planteos de
Flavio en Vengo del Sol remiten a saberes pocas veces -al menos públicamente-
conjugados por un niño.
El sincretismo de
la filosofía Zen, la lógica de clásicos y presocráticos, sabidurías puras y
sin artificios se sintetizan y conviven en los comentarios que sus padres
registran, por ejemplo, cuando Flavio tenía seis años:
"Entre muchos destinos se forma
el único destino. El destino de la humanidad.
Todo
lo que está dentro del tiempo empieza y termina. Dios no tiene tiempo, está
fuera del tiempo."
Los niños índigo
vienen a romper viejos esquemas y dogmas basados en falacias, temores y
distorsiones de la realidad que ellos perciben
dentro de un todo.
Por eso, explican los especialistas, no operan con la energía del temor, propia
de la densidad y separación de la tercera dimensión. Y por ello, también,
confrontan con los adultos desde sus primeras palabras.
Quienes ven en
ellos filósofos de nacimiento y emisarios de sabiduría no tienen
inconvenientes en dialogar procurando aprender algo nuevo.
Conversación de
Flavio con sus padres (también, a los seis años):
"Papá.
-¿Qué tal, cómo te va en la escuela?
Flavio.
-¡Bien, bien! ¡Me gusta ir a la escuela! Ya soy un poco mayor en la Tierra, y
tengo que aprender a vivir aquí. En la escuela practico vivir en sociedad. Allí
no estoy protegido por ustedes.
Mamá.
-Pero, ¿tienes algún problema? ¿Cómo te sientes con la maestra, con tus
compañeros?
Flavio.
-Me siento bien cuando no hay peleas. No me gusta pelear, pero a veces tengo
que defenderme. Me llevo muy bien con Alejandro, que desde hace mucho es mi
mejor amigo. Pero ahora tengo más amigos, porque ya tengo más control sobre mi
imán del amor y puedo atraer a más niños. Papá. -¿Qué es el imán del amor?
Flavio.
-Todos tenemos dentro el imán del amor y el imán del odio. El imán del amor
atrae a todo lo que tiene amor. Si lo sabemos controlar, el amor rodea al odio
como una cápsula. El amor es ordenado, como el conjunto de letras y palabras
que forman un libro. El odio está todo amontonado, es un lío, está todo
mezclado. Una persona es mala cuando se le abre la cápsula del odio, entonces
atrae a gente mala y le pasan cosas malas. Por esa atracción del imán del odio,
se maltratan, se pelean, tienen esa manera desordenada de quererse.
El
amor, en cambio, te da una forma de entender las cosas, que no es con la
mente, es con el corazón. Entonces atraes a gente que también usa el imán del
amor. A mí me ayudó a venir el amor de ustedes.
Papá.
-¿Cómo fue eso?
Flavio.
-El amor es un canal con la estrella. Los padres de ustedes se tenían bastante
amor, y mamá y vos crecieron con amor. El imán de cada uno atrajo al otro, y
juntos hicieron un imán muy fuerte. Eso lo vimos como una luz que nos llamó a
Marcos y a mí.
Mamá.
-¡Pero Marcos es bastante peleador!
Flavio.
-Marcos es muy distinto a mí, sabe usar mejor su cuerpo y su mente. Él también
tiene mucho amor, pero vino a experimentar el color rojo, la fuerza en el amor.
La fuerza que él tiene me ayudó a abrirme camino (riendo), claro, no me gusta
cuando usa su fuerza contra mí."
Miro otra vez la foto del artículo:
"ojos grandes, lóbulo frontal prominente, cuerpo pequeño". En cuanto
a la fisonomía, la imagen de Flavio coincide a la perfección con el modelo
índigo. Pero aun así, esto no parece lo verdaderamente importante. Mientras
recuerdo el encuentro, me vienen a la memoria otros niveles más profundos de
interés que, retrospectivamente, se tiñen de aspectos vinculados con esta
investigación. Todo Flavio exudaba cierta levedad, cierta "aura"
protectora respecto del denso mundo en que trascurríamos durante el reportaje.
Llevaba la conversación "planeando", por encima de mis repreguntas,
hacia territorios insólitos, aparentemente débiles para un material periodístico
"fuerte" como el que se me había encargado entonces.
"En un nivel muy sutil -me decía,
según releo en el recorte que conservé- todos amamos. En un nivel un poco más
denso, amamos a ciertas personas. Y en uno más denso todavía, amamos a las
personas con las que convivimos, como amamos a nuestros padres o como se ama
una pareja. Allí es donde el odio es más factible."
Me decía, como al
pasar, esas cosas que uno tiende a no escuchar, pero que se revelan al
desgrabarlas. O al leerlas por segunda vez, diez años después, como en este
caso.
A lo largo de la
entrevista, Flavio fluctuaba: iba alternativamente de la distracción al
entusiasmo. Por momentos se lo veía cansado, aburrido, y entonces mordisqueaba
un limón que tenía entre las manos, cuando no las movía incansablemente.
En el libro,
cuando habla de su origen, el entonces pequeño Cabobianco adhiere a una idea
universal y continua de cada vida, como la suya, encarnada en forma
circunstancial en lo humano-terrenal. La espiritualidad, la trascendencia, la
reencarnación, confluyen cíclicamente en su discurso:
"Tengo más recuerdos de antes de
nacer que de mis primeros tres años de vida. Antes de nacer veo todo, tengo todas
las perspectivas, mi vista no tiene límites, porque no tengo ojos físicos. Por
primera vez estoy cerca de un planeta tan denso. Me fui preparando, pasando
por otros planetas donde podía ensayar lo físico. Era como aprender a escribir
en el aire, sin usar el lápiz. Pero esto es muy distinto, muy raro; voy a
tener un cuerpo material. Traigo algunos datos básicos para poder estar acá:
'sí y no', `tiempo y espacio'. Este es un mundo de opuestos".
Otra vez, Flavio
me remite a las primeras descripciones obtenidas durante esta investigación:
"Los niños índigo vienen con un sentido de realeza, de presencia y
propósito; no tienen residuos kármicos, pues son almas evolucionadas. Son
autores y no seguidores y se sienten solos cuando no están junto a otros como
ellos".
La relectura de
Vengo del Sol y nuestra entrevista de 1992, me impulsan a retomar contacto con
Flavio. Llamo por teléfono a Alba, su madre, quien acepta un encuentro.
Llego a la misma
casa que visité hace una década. Flavio pasa por la sala y se incorpora unos
minutos a la charla. Hoy tiene veintiún años de edad, además de una barba
tupida. Enseña computación, dedica parte de su tiempo a la música, y se ha
llamado a un "exilio mediático".
En lo personal,
celebro el hecho de que aquel artículo que nos conectó hace una década, venga
hoy a tener un rol importante en estas páginas y haya provocado un nuevo
encuentro. Sin embargo, y pesar de haber conversado con él más de una hora
sobre el fenómeno índigo, la presencia de nuevos niños, e incluso derivarnos en
otros temas (que por su riqueza justificarían un libro aparte) respeto su
voluntad de no exponerse públicamente.
Me remito, en
cambio, a su mensaje más actual, extractado de la última edición de Vengo del
sol en castellano, donde con diecinueve años de edad, el autor expone una
retrospectiva adulta (en el prólogo titulado "Ocho años después") que
bien podría conjugar la de muchos ex niños índigo. Allí, un Flavio ocho años
mayor, con mucho de poeta, nos dice lo siguiente:
"Escribir
implica regalar. Flavito era una persona muy generosa. Dicen que lo vieron
jugando con un zorro resfriado. Yo no soy él, salvo cuando `la distancia de las
estrellas se posa en la magia de su brillo', como dijo una muy querida niña-amiga.
Creo que el mundo está para que aprendamos. En eso estoy. No puedo darles lo
que les dio y les dará, tal vez, Flavito, pero, en cambio, voy a contarles algo
sobre mí.
Prologar
mi nuevo libro, a seis años de su lanzamiento, un parto en el que fui, al mismo
tiempo, madre primeriza y newborn-baby, es una tarea difícil para mí. Un amigo
canadiense me dijo una vez en Villa Viena que era bullshit que un escritor de
un solo libro no sea escritor. Escritor o no, Flavito `el niño' ha escrito este
libro de una manera muy particular. Me han pedido a mí, heredero de lo que tenía,
aunque no de lo que era (mi legado es sus pasiones) que cuente las intimidades
de aquél o que, al menos, dé nombre y apellido de los otros que le siguieron,
que diga dónde están y que ha sido de sus vidas.
Flavito
era una gran filósofo, creo hoy en una mirada retrospectiva. Cuando tuve en
mis manos por primera vez Ich komm ´aus der Sonne, la versión alemana de mi
libro, pude verme desde afuera y me impactó lo que creo como esencial en la
filosofía `flavítica': `Alle sind wir Teile Lotees' (`Todos somos partecitas
salidas de Dios') Los `humanos' se empecinan en confundir las cosas. Muchos
piensan que hay continuidad entre los diferentes devenires de un ser,
convencidos de que un devenir sigue al otro. La consecuencia es una mentira,
creo que los cuánticos estarían de acuerdo. El presente y el futuro nos
atraviesan y plasman un pasado que siempre cambia. Nosotros montamos alguna de
estas líneas que apuntan siempre como la flecha del destino y así llegamos a
algún pueblo. Miramos el pueblo, donde tantos otros han llegado con sus
caballos-destino, nos enredamos con ellos, tiramos de sus líneas para que ellos
o ellas tiren de las nuestras. Así amamos y miramos el pueblo, y el pueblo es
nuestro porque aprendimos.
Tengo
varias críticas con respecto al libro. Insisto en que escribir es regalar,
aunque las palabras nos son prestadas. Su autor era una persona bastante más
definida y segura de sí misma que el que yo soy ahora. Flavito brindó lo más
auténtico de sí en esta obra. Hoy no diría Dios, intentaría algo más poético.
Muchos me han agradecido por el libro, siento que deberían hablar con su autor,
lástima que se fue de vacaciones. Estoy seguro de que volverá, pues siempre
viene a visitarme. Soy él en algunos sueños o cuando estoy con alguna alma que
se le parece, así Flavito dice ,este es mi turno'.
Nunca
podré escribir un final tan trágico y feliz como el del Principito. Flavito
estaba vivo y no era ningún Principito. Ambos habían caído de una estrella. Un
día se encontraron en el Sahara y se pusieron a tocar el bajo porque el zorro
estaba resfriado y le dolía la cabeza. Otros dicen que eran parientes y la
cuestión aquí meramente es: ¿tiene ADN el Principito? Creo que Flavito tenía
simplemente por el Principito aquel respeto natural que se tiene por las
figuras míticas que uno no termina de conocer.
También hubo omisiones. Flavito se
peleaba con su hermanito a menudo. El capítulo de la sangre mala y la sangre
buena concluyó dirimiéndose en el plano físico. Marcos ataca a su hermano.
Flavito se hacía pis en la cama hasta los ocho años y comía helado de frutilla.
Creo que más de la mitad de las cosas que dijimos Marcos y yo cuando pequeños
no están incluidas en este libro. Muchos diálogos los manteníamos, en nuestra
temprana infancia, sin estar presentes nuestros padres. A veces no tomaban
notas, y las servilletas saben perderse. Todos los niños sensibles tendrían un
bunch de cosas interesantes que decir, y sin embargo, no afectaría esto su
vida.
Antes de decidir publicar el
libro, mi vida era la que podía tener cualquier chico. Me la pasaba jugando la
mayor parte del tiempo con mi hermano: playmóbiles, cuentojuegos, dibujiles.
Cuando conté que iba a publicar un libro, en mi escuela todos lo recibieron muy
bien. Un amiguito se me acercó y me dijo que él había pensado que había muchas
Tierras, y así, sucesivamente. Los chicos tienen para decirnos.
Joseph Chilton Pearce, en Evolution´s End, habla
sobre la importancia de una Paideia diferente. Cuenta de un niño (Jackes
Lusseyran, escritor, filósofo y profesor) que a los ocho años se queda ciego, y
sus padres le informan que ha entrado a un nuevo mundo y que debe mantenerlos
al tanto. Así el niño, hoy artista y escritor, que en un principio estaba
asustado de la oscuridad y se golpeaba contra todo objeto, descubre, luego, la
naturaleza de la luz que sale de adentro. Después empieza a ver los colores y,
por último, las formas. Así ve el niño ciego sin necesidad de percibir `un
nuevo mundo'. Fui a visitar a Pearce en su casa de Virginia. Lo encontré
profundamente amoroso.
Flavio, Flavito y todos
aquellos de los que querrán, tal vez, saber paradero, son partes de un todo, un
yo, que es, a su vez, parte de otro todo, un almín, diría Flavito, y luego un
almán y luego infinitos todos que tienden a Dios, como una parábola que tiende
al infinito o puesta en abismo que tiende a cero. Te caíste."
ALBA, DESPUÉS DE UNA DÉCADA
La madre de Flavio
conserva las virtudes de cuando la conocí. Persiste abierta, informada,
interesada en lo espiritual, curiosa y observadora. Pero descarta una permeabilidad
indiscriminada que advierte como parte de una generación a la que pertenece.
Insiste en recortarse de las "ideas hippies de los años sesenta" y
delimitar sus convicciones a campos específicos que surgieron y maduraron a
partir de su propia historia.
"Apenas
nacido Flavio yo tenía ante él una sensación de extrañamiento, como si no fuera
humano. Debo decir que era horrible, porque lo quería mucho y lo sentía muy profundamente
mi hijo, pero había en sus ojos, algo insondable, como si él al mirarme
supiera todo. Reconozco que me asustaba. Esto duró aproximadamente durante los
primeros dos meses. Fue muy fuerte, y a su vez me llevó a profundizar en temas
nuevos, particularmente en lo esotérico. Cuando Flavio empezó a expresar cosas
que tenían que ver con una percepción holística del universo, comencé a ver
que, efectivamente había una trasmutación energética, y esa trasmutación se
revelaba en un modo de ser y estar en el mundo de otra manera; con una conexión
directa al alma de la especie.
Más
allá de la presencia de auras o colores, lo evidente e importante es que hay
una proporción creciente de niños con características diferentes. Ellos vienen
con un denominador común: prescinden de la dependencia externa en el tema de la
seguridad, en lo que hace a su 'valer esencial'. Poseen una profunda sabiduría
y convicción respecto a lo importante que es el `ser' sobre el `tener'. Pero
conjugan esto con una delicada hipersensibilidad, lo cual no es fácil de
llevar.
Yo
preferiría definir a estos nuevos niños como personas `abiertas'. Flavio lo
explica claramente en su libro, cuando habla de seres `abiertos' y `cerrados' a
lo sutil, a lo más denso y material.
Es
como si tuvieran un radar plenamente dispuesto a todas las señales. Cuando los
chicos tienen la posibilidad de expresar esa apertura, revelan una gran
creatividad, no necesariamente artística; puede ser intelectual, o incluso
social.
Ellos
traen de vuelta algo que el ser humano había perdido: la conciencia de que
somos parte de un todo, y dañar nuestro entorno equivale a dañar el propio
cuerpo. Son incapaces de herir a un semejante porque sería como agredirse a
sí mismos; su visión de la existencia es de unidad con el todo."
-A nivel familiar
y personal, visto a la distancia, ¿diría que la exposición pública de Flavio
fue finalmente un beneficio o una carga?
"Su padre y yo intuimos que si él
no encontraba una vía de expresión, como de hecho fue Vengo del Sol, se nos
iría; se nos iría de la vida. Teníamos la convicción de que si no expresaba lo
que sentía y sabía, le costaría infinitamente vivir. En este sentido nos
arriesgamos mucho. Frente a los medios, pero incluso profesionalmente, ya que
esto no era del todo bien visto en nuestro ámbito, el psicoanálisis
tradicional. Flavio se `encarnó' físicamente en la Tierra a través de su acto
creativo. Terminó de afianzarse gracias a eso; nunca nos arrepentimos de
haberlo ayudado a hacerlo."
-¿Qué compartiría de su rica experiencia
-profesional y humana- con otros padres?
"Junto
a los fenómenos de apertura, existe lo que yo llamo una `dictadura de los
niños' potencialmente dañina para todos. No hay que confundirse con esto. Yo
rescataría lo siguiente: respaldar, limitar, educar a nuestros hijos, pero sin
obturar la diferencia. Esto vale para cualquier niño. Gilles Deleuze, el
filósofo francés, habla de lo anómalo en términos de lo que `se sale de la
serie' porque produce un efecto de cambio. No porque sea `anormal', atípico
ni divergente, ni tampoco porque tenga en potencia o en defecto `algo' sino,
sencilla, o complejamente, porque es diferente.
Los
niños que están trayendo un cambio -que ya se está produciendo en la especie-
son muy sensibles a lo que pasa en el entorno familiar, en el entorno social y,
extensivamente, a la circunstancia universal que atraviesan.
Si
ante esas posibilidades, reciben una apertura que les permita canalizar sus
dones en forma expresiva, pueden, además, darnos cosas muy positivas. Si en
cambio, se les obtura esa alternativa, es posible que se enfermen, e incluso
que se separen de la vida."
CAPÍTULO 3
LOS ESPECIALISTAS SE PREGUNTAN SI SE
TRATA DE NIÑOS DISTINTOS
NIÑOS
ESTELARES
Que el mundo, o que los pensamientos o que
las vidas terminen en alguna parte es muy difícil de entender. Para mí, lo
normal, desde chiquito, fue que todo existe siempre. No se me ocurría que fuera
de otra manera. Cuando escuché por primera vez a una maestra de mi escuela
diciendo que los únicos que existíamos y pensábamos éramos los que vivíamos en
este planeta me sentí raro, solo, porque a todos mis compañeros les parecía
normal. Pero después no me importó, porque sabía que estaba acompañado por
otros, desde lugares que no terminan nunca, con pensamientos que no terminan
nunca... no se puede estar solo, a menos que uno se lo invente, y sería mentira.
-DAMIÁN, diez años
Georg
Kühlewind, húngaro de nacimiento, profesor
universitario de Física y Química, autor de más de catorce libros sobre
diversos temas relacionados con lo espiritual, escribió recientemente un
artículo -publicado por el semanario Das Goetheanum el 11 de marzo de 2001 en
Dornach, Suiza- que lleva por título "Los niños estelares y los niños
difíciles".
Este autor europeo
elige diferenciarse del término índigo -acuñado en los Estados Unidos- por
considerarlo restrictivo. Prefiere, en cambio, llamarlos niños estelares, o
especiales, aunque los aspectos que determina en sus estudios no varían
sustancialmente respecto de los niños índigo, ni aluden a una relación
específica con las estrellas. Su enfoque tiende, sí, a un abordaje de lo
cósmico, de lo universal, de la vida más allá de lo terrenal, pero también de
la evolución espiritual, aquí en la Tierra.
En su artículo,
destaca a los niños índigo (o estelares) como seres confrontadores, que creen
en la determinación de hacer las cosas por sí mismos, que poseen poca
tolerancia a la deshonestidad, y un gran sentido de integridad basado en el
amor y la compasión.
Kühlewind, sin
embargo, encuentra un punto de equilibrio entre lo puramente cientificista y la
apelación neta a la espiritualidad. En el preámbulo de su ensayo, tiene una
mirada novedosa sobre la niñez. Afirma que el niño pequeño siempre ha sido un
extraño entre los adultos, dado que proviene de un mundo en el cual el existir
es a la vez un comunicarse. Habla de una comunicación sin señales.
"Una comunicación directa de
seres cuya esencia es pura significación: tal como ocurre con los espíritus
humanos en el estado prenatal. Así como las `significaciones' de signos
perceptibles para los sentidos no son de naturaleza física -agrega- tampoco lo
son los seres que pueden entender o crear significaciones. El adulto, en
cambio, vive en un mundo de signos físicos, y en su mayoría los toma por
realidades, sin reconocer su significación; es más, ni siquiera vislumbra que
los propios signos son `signos de significaciones', es decir, la visión del
mundo acorde con la ciencia natural."
En ciertos tramos,
este físico e investigador, algo distanciado del psicoanálisis tradicional, de
la filosofía clásica, de la lógica pura, parece rozar todas las disciplinas de
las Ciencias Sociales. En sus reflexiones, sin embargo, hay puntos de contacto
con ideas freudianas, aquellas que si bien no apelan al elemento espiritual,
también se ocupan de un tema que desvela a este físico-químico, lector
entusiasta de Goethe: " la constitución del `Yo' del niño".
En relación con la
instancia pedagógica, Kühlewind afirma:
"La educación del niño consistió,
y por lo general sigue consistiendo, en adaptarlo con la mayor brevedad a este
mundo de signos y significados, tomándose el aspecto del significado, en la
mayoría de los casos, de manera nominal. En el pasado esto fue más o menos
exitoso, dado que en la educación todavía desempeñaban un papel los remanentes
llenos de sabiduría que provenían de tradiciones anteriores más espirituales.
Pero desde hace algunas décadas la situación ha cambiado dramáticamente: el
abismo entre el niño y el mundo de los adultos se profundiza y se agranda con
creciente rapidez. Por un lado nacen cada vez más niños con predisposición
espiritual. Por el otro, el mundo de los adultos se aleja compulsivamente de
ello: este mundo está compenetrado con una mentalidad y un modo de vivir puramente
materialista."
¿Estamos realmente hablando de niños
distintos y nuevos?, parecen sugerir estos párrafos. ¿No será que la especie
humana se ha vuelto muy distinta de sí misma y los niños de hoy nos lo hacen
notar? ¿No será que éste es ya un mundo viejo y en ese contexto la
reivindicación evolutiva que nos plantea "algo nuevo" nos parece insólita
y anormal? El autor, sin embargo, no se refiere a todos los niños. Es selectivo
y apunta diferencias:
"Hace
veinte años, aproximadamente (pudiéndose observar precursores ya mucho antes)
nacen cada vez más niños que son distintos. Es decir, distintos a lo que los
padres y pedagogos están acostumbrados. Hasta el momento estos niños fueron
considerados y tratados como casos especiales aislados, como raras
desviaciones de lo normal. Hoy en día, debido a su creciente número, se ve
claramente que no se trata de casos aislados sino que una nueva generación de
almas llega a la Tierra: son niños que traen consigo una gran madurez, que
están descontentos con el actual mundo de los adultos y que vienen a nuestro
planeta con un poderoso impulso espiritual. Actualmente ya no es posible
cerrar los ojos ante este acontecer."
En la biografía de
Georg Kühlewind, encuentro que su vida y su profesión dan un vuelco
fundamental en los años sesenta, a partir de la lectura de La Filosofía de la
Libertad de Rudolf Steiner. Surge así un nuevo término y un campo de
investigación aplicable a los niños índigo: la Antroposofia.
Precursor de esta disciplina filosófica y
terapéutica, Steiner concibe el pensamiento científico aplicado a la evolución
humana; incluye el factor espiritual y crea la "Pedagogía Waldorf" un
método educativo cuya cosmovisión del hombre deriva en la educación del
espacio interior de los niños. He aquí algunas opiniones al respecto:
"Las implicaciones de las
observaciones de Gesell y Steiner son claras para los educadores. Forzar el
aprendizaje antes de que los niños estén biológicamente preparados, es
colocarlos en situación de fracaso... Surgiendo, de la forma en que lo hizo,
de las observaciones cuidadosas del infante, no es de extrañar de que la
educación Waldorf llegara a la misma conclusión (que el Instituto Gesell), y
aplique los mismo principios para el desarrollo del currículo para la educación
de los niños."
-Sidney MacDonald Baker, M. D.
Doctor en Medicina. Director Ejecutivo,
Instituto Gesell de Desarrollo Humano
New Haven, Connecticut
"Como científico involucrado en
investigar la física de la percepción, estoy impresionado tanto por el
contenido de este currículo, que incluye actividades de aprendizaje con el
'hemisferio-derecho' para complementar el lado analítico, o
'hemisferio-izquierdo', y por el estilo del currículo que promueve un
compromiso directo de creatividad y atención al detalle. Este método integral,
profundo y bien fundamentado, es lo que se necesita para hacer frente a los
desafíos de una era tecnológica, dinámica y estresante."
-Harold Puthoff, Doctor en
Filosofía.
Investigador norteamericano en temas
paranormales
"Steiner
estaba muy adelantado a su tiempo. Lo que observó sobre la enseñanza en la
primer parte del siglo veinte, se está confirmando gradualmente con nuevos
descubrimientos en la investigación del cerebro. La necesidad que tiene cada
individuo de rehacer su propia significación, las relaciones cuerpo/mente, y
la participación de las emociones, juegan un papel critico en el aprendizaje
efectivo. La educación Waldorf, por ejemplo, ha estado trabajando con estos
principios por más de sesenta años y recién ahora está siendo reconocida. Ha
estado poniendo en práctica aquello que los más destacados investigadores y
educadores del cerebro están descubriendo sobre el cerebro/mente del ser
humano. Lo que Rudolf Steiner presagió sólo comenzó a ser parte de la conciencia
educativa en la década del ochenta."
-Gabriel Rico
Docente en la Universidad Estatal de
San José. Costa Rica
El pensamiento de Steiner ha dejado
"escuela y secuela" de discípulos en el mundo entero dando pie a un
nuevo panorama terapéutico fundamental en la historia. Si bien aquel
investigador no se refirió puntualmente al fenómeno índigo, es evidente que,
gracias a su enfoque, hoy somos capaces de concebir la posibilidad de un cambio
en la especie, en estos términos.
Haber replanteado
la relación del niño y el adulto como un aprendizaje mutuo, dinámico y fértil
a partir del cual las revelaciones sobre la naturaleza humana cobran una
perspectiva dinámica y renovable, es obra de Rudolf Steiner de su impronta.
NUEVOS NIÑOS
Hernán está en sus
primeras semanas de escuela. Nunca antes había pasado jornadas tan largas fuera
su casa, en un lugar nuevo, rodeado de personas como él, es decir, de su edad.
Cada tarde, al volver, se lo ve muy excitado. No sólo habla vertiginosamente de
todo lo vivido, como atropellando las palabras con el entusiasmo de
materializar su propio relato, sino que, a diferencia de otros niños (hay los
que incluso lloran y sufren hasta la hora de volver a casa) él parece fascinado
con la aventura cotidiana que ha abierto en su vida ese espacio lleno de
misterios, ese nuevo destino cotidiano e inesperado.
"Al principio -me cuenta su
madre- me preocupé por el grado de aceleración que mostraba Hernancito cada vez
que llegaba de la escuela. Hablaba sin parar de los compañeritos, de la
maestra, de su banco, de la mochila de tal o cual, de lo que les habían contado
en clase; iba y venía preparando cosas para el día siguiente; nada parecía
importarle más que el aula, pero de una manera casi obsesiva. Esto, sumado a
que, por naturaleza, hasta entonces había sido más bien tímido, retraído. Y de
golpe se había ido al otro extremo..."
El testimonio de
la mamá de Hernán verifica una típica contradicción universal; a veces hasta
las buenas señales, las de vitalidad, nos preocupan. Por un motivo u otro, toda
novedad es inquietante. Hasta hace poco, incluso, se subrayaba esta reacción
alarmista específicamente en los niños, como rasgo lógico del desarrollo. Los
síntomas de este niño en particular, sin embargo, invierten aquella hipótesis.
Hernán adora la
novedad, la sorpresa, aunque no es un buen alumno, precisamente porque la
transmisión formal de los conocimientos, en los términos pedagógicos
tradicionales, no le interesan. Le cuesta concentrarse en las clases, se
dispersa en los ejercicios de lectoescritura o matemáticas, mira a su
alrededor. Le preguntamos qué mira y lo describe: los gestos de la maestra, sus
labios que se mueven, las caras de los demás niños, las ropas, las fotos en la
pared, los mapas, los casilleros donde cada alumno guarda sus pertenencias, la
ventana, los árboles de afuera. Ese es el mundo verdaderamente vivo,
atrapante, intenso. Eso es lo nuevo, y es mucho de golpe.
Su poder de
observación le permite describir al detalle a cada compañero, las
características del salón de gimnasia, los horarios, los juegos. Su velocidad
de absorción es mucha, su metabolismo le impide "aminorar" ante esa
instancia fría y desconectada de la pizarra. Él corre aún en la autopista de la
visceralidad, necesita, por su naturaleza, recorrer otros tramos, previos a
las convenciones, si es que luego las sigue. O acaso inaugure caminos
inexplorados en la búsqueda del conocimiento.
Los padres,
inicialmente preocupados, consultaron con tres pedagogos distintos que no se
ponían de acuerdo en un diagnóstico; algo evidentemente difícil de emitir,
teniendo en cuenta que Hernán no presentaba ningún tipo de angustia. Esa
excitación, aunque algo desbocada, tenía el perfil de un síntoma feliz;
positivo. Es su madre quien, con el correr del tiempo, empieza a notar la cara
más luminosa del asunto:
"Cuando empecé a conversar un
poco más con él, también yo misma cambié algo. Traté de ver las cosas como las
vería alguien que no se esperaba esos cambios, y que además los tomaba con
alegría; las novedades que traía de la escuela, las presentaba como de otro
planeta maravilloso, impredecible y, fundamentalmente, suyo, propio, ganado y
descubierto por sus propios medios. Hasta entrar en la escuela, sus amigos eran
los hijos de los nuestros; no tenía contacto con otros niños. Ahora la cosa era
totalmente diferente.
Era
como si hubiera crecido otro palmo de golpe (algo a lo que las madres nos vamos
acostumbrando a medida que criamos a nuestros hijos) reconociéndose persona, desarrollando
un interés individual por las cosas, los objetos, los espacios, otros adultos,
los chicos que lo rodeaban, es decir, estaba incorporando un territorio puntual
-la escuela- que, de hecho, él conocía mejor que nosotros, sus padres.
En
esos primeros días escolares, me llamó especialmente la atención una de sus
respuestas. Cuando le pregunté qué era lo que más le gustaba del grupo que le
había tocado, me dijo: "elegir". ¿Cómo es esto de
"elegir"?, me asombré.
Claro,
elegir a mis amigos, que sean míos -aclaró, con total poder de síntesis-.
Entonces descubrí lo importante que era para él, y supongo que lo sería para cualquier
chico, esa primera noción de individualidad y de tener todo un mundo pendiente
de revelaciones. Pero también descubrí algo muy importante para mí, como
individuo adulto. Toda esa excitación, esa aparente ansiedad, son ganas, puras
y nobles; voracidad ante la inmensidad del destino. Quizás a Hernán esto se le
reveló de golpe cuando "salió al mundo" pero también fue una señal
para nosotros, sus padres. A partir de allí, mi marido y yo nos replanteamos:
¿no nos falta un poco de esa excitación ante las cosas? ¿No nos estamos
acostumbrando a los mismos rituales como si fuéramos chicos encerrados en un
pequeño mundo de tres ambientes? Lejos de considerar que la aparente
"aceleración" de nuestro hijo fuera una enfermedad, lo que concluimos
fue que a través de su frescura, de su irreflexivo atolondramiento, en realidad
era él quien nos daba una lección a nosotros."
Al confrontar el
testimonio de esta madre encuentro notables coincidencias con un artículo
titulado "El mensaje de los niños de hoy", publicado en Das
Goetheanum (el mismo semanario que difundió la nota de Georg Kühlewind
mencionada páginas atrás) de Wolfschlugen, Alemania, el 7 de febrero de 2001.
El entrevistado, Henning
Köler, pedagogo, es investigador especializado en temas de infancia y
pubertad, anorexia y dificultades del aprendizaje.
En relación con
las patologías señaladas como ADD y ADHD (trastornos del déficit de atención
con o sin hiperactividad) Köler se refiere a ellas asegurando que en realidad,
son, en estos niños, un exceso de las fuerzas del Yo, en especial de las
fuerzas Superiores del Yo.
"El llamado Síndrome Hiperactivo,
es en realidad un puro decir sí a la vida, una pura alegría de crear: un desbordante
anhelo de hacer el bien. Es lógico que esto nos cree toda una serie de
dificultades. Pero cierto es que se nos presenta una extraordinaria capacidad
que debemos reconocer, apreciar y fomentar, en vez de estrangular. Todos
conocemos los síntomas negativos -contrasta Köler- pero, ¿qué pasa con los
aspectos positivos? Estos niños se destacan por su gran impulso por actuar: un
impulso creativo, entiéndase bien. Ellos rebosan de energía, pero no se trata
simplemente de un difuso exceso de energía; debemos superar esa idea de una
máquina a vapor. Lo que se nos evidencia en ellos es cómo el impulso del calor
y movimiento obrante en el proceso de encarnación irrumpe con fuerza inusitada;
es como si el sentir vital básico de esos niños se expresara diciendo: ¡sólo
tengo poco tiempo y es tanto lo que debo llevar a cabo!"
El irrefrenable
impulso de actuar es, desde la mirada de Köler, sólo una cara de la moneda. Los
llamados niños hiperkinéticos, cuyas señas son tan cercanas a los índigo,
presentan, según su óptica, una marcada necesidad de proyectarse como
"comunicadores primigenios"; son espontáneos, inventivos, generosos,
con una alta disposición al riesgo, si fuera necesaria para canalizar sus
objetivos.
Köler advierte que
estos "pequeños anarquistas" -así los califica en tono positivo-
llegan a asustar a los mayores, en la medida en que ya nacen con una exigencia
de libertad que habitualmente emerge recién en la adolescencia.
Este investigador
ha encontrado, en los niños hiperactivos, lo que él define como "todos los
atributos del hombre del futuro"; sumamente flexible, de amplias
capacidades, lleno de ideas, dotado para lo técnico, emprendedor.
"Inoportuno -delata Köler- en un mundo que apuesta a otro nuevo tipo
estándar; conformista, que aprueba todo y a todo se adapta sin inquirir el
porqué."
La idea de que los
nuevos niños vienen a aportar un cambio fundamental a la evolución de la
humanidad, es también una de sus premisas. Y sostiene que en toda época las
nuevas generaciones, unidas entre sí con hilos invisibles, traen la voluntad de
llevar determinados impulsos sanadores al acontecer universal, mientras que al
mismo tiempo aparecen fuerzas adversarias para arrastrar todo al abismo.
"Sería este un tema fascinante
para la investigación histórica de la juventud -propone-: hoy en día no se
necesita ser pesimista para mirar con temor hacia el futuro. Los niños índigo
aparentemente se han propuesto una tarea especialmente grande. Quieren realizar
un salto cuántico de la conciencia y no le temen a ningún riesgo. A diferencia
de los años 60/70 en los que la juventud se rebelaba abiertamente, se está
produciendo actualmente una `revolución de raíces del pasto'. Los niños nuevos
se hallan por doquier."
¿Un cambio
profundo e histórico viene a darse en la naturaleza humana? De ser así, es un
cambio cuyos signos vitales difieren bastante de otras supuestas
"sangrías" a las que haya asistido (hipotéticamente o no) nuestro
mundo. Precisamente porque el vuelco, en esta oportunidad, parece estar dado
por la vida, y no por la muerte. Por una multitud en expansión y no un líder
solitariamente iluminado, o una minoría poderosa. Por niños pacíficos y no por
ejércitos de adultos.
La muerte, con su
innegable pompa y circunstancia, revestida de una gravedad exclusiva, avalada
por su opulencia alegórica, mística e implacable, se ha cobrado, en el campo
del mito, la literatura o el crimen étnico-religioso, una cantidad importante
de supuestas "purificaciones".
Desde el Dios
castigador con su Arca de Noé y otras metáforas bíblicas, pasando por las
masacres étnicas destinadas a "limpiar la humanidad", la parca
sostiene su protagonismo mediático e histórico.
Como
contrapartida, las últimas décadas parecen concebir en los niños índigo un
germen de cambio más estimulante; vinculado a la "suma" y no a la
resta. Es decir, a la vida, y muy en particular al comienzo literalmente
"embrionario" de ésta, lo cual suena lógico, si se trata de cambiar
algo para mejorarlo a futuro: haciéndolo por el principio y no -lúgubremente-
por el final.
¿En qué consiste
el cambio que parece gestarse? ¿Es una metamorfosis de la configuración
física, psíquica, genética y espiritual de los seres humanos? ¿Quiénes son sus
vehículos? ¿Qué es lo que hay que hacer para que el cambio fluya y se articule
como tal?
Esas son las
preguntas que Köler, junto a otros autores, intenta responder. La cuestión
índigo tiende a proyectarse con un efecto bifronte: abarca lo espiritual y lo
biológico, lo racional y lo intuitivo, cuestiones aledañas que fluctúan, de
carril en carril, entre el cuerpo y el alma, lo social y lo químico; fronteras
cada día más difusas.
Quizás en esta
dualidad esté planteada simultáneamente la dificultad para el investigador y a
la vez su interés ante un fenómeno que podría afectar positivamente a la
conciencia planetaria.
Toda certeza
compartida por una comunidad atraviesa, antes de serlo, un pantano de dudas y
refutaciones. Cada sospecha avanza, crece, se expande, se confronta, pero lo
hace en forma pendular, oscilando entre la fabulación, la verdad y el
prejuicio, con las mismas vacilaciones ontológicas que sufren los distintos
sistemas de creencias, o la propia ciencia positiva, antes de legitimarse.
Idéntico metabolismo natural parece tocarle a este conjunto de indicios que se
congregan en torno a la infancia, a los niños, en los últimos años. En este
proceso, la palabra de investigadores como Köler, tan plenamente abocados, casi
con exclusividad, a un fenómeno en particular, se integra con un alto grado de
compromiso pues si su verdad en juego pierde sustento, también lo pierde el
resto de su obra, tan vasta como específica.
SER O NO SER ÍNDIGO
Estos
niños vienen llegando al planeta Tierra, los muy pioneros, desde finales de los
setenta, pero es a partir de la década de los noventa que aumenta su presencia.
Por lo que más bien estamos
hablando
de mayoría y no de minoría.
-MARÍA DOLORES PAOLI (Especialista en
Psicoespiritualidad)
En una escuela en
Buenos Aires, Argentina, la maestra propone a sus alumnos de segundo grado
(ocho años promedio) que escriban un relato individual, breve, donde narren
hechos verídicos de sus propias vidas, que a otras personas les hayan resultado
sorprendentes o raros. La consigna para el trabajo -"Es verdad aunque no
me lo crean"- genera risas, bromas, los chicos hacen obvias referencias
al popular programa de televisión que lleva un título casi idéntico, pero
enseguida se ponen a escribir. En pocos minutos, un silencio atípico se adueña
del aula. Como el mutismo que impera en una mesa cuando los comensales están
verdaderamente hambrientos, la concentración de los precoces y voraces
narradores reina, excepcionalmente, por sobre el cuchicheo habitual.
Al cabo de veinte
minutos, la maestra les pide que vayan terminando, retira las hojas de los
pupitres y los deja salir al recreo.
Dado el interés
que despertó el tema, la joven docente (estrena su primer año al frente del
aula) se propone echarle un vistazo a las redacciones para luego
desarrollarlas e intercambiar lecturas en la siguiente hora.
Al revisar las
redacciones, se lleva una sorpresa. La mayoría de las historias narra
situaciones contundentes, minuciosamente descriptas, con detalles muy
específicos; niños que han predicho la muerte de un familiar cercano, otros que
sintieron haber "viajado" fuera de sus cuerpos durante la noche,
mientras se veían a sí mismos recostados en la cama; casos de nietos que
aparentemente habían conversado largo y tendido con sus abuelos ya fallecidos
y desarrollaban esos diálogos con memoria precisa. Un pequeño, incluso,
consigue, en la síntesis de quince líneas, describir cómo una mañana
determinada le comunicó a su madre que el autobús que lo llevaba a su escuela
no pasaría, dejando por sentada la sorpresa de su madre al cumplirse esta
"profecía".
Otros de los
elementos comunes en estos relatos están dados por una alusión omnipresente a
las plantas y animales en un tono que no los diferencia de los seres humanos.
La docente queda muy impresionada al advertir que los niños respaldan lo
escrito con la convicción de estar diciendo la verdad, y sin contradecirse ni
corregirse. Pero más le llama la atención el hecho de que entre ellos mismos,
estos niños no se asombran; parecen hablar un idioma común, no fantasioso, sino
absolutamente veraz, al compartir la experiencia narrada de circunstancias
casi habituales en sus vidas. No se trata de un colegio especial, ni de un
grupo seleccionado entre otros; son chicos normales, de una escuela estatal,
de familias de clase media y media baja.
Mariela -así se
llama la docente- cuenta que a partir del intercambio de relatos, los propios niños
empezaron a discutir con gran soltura (en sus propias palabras) sobre temas
como la muerte, la trascendencia espiritual, la vida más allá de la muerte, el
alma de las cosas, los viajes astrales, la telekinesis:
"Lo
hablaban -recuerda- sin ninguna reverencia ni fabulación televisiva. Daba la
impresión de que estaban comentando cosas sumamente cotidianas. Me impactó
especialmente este episodio, porque si bien yo ya había visto entre mis
sobrinitos, e incluso en mis primeras prácticas como estudiante, algunos casos
aislados de chicos con estas inquietudes, para mí eran excepciones. Esta vez,
en cambio, los chicos con historias de este tenor eran la mayoría.
Sin
embargo -agrega Mariela-, lo más revelador vino después, porque a raíz de esa
clase, se me ocurrió citar a todos los padres del grupo para una reunión
especial conmigo. Vino la mayoría; les mostré el material, y todos parecían
sorprendidos al advertir que sus propios hijos compartían con otros niños un
mundo de inquietudes rico y consistente, más allá de las anecdóticas fantasías
infantiles convencionales. Desde la fecundidad de la escritura libre, los
textos revelaban intereses comunes y una vocación significativa por lo
inexplicado. A partir de esto, se integraron grupos de padres para confrontar
las experiencias atípicas de sus hijos y enfocarlas con el ánimo de escuchar,
compartir y explorar junto a ellos."
La afirmación de que en 1999 los nuevos
niños ya representaban el 80% de la población mundial infantil (menor de diez
años) pone en el fenómeno índigo un peso estadístico de magnitudes inéditas.
Suponer dicha
característica "potencial" pero inactiva en tantos niños -naturaleza
ignorada por la gran mayoría de los padres de niños índigo- implica advertir,
por otra parte, la urgente necesidad de verificar ese dato. Si efectivamente
los recursos, dones y virtudes latentes de miles de millones de seres humanos
hoy carecen del marco adecuado para desarrollarse en la adultez, estaría
privándose a la humanidad de una solución que a la luz de los últimos
acontecimientos mundiales, la especie clama a gritos.
Incluso, si cabe
la contingencia de que dichos dones sean erróneamente diagnosticados como un
cuadro patológico, al punto de tratar esa sintomatología con fármacos (según
surge de ciertos informes periodísticos inicialmente recabados en estas
páginas, donde se liga al fenómeno índigo con trastornos de la atención) las
privaciones y las consecuencias para la especie serían aun más graves.
Lo cierto es que, a partir del fenómeno
índigo, investigadores de distintas disciplinas han retomado con mayor vigor
el estudio de las capacidades especiales en niños. Es decir, en aquellos
"futuros adultos" que pudieran albergar atributos como la
telekinesia, la clarividencia, la telepatía, etc., en estado latente. Esto
cobró particular interés a la luz de los muchos experimentos recientes que
revelaron en nuestra especie capacidades insospechadas "dormidas"
durante siglos de humanidad.
Anna
Hayes (www.anahayes.com)
es otra de las investigadoras que ha volcado sus hallazgos en Internet,
instalando en la web su propia página. Allí advierte que los niños índigo no
deben ser considerados superiores o pertenecientes a una elite en comparación
con otros humanos, sino, por el contrario, demostraciones vivientes de las
capacidades adormecidas que ahora comienzan a revelarse rápidamente entre todas
las poblaciones humanas:
Comunidades científicas de China, y
EE.UU. están actualmente identificando pequeños grupos de niños de distintas
edades que exhiben habilidades inusuales, como la neutralización del HIV, el
genio avanzado, capacidades psíquicas y telekinéticas y otros atributos fuera
de lo común. Éstos son identificados como niños índigo. Ellos pueden exhibir alguno
o todas de estas habilidades y otras aún no identificadas. En los niños índigo,
fragmentos de ADN que la ciencia identifica como "ADN inútil" están
más organizados y son más operacionales al momento del nacimiento que en los
bebés comunes. Esto les otorga cualidades y habilidades biológicos, mentales
y/o espirituales que los ubican avanzados con respecto a la norma.
Hayes pronostica
que estos atributos podrían a su vez presentar desafíos en el desarrollo de
alguno de estos niños, puesto que nuestras estructuras medioambientales y
culturales serían peligrosas para los humanos con las sensibilidades
biológicas y psicológicas que aporta el desarrollo genético
"acelerado". Menciona, por ejemplo la Expansión Perceptual, concepto
que instala en el debate y define como "una orientación biológica
psicoespiritual de los niños índigo; un uso natural de cualidades sensoriales
que están más allá del rango de los cinco sentidos comúnmente conocidos.
"Los atributos asociados con fa
Expansión Perceptual -relaciona Hayes- son una consecuencia directa de la
elevada sensibilidad causada por el desarrollo genético acelerado y el avance
orgánico en la orientación espiritual. Si bien los fenómenos asociados con la
Expansión Perceptual están aumentando entre las diversas poblaciones como resultado
de la progresión evolutiva humana, este atributo es más notable y avanzado en
los niños índigo, lo que los ubica en una situación de riesgo dentro de la
atmósfera ambiental, sociológica y política. Los atributos de los índigo
pueden velozmente transformarse en desafíos elevados, para ellos como
individuos y en relación con aquellos que los rodean."
Si tuviéramos que
definir "tendencias" en el enfoque que los distintos investigadores
dan al fenómeno índigo, diríamos que la investigadora norteamericana Anna
Hayes se inscribe en la rama cósmico-paranormal asociada a hipótesis
biológicas:
"Los fenómenos de la Expansión
Perceptual debidos a progreso genético son claramente evidenciados y demostrados
en la cultura global a través de un cúmulo creciente de sucesos y reportes de
"hechos inexplicados", como la EPS (Percepción Extra Sensorial), NDE
(Near Death Experiences, Experiencias de Muerte Cercana), OBE (Out of the Body
Experiences, Experiencias Fuera del Cuerpo), encuentros angélicos,
"fantasmas", comunicaciones interdimensionales, actividad
paranormal, visiones, abducciones, ovnis, etc. La evidencia de los desafíos
biológicos y psicológicos que involucran la aceleración genética asociada con
la Expansión Perceptual puede ser encontrada en el aumento de la frecuencia de
"crímenes sin sentido" (como las masacres en las escuelas), aumento
acelerado de los casos de suicidio y abuso de drogas entre adolescentes, el
avance progresivo del ADD, problemas de conducta, desbalances bioquímicos y
alergias entre la población infantil. Hay que agregar el aumento de los
desórdenes tiroideos, esquizofrenia, trastornos bipolares y cognitivos,
psicosis, cáncer, y otras enfermedades, entre la población general."
En relación
concreta con los niños índigo y sus atributos, Hayes reprocha a los
profesionales y al establishment científico el intento de racionalizar la
existencia de los fenómenos de Expansión Perceptual asignándolos a la
imaginación, alucinaciones o enfermedad mental, debido a que estos sucesos no
podrían ser efectivamente explicados dentro de los paradigmas actuales de la
ciencia física.
"Otras ciencias físicas más
progresivas -concluye Hayes- reconocen la existencia potencial de campos de
realidad multidimensionales, basados en los potenciales sugeridos dentro de
la Teoría Mecánica Cuántica. Pero aplicaciones prácticas de tales paradigmas
experimentales no están disponibles en la actualidad. Los niños índigo son los
pioneros de lo que finalmente será la norma de la humanidad a medida que
progresa en su evolución genética. La evolución de una cultura comienza con
cada individuo."
FUTUROS Y COLORES
Entre los casos de
niños que pude contactar, me interesó especialmente el de Nahuel. Se trataba
de un chico que lloraba con desesperación cuando escuchaba gritos, bocinas o
cualquier estridencia que denotara un origen violento. Al principio, sus
padres atribuían estas crisis de llanto al divorcio que habían afrontado cuando
Nahuel tenía seis años de edad. Pero desde mucho antes su hijo se había
revelado como un chico sensible al sonido en general y a la música en
particular. Su madre, Inés, cuenta que, a los dos o tres años, al niño le
fascinaba escuchar a los pájaros desde el balcón de la casa y pasaba horas
allí, señalando distintas aves, creyendo o intentando identificar el origen de
esas melodías elementales pero hipnóticas que suelen tener los pájaros de
ciudad.
Inés es pianista y
aclara que a pesar de la afinidad actual, la relación con su hijo -hoy un
prestigioso cantante lírico- no siempre fue "consonante". Recuerda
que
"Era bondadoso al extremo, y lo
sigue siendo, especialmente con los animales, pero a la vez, extremadamente
sensible. A veces tanta sensibilidad lo paralizaba, lo distraía, lo anulaba.
Tenía infinidad de problemas en la escuela. No fue para nada buen alumno en esa
instancia. El grito de un compañerito, la voz fuerte de la maestra, cualquier
altisonancia -hasta el timbre del recreo- lo amedrentaba. Para él era una
especie de "agresión sonora" amenazante. Esto lo ofuscaba, lo
entristecía y lo desconcentraba, con la misma intensidad con que, en cambio, se
pacificaba y le brillaban los ojos mientras yo estudiaba piano. En esas
oportunidades, me llamaba muchísimo la atención la mirada de Nahuel, completamente
viva, ávida, penetrante. Si había música alrededor su rostro desplegaba
alegría, pero también confianza, plenitud.
Con
respecto a los problemas con los sonidos, era como la contracara de esa misma
virtud. Primero lo llevé a un médico clínico, que a su vez me derivó a un
otorrinolaringólogo con diagnóstico claro: no tenía ninguna afección ni
dificultad desde el punto de vista físico. El problema seguía y las rabietas
frente al menor ruido (el timbre de casa pulsado más de una vez, el lavarropas,
la licuadora) eran cada vez más frecuentes, así que fuimos a un psicopedagogo.
El hombre resultó ser una excelente persona, alguien que me abrió la cabeza y
nos cambió completamente el enfoque del problema. Hizo notar el lado bueno de
algo que yo consideraba una "manía" y lo redefinió como una virtud
perceptiva, que sin duda tenía un correlato positivo. Lejos de alejarlo de los
ruidos, nos sugirió acercarlo a esa parte del sonido que Nahuel parecía adorar:
la música. En ese momento comenzaba nuestra revelación familiar. Tras unas
cuantas entrevistas-conversaciones con Nahuel a solas, este señor que quiere
conservar un muy bajo perfil y me ha pedido no ser nombrado, nos citó y nos
dijo: "su hijo es índigo". E inmediatamente vino una larga
explicación que nos dejó helados. Como si eso fuera poco, nos convocaba a hacer
un ensayo absolutamente inocuo con Nahuel, en el cual estaríamos todos
presentes. No recuerdo cómo ni por qué -intuyo que fue la confianza natural que
nos inspiraba- pero accedimos."
Aquel mismo
terapeuta le explicó a Nahuel que esto que le pasaba a él, también le sucedía a
muchos otros chicos de distintas maneras. Es decir, ese "sentir
extremado", que tanto podía hacerlo feliz, como torturarlo. Allí escuchó
hablar por primera vez del color índigo, de las auras, y tuvo la oportunidad de
vivir una experiencia sorprendente acerca de sí mismo, invitado por ese señor
amable, que hablaba de energías y colores.
"El
espacio en que me encontré de golpe era fascinante, relata Nahuel. Fui con mamá.
Era una habitación grande, completamente blanca. De una de sus paredes colgaba
un lienzo, también blanco, enfrentado a una cámara. Estoy usando ahora palabras
de adulto, pero en aquel momento veía una cámara por primera vez, no tenía idea
de lo que era. Había un silencio absoluto que sólo recuerdo haber percibido
bajo el agua, cuando me hundía en la bañera deliberadamente en busca de ese
alivio profundo que era el "no oír casi nada". La persona detrás de
la cámara, una mujer sumamente cálida y dulce, sencillamente me hablaba, me
preguntaba cosas fáciles de responder, mientras bajaba las luces y luego me
enfocaba.
Después pasó lo increíble. Pasamos a otro
cuarto donde había algo así como un televisor color muy grande, y nos sentamos
frente a él con mi madre. Yo tampoco había visto nunca una cámara Kirlian, ni
sabía del calor de los cuerpos (ni siquiera veía televisión, porque en casa no
había). Digo que fue increíble porque ya adulto, vi cámaras Kirlian, que son
bastante diferentes de lo que se ve cuando se ven auras, pero aquella vez me
confronté con todo junto. Vi mucho más que eso: no sólo se percibía la hoy ya
conocida aureola de "calor" que desprende el cuerpo al ser enfocado
por este tipo de cámaras, sino otra aureola superpuesta a ella. Es decir, un
aura de gran densidad, fluctuante, oscilando entre el azul y el violeta,
cambiando en las distintas partes del cuerpo, pero especialmente concentrada
alrededor de la cabeza. Y todo eso, alrededor mío. Fue un shock. Un shock
agradable. Me gustaba verme en pantalla, me gustaba sentirme observado y
analizado, me gustaba que todos estuvieran en silencio y me trataran con
respeto. Recuerdo que mi madre, en cambio, lloraba. Todos tardamos en
encontrarnos con esa nueva realidad."
Nahuel aclara que
hoy tiene algunas críticas acerca de aquel procedimiento; pues si bien cree
absolutamente en el don de ver las auras, lo circunscribe a determinadas
personas que poseen esa virtud natural. En este sentido su testimonio se suma
al de quienes han desarrollado cierta prudencia respecto de los métodos que
involucran tecnología fílmica. La cuestión es materia de debate a distintos
niveles. Afirman algunos que el aura de una persona no puede registrarse
mediante una "lectura" informática, sino como resultado de una percepción
vital, entre seres espirituales.
Por su parte,
Nahuel, tras haber pasado por el rechazo y la aceptación (a nivel externo e
interno); elecciones y cambios de rumbo, marchas y contramarchas, fue
"afinando" su destino en el único instrumento que cobija el cuerpo
humano. Es multiinstrumentista pero se decidió por el canto. Quizás como una
búsqueda instintiva, propia de los niños y adultos índigo, en esa aspiración
por deshacerse de lo accesorio, procurar lo esencial, la fibra última de las
cosas, la menor densidad: "la menor parafernalia posible" como él
mismo define.
El caso de Nahuel
remite, en parte, a ciertos "tipos" que describe Nancy Ann Tappe,
autora de Entendiendo tu vida a través del color. En este libro, la autora
explica que los "colores de vida" son aquellos visibles a partir del
aura, y anticipan, en cada caso, cuál es la misión de las personas en la
Tierra; qué es lo que han venido a aprender. Pero esos colores no serían
permanentes en la humanidad.
En un reportaje
publicado en Internet, la investigadora agrega, por ejemplo, que según
observaciones llevadas a cabo, a lo largo del tiempo, se produjeron cambios:
Vimos
desaparecer el fucsia y el magenta se volvió obsoleto. Así que pensé que esos
dos colores de vida serían reemplazados. Me sorprendió encontrar una persona
fucsia en Palm Springs, porque es un color que desapareció al inicio de 1900, o
eso fue lo que me dijeron. En los 80, sentí que aparecerían dos colores más
añadidos al sistema, porque dos habían desaparecido.
Les
decía a todos que tendríamos dos colores más, pero no sabía cuáles serían.
Mientras los buscaba, "vi" el índigo: estaba investigando en la
Universidad Estatal de San Diego, tratando de construir un perfil psicológico
coherente que pudiera resistir la crítica académica. En ese tiempo, la esposa
de uno de los médicos tuvo un bebé que nació con un soplo en el corazón. Me
llamaron para que fuera a ver al niño; allí fue cuando realmente vi el índigo
y comprobé que ese era un nuevo color que no tenía en mi sistema. Esa fue la
primera experiencia física que tuve y que me mostró que estos niños eran
diferentes. A partir de entonces comencé a buscarlos e investigarlos.
En
1980 los registré y comencé el proceso de personalización; en ese entonces,
teníamos en estudio a algunos niños de cinco, seis y siete años, y podía
observarlos; "leer" su personalidad, indagar su naturaleza. lo
principal que aprendí es que ellos no tienen un plan de estudios como lo
tenemos nosotros; se relacionan con el mundo de acuerdo con sus respectivas
tendencias áuricas.
Tappe distingue
cuatro tipos de niños índigo: humanistas, conceptuales, artistas e
interdimensionales, augurando un futuro genérico para cada uno de ellos e
incluyendo consejos de su cosecha:
•
Los humanistas: futuros médicos, abogados, profesores, comerciantes y
políticos que servirán a las masas. Muy hiperactivos y extremadamente
sociables. Con puntos de vista definidos y algo torpes. No saben cómo usar un
juguete, pero los desarmarán y probablemente después no los vuelvan a tocar.
Distraídos, y ' ávidos
lectores.
•
Los conceptuales: más interesados en los proyectos que en la gente.
Futuros ingenieros, arquitectos, astronautas, pilotos. Atléticos.
Controladores, especialmente de su madre si son niños y de su padre si son
niñas. Con tendencia a la adicción, probablemente drogas, durante la
adolescencia. Conviene vigilar atentamente sus patrones de comportamiento.
•
Los artistas: muy sensitivos. Futuros maestros, diseñadores, actores,
creadores, en general. Dentro del campo de la medicina, cirujanos o
investigadores. Entre los cuatro a diez años tendientes a involucrarse en
muchas actividades creativas simultáneas. Antes de elegir le dedicarán un
tiempo a cada una, para decidirse, por lo cual recomiendo a padres de potenciales
músicos y artistas: no compren los instrumentos, mejor alquílenlos.
•
Los interdimensionales: físicamente más grandes que los otros tipos. A
la edad de 1 o 2 años responderán: "yo ya lo sé" o "yo puedo
hacerlo", o "no me molestes". Tappe asegura que son quienes
traerán nuevas filosofías y nuevas religiones a este mundo, aunque pueden
llegar a convertirse en bravucones y jactanciosos.
Según concluye la autora, los niños de
estos cuatro tipos creen en sí mismos, no sienten miedo por los adultos y difícilmente
se amedrenten con amenazas poco creíbles.
Desde el momento en que un niño índigo
comienza a hablar, los padres deben hablar con ellos abiertamente. Incluso
desde que son bebés. Se debe aprender a escuchar a los niños índigo y no
intentar mostrarles autoridad. Permita que los niños le digan a usted lo que
ellos necesitan. Entonces, explíqueles las razones por las cuales usted no
puede darles lo que piden o por qué es correcto que sí lo obtengan. Todo lo
que ellos necesitan es ser escuchados. Ellos son el puente entre la tercera
dimensión -dimensión de la razón, del pensamiento- y la cuarta; la dimensión
del Ser.
El hecho de que
Nahuel, aparentemente un "Índigo artista", encontrara su destino, y
que sus padres lo favorecieran, surgió, paradójicamente, de un desencuentro
con el mundo exterior:
"Cuando yo consulté a un
especialista -recalcaba su madre- lo hice por la desconcentración en la escuela
y el mal rendimiento, que parecían provocados a partir de ese síntoma
antisocial y "maniático" (así lo explicaba yo) con el asunto de los
sonidos. Por suerte, dimos, después de algunos fracasos, con la persona capaz
de ver más allá de lo evidente. Fue la primera vez que escuché hablar de las
personalidades que revelaban una virtud a partir de un dolor, en un mundo
demasiado denso como el que vivimos. Y por supuesto, me llevé una sorpresa con
la gran lección de advertir que un síntoma en nuestros hijos es siempre un mensaje
y no un defecto".
La personalidad
inquieta y despierta de Nahuel, contenido por sus padres, se trasladó, como era
previsible, al arte sonoro. Cambió muchas veces de instrumento y de género
musical: hizo folklore, músicas étnicas, rock, jazz, clásica, contemporánea.
Tocó el piano, la trompeta, el contrabajo, la batería. También se dedicó
durante algún tiempo al diseño de instrumentos e hizo un curso de luthiería
especializado en bronces. Se destacó en todo: aprendió a leer y escribir
música sólo, a los siete años -cuando aun no se entendía con las palabras-
leyendo las partituras de su madre.
"En
esa época, lo que hacía -nos cuenta él mismo- era recordar la música que mi
madre tocaba y leer su partitura, tratando de entender cuáles eran los patrones
comunes entre lo que yo recordaba, las teclas del piano, y los símbolos del
papel. Así aprendí; fue como entender un idioma de golpe. Mi propia madre no
me creía, ya que yo aún no tenía la destreza para tocar el instrumento,
entonces lo que hizo una vez fue darme nuevas partituras, que ella nunca había
tocado frente a mí y yo le canté las melodías.
A
partir de aquellos episodios casi increíbles con Nahuel -cuenta Inés- no sólo
cambió nuestra comunicación con él, sino que lo inscribimos en una escuela musical
especial para niños. Y vimos cómo era capaz de desarrollar su propia estrategia
frente al mundo. Ya no luchaba ni sufría contra el sonido ambiente,
sencillamente se embebía en lo que más lo apasionaba: el estudio de su instrumento
(pasó por varios), los conciertos, o hasta la costumbre de ponerse los walkman
cuando salía a la calle. La tortura de su choque con el mundo fue desplazada
por un placer reconciliatorio."
Hoy, el niño
hipersensible es un ascendente cantante lírico que se ha mudado a Brasil y
reside en las afueras de San Pablo, prudentemente lejos del ruido, pero lo
bastante cerca de la música y el mundo urbano, a los que necesita para ejercer
su arte. Un largo periplo lo llevó a encontrar su lugar. Fueron casi dos
décadas, pasando por algunas otitis, distintas terapias, mucha dedicación y la
mano fundamental de quienes lo reconocieron y lo acompañaron en gran parte de
su recorrido.
CAPÍTULO 4
LA INTELIGENCIA CREATIVA
METÁFORAS,
JUEGO, APRENDIZAJE
Una
niña me decía hace poco que prefería la radio a la televisión porque la radio
tenia imágenes más bonitas. Las palabras de la radio le daban a esta niña los
estímulos para construir belleza,
belleza
proveniente de su imaginación. Esa imaginación es, precisamente, la base del
futuro pensamiento simbólico y metafórico, pero también del pensamiento
concreto y formal que requieren las matemáticas, la filosofía, las ciencias en
general, y todo aquello que consideremos importante en materia educativa.
JOSEPH CHILTON PEARCE (Psiquiatra)
La cita inaugural
de este capítulo pertenece al autor de dos libros clave donde se tocan temas
vinculados al sistema educativo y la terapéutica infantil en los últimos
veinte años: Magical Child y Evolution´s End. En ambos trabajos,
este terapeuta norteamericano relaciona el aprendizaje con la imaginación, el
juego y la espiritualidad. Pero es particularmente en el segundo de estos
títulos, publicado en 1992, donde amplía la cuestión evolutiva en relación con
los "nuevos niños" e incorpora un enfoque original y revelador en
materia educativa.
Play:
así se titula el capítulo donde Pearce aborda la importancia del juego,
la metáfora, y la inteligencia creativa en la evolución del niño. El título es
en sí mismo un juego idiomático a partir de lo que expresa el termino play en
el idioma de origen, constituyendo la relación encadenada de significados que
suscribe el diccionario (juego, representación, narración, acción, ejecución,
recreo).
El niño que no ha
sido educado en el juego, estará en riesgo a todo nivel. Es decir, dificultado
para acceder a la resolución de problemas, al desarrollo intelectual, psíquico
y afectivo; al desenvolvimiento en general: esa es la premisa de donde parte
el autor.
El juego es
para Pearce el fundamento de la inteligencia creativa, dado que empieza
con la narración de historias; esas primeras referencias inmateriales mediante
las cuales se construyen representaciones propias de los hechos, los seres y
las cosas.
Aún antes de
hablar, los niños escucharán cautivados las conversaciones de los adultos.
Aunque para ellos entender las palabras es apenas incidental en el principio:
es el sonido de esas sílabas lo que los fascina.
El autor se basa
en la posibilidad creativa y recreativa del niño, quien mediante sistemas
metafóricos inéditos consigue acceder a lo que denomina source soup o cosmic
soup; sopa cósmica o universal del conocimiento. Su definición de esta
"instancia nutritiva" se parece un poco a la que planteaba Platón: el
hombre ha perdido su saber al atravesar el río Leteo (el río del olvido).
El acceso a la
Paideia estaría despejado para estos niños cuya mayor apertura, basada en una
flamante naturaleza creativa para incorporar saberes, pone a su alcance aquello
que las generaciones anteriores han dejado en el camino. Desde esas primeras
"sílabas" que fascinan, hasta la constitución de palabras, imágenes
e ideas, surge el nexo, el puente, gracias al cual el niño llega a
conclusiones propias, a cosmovisiones globales respecto de hechos y cosas que
así aprehende: ese puente es la metáfora.
Los niños mágicos,
integrantes de nuevas generaciones, identificadas por este psiquiatra e
investigador, vendrían a desarrollar sus conocimientos y a su vez a
transmitirlos mediante un procedimiento, en cierto modo, lúdico: nutrido
gracias a la creatividad, a la capacidad simbólica y representativa. Por eso
el juego, la narración, como materias primas, son tan importantes.
Elementos como la imaginación y la metáfora
pasan, desde este punto de vista, a un primer plano, como conductores en la
transmisión de saberes esenciales. La "canalización" se impone, en
esta mirada, a la tradicional "acumulación" de información y
conocimientos.
La metáfora
-acierta el autor, luego de remontarse etimológicamente al griego- es la
"imagen de transferencia". "La metáfora es la imagen que crea un
puente entre un sentido y otro. El pensamiento metafórico resulta capaz de dar
nuevos sentidos a las cosas y eventualidades. Y, a la vez, sugerir nuevas
direcciones en la acción creativa".
Así conjeturan,
deducen, resuelven y expresan los niños índigo según Pearce. Y así confrontan,
inevitablemente, con la linealidad mecánica a la que estamos acostumbrados.
Valga como ejemplo de lo que dice el autor norteamericano, un caso testimonial
recogido en esta investigación:
"La regla del
tres simple es muy complicada", me decía hace poco Maxi, de apenas seis
años, quien ya hace cálculos mucho más complejos que otros niños de su edad.
A su manera, Maxi
planteaba que ese razonamiento no requería de ninguna regla, ni tan siquiera de
una metáfora como el uso de manzanas en reemplazo de números. Él entendía
perfectamente el tema de las proporciones y su rechazo por la metáfora, en este
caso, no contradice la teoría de Pearce, por el contrario; la regla de tres
simple no propone ninguna creatividad, no hay metáfora en ella, por más que se
intente aparentarla. Es, precisamente, una regla, y como tal, el obstáculo por
excelencia a la posibilidad metafórica real, que abra caminos creativos de
aprendizaje.
La lógica de Maxi
se aplica, como la de muchos de sus coetáneos, a partir de métodos alternativos
que él mismo elige para llegar a distintas cuestiones básicas de la vida, donde
los números son números, sin necesidad de disfrazarse, y la imaginación -la
creatividad- va más allá de la repetición ritual que pretende incentivar a los
niños preguntándoles "cuántas manzanas se comió Carlitos en una
hora".
En cuanto al
aspecto mediático y tecnológico, Pearce presenta reservas y advertencias. Así
como resalta -por ejemplo, en el caso de la niña y la radio- lo positivo que
puede llegar a ser determinado estímulo proveniente de los medios de
comunicación, se manifiesta selectivo frente a los "soportes" en
general. En este sentido, establece diferencias de forma y contenido entre lo
que él llama stimulus tools (herramientas estimulantes) que gatillan la imaginación
y otras que, en cambio, juzga alienantes.
Los contenidos
mediáticos son otro tema de su preocupación (vale la pena aclarar que si bien
Pearce se refiere específicamente a los Estados Unidos, la problemática que
menciona tiende a globalizarse en todos los rincones de la Tierra). Se alarma
ante los discursos xenófobos y violentos del rap, por ejemplo, un género
musical masivamente consumido por preadolescentes en los Estados Unidos.
Su abordaje
específico en cuestiones de este tipo resulta coherente con el alto valor que
Pearce le otorga a lo metafórico. Él ve en este elemento un lenguaje de poder
que invade al niño, instalándose y desplazando otras posibilidades, coartando
su libertad, condicionándolo en aspectos fundamentales para el resto de su
vida.
Desde lo
sociológico, el autor rechaza, casi extensivamente, la reproducción simbólica
de sentido en que está embarcado su país a nivel cultural e institucional. En
particular en derredor de la violencia, y aun más en particular, de esa
violencia en derredor de los niños. Recuerda en este sentido el caso de cierta
canción que propiciaba en detalle una agresión sexual; título que a poco de
salir a la venta fue prohibido, tras haber alcanzado, no obstante, una
repercusión masiva en la población preadolescente.
No es casual,
finalmente, que el fenómeno de los niños índigo haya sido enfocado y estudiado
por primera vez en los Estados Unidos, donde menores y adultos comparten el
riesgo cotidiano de la exacerbación a todo nivel.
Que su nación procure con lupa la potencialidad
de un cambio, de un giro evolutivo, de la irrupción de una nueva conciencia, es
una necesidad que Pearce juzga imprescindible. Y lo hace a conciencia: paradójicamente,
el suyo es el reino de la publicidad y el marketing a nivel planetario; un
territorio metafórico por excelencia, donde la iconografía resulta tan
importante como la realidad.
En mérito a ello,
quizás la primera potencia mundial configure también un campo óptimo para la
incorporación de un sistema de creencias renovado que los niños índigo
reproduzcan con su presencia. Desde la óptica cósmica, podría incluso pensarse
que ellos mismos eligieron llegar masivamente a la Babilonia del tercer
milenio: un escenario mundial fértil para la propagación de nuevos sentidos.
PALABRAS ÍNDIGO
La primera computadora que recuerdo, para
mí fue como un juguete. La pantalla, los botoncitos, el mouse. Mi hermano mayor
me dijo que no me acercara a ella hasta que él me explicara, porque manejarla
era muy complicado. Yo igual la tocaba, y cada vez que me sentaba, aprendía
algo muy rápido. Me contaba cosas, ella era como si fuera una película, pero
mejor, porque las cosas que pasaban, también las hacía suceder yo mismo. Si
apretaba un botón aparecía una letra, o cambiaba la pantalla, o escuchaba una
campanita. No entendía qué quería decir mi hermano con eso de que era difícil.
Pensaba: "¿Difícil para qué?". Para mí empezó como un juego y siguió
siendo un juego. Nunca me va a parecer que una compu es un aparato difícil de
entender. Al contrario, a mí los pasos se me abrían solos. A veces, como si la
máquina adivinara a dónde yo quería ir. Especialmente cuando empecé a usar
Internet. Todo era como ir eligiendo. El problema es ése; descubrir que hay que
elegir todo el tiempo. Hay que elegir entre muchísimas cosas y eso te puede
hacer confundir, no estar seguro de lo que querías cuando empezaste a buscar.
-BRIAN, nueve años
Sara, de treinta y
cuatro años, es psicóloga y vive en Montevideo, Uruguay, con su esposo y dos
hijos varones: Ariel de once y Brian de nueve. Ella fue quien me acercó el
texto -parte de una composición escolar- cuyo fragmento incluyo más arriba y
fue escrito por el propio Brian, muy recientemente.
Las observaciones
de Sara sobre su segundo hijo revisten un aspecto doblemente interesante. En
principio, no es la madre primeriza, con tendencia a ver en ese primer crío que
acaba de llegar a su vida todas las virtudes y particularidades de la
humanidad. Por otra parte, su vínculo profesional con la cuestión terapéutica
puso énfasis en ciertas conductas que probablemente, en la mirada de otros
padres, habrían pasado inadvertidas.
Sara accedió a
contestar algunas preguntas acerca de su hijo. En particular, respecto del
contexto en el cual descubrió que él era un niño índigo. Intenté seguir,
cuestionario por medio, las premisas básicas que remiten al fenómeno índigo y
su caracterología: cómo le iba a Brian en la escuela, cuándo tuvo ella alguna
duda acerca de su comportamiento y por qué; si había algo que la preocupaba en
particular, cómo tomó contacto con la palabra índigo, etc. Lo que sigue es una
síntesis de su testimonio:
"Yo
siempre lo vi sano, física y psíquicamente. Eso nunca me preocupó. Pero lo
notaba, sí, como demasiado movedizo, inquieto, casi diría que ansioso. En la
escuela sus calificaciones eran completamente irregulares. Los docentes lo
encontraban tan lúcido en algunas actividades como disperso en otras. Se
entusiasmaba con ciertas tareas especiales. Le gustaban mucho los temas
biológicos (le siguen gustando) y llegaba a dibujar láminas complicadísimas,
con teorías explicativas que él mismo inventaba, que desarrollaba a partir de
lo encontrado en una enciclopedia; enormes gráficos que superaban lo pedido por
su maestra, pero que, aun un poco exagerados estaban muy bien, eran muy
correctos, llenos de detalles explicativos. Si dibujaba un árbol, Brian se
preocupaba, por ejemplo, de que todas las partes estuvieran muy definidas; los
dibujaba transparentes, con sus anillos, sus nudos, sus raíces extendiéndose,
sus brotes...; pero se dispersaba en otras materias que le interesaban menos.
En esos casos, los maestros lo notaban totalmente ausente de la clase. Mientras
se distraía, se dedicaba a dibujar plantas o animales ficticios, o escribía
cartas a amigos invisibles, o a mí, o a su padre.
Lo
llevamos a un terapeuta infantil que le diagnosticó apenas una leve dificultad
para concentrarse. Como eso no nos conformó, pasamos por varios especialistas,
uno de los cuales le diagnosticó ADHD. Yo tenía alguna noticia de algo llamado
ADD, que según sabia era un síndrome infantil vinculado a la atención, o mejor
dicho a la falta de ella. Este colega (en realidad un psiquiatra que se había
especializado en niños) nos dijo que efectivamente, esta era una variante del
mismo. En español viene a ser "Síndrome de hiperactividad con déficit de
atención". Nos sugirió seguir un tratamiento dirigido a aliviar el
problema en conjunto, que incluía una medicación. Pero como ni mi marido ni yo
somos partidarios de medicar a nuestros hijos salvo en casos absolutamente
imprescindibles, optamos por investigar un poco más acerca de este asunto del
ADHD.
Tomamos
contacto por primera vez con la palabra Índigo, buscando información en
Internet, pues según las páginas donde se mencionaba ADD o ADHD estos pequeños
suelen ser diagnosticados como diagnosticaron a mi hijo. Así fueron surgiendo
todas las demás "coincidencias", desde el aspecto físico, al rechazo
de Brian por la carne, su fascinada disposición a la tecnología, su capacidad
de anticipación ante ciertos hechos, los descubrimientos o presagios que en
principio nos parecían disparatados y luego comprobábamos eran acertados.
El
tema del aura, planteado a partir del libro índigo Children, nos llamó la
atención; cuando Brian tenía seis años, una mujer amiga de mi esposo dedicada a
temas esotéricos, que luego se mudó a Alemania y actualmente vive allí,
especializándose en esa área, había dicho de él que tenía una aureola
"azul profundo" que ella percibía con gran intensidad y le gustaría
hacerle estudios específicos. Pero no queríamos someter al niño a experimentos,
sino que su vida transcurriera equilibrada, felizmente. Lo mismo respecto del
ADN, que era el otro aspecto tan recalcado en las páginas web, en los recortes
periodísticos. Si en algún momento, cuando sea mayor, Brian quiere hacerse
exámenes de algún tipo, podrá hacerlo. Por ahora nos parece bien estimularlo,
pero no ponerlo a prueba.
En
cuanto a su salud, siempre ha estado muy bien, a pesar de tener una contextura
pequeña, más tendiente a la delgadez. Come poco, no le gusta la carne de ningún
tipo.
Con
respecto a su educación, decidimos no presionarlo y permitirle un acceso lo
más abierto posible a los métodos y caminos que él elige. Su relación con los
temas biológicos y científicos es de una pasión increíble y su capacidad para
informarse, con los libros en un principio, y con las computadoras después, es
asombrosa. Ha llegado a ponernos al tanto de temas que nosotros ignorábamos
completamente.
El
otro día nos hablaba de unos animales marinos que cambiaban la rugosidad de la
piel y el color como pantallas móviles, de acuerdo con sus necesidades de
supervivencia. No era un simple camaleón lo que él describía sino una especie
de pulpos que trasformaban sus "espaldas" como si fueran monitores de
TV por donde "pasaban" colores e imágenes emulando el medio en el
que se encontraban, mimetizándose con los corales, las algas, el fondo de
arena... Al principio creíamos que estaba inventando, y unas semanas más tarde
vimos en el Discovery Channel lo mismo que él nos había contado. Lo había
tomado de la web, y lo sorprendente era la precisión con que lo había
descripto, porque era tal cual lo que estábamos viendo. Cuando fuimos a decirle
esto, casi angustiados por no haberlo tomado en serio, Brian no se inmutó para
nada. No estaba ofendido. Lo que hizo fue guiarnos a su cuarto, prender la PC,
abrir un archivo donde tenía guardadas esas mismas imágenes que nosotros
habíamos visto y mostrárnoslas. Nos dejó perplejos: él ya contaba con las pruebas
de lo que nos había dicho y sin embargo ni siquiera se había molestado en
confrontarnos con ellas para convencernos. Su padre y yo le preguntamos por
qué no lo había hecho, para convencernos, o para mostrarnos que él sí tenía
razón, y simplemente contestó `porque me pareció que no les interesaba'."
CONVERSACIONES
No fue fácil
encontrar niños índigo cuyos padres aceptaran "exponerlos" a una
entrevista. Cuando accedí personalmente a algún caso, se me pidió, no obstante,
mantener la reserva de su identidad. Sin embargo, de esos encuentros surgieron
diálogos donde la espontaneidad y la manera de relacionar conceptos, resultarán
familiares para muchos padres y docentes.
Segunda entrevista
con Maxi, de seis años, hablando acerca de Internet:
-Uno
escribe lo que busca y aprieta el botón grande, ese que dice ENTER, y entra. Es
fácil; ¿dónde vas a poner lo que buscas?; en el único lugar en el que puedes
escribir. Después, si te aparecen demasiadas cosas, a lo mejor tienes que
volver a escribir lo que buscas y poner las palabras clave.
-¿Qué
son las palabras clave?
-Son
las palabras que hacen más especial lo que buscas. Si por ejemplo, buscas
perros, te aparece "perros", pero "perros" escrito
millones de veces.
-¿Cómo
"perros escrito millones de veces"?
-Claro,
te aparece la palabra perros en todos los sitios de Internet en que la palabra
perros figura escrita. Entonces le tienes que decir a la máquina que quieres
fotos de perros y no que te muestre cada vez que está escrito "perros"
en alguna parte. Entonces, otra vez: hay que pedirle "perros" y
elegir donde dice "fotos". Es fácil. Y donde quieres entrar, aprietas
el botón del mouse y ya. Por eso lo que usas se llama buscador; te busca lo que
tú necesitas. Pero igual te puede encontrar demasiados sitios donde hay fotos
de perros.
-¿Y
tú qué haces cuando entras a Internet: qué es lo que más buscas?
-No
busco nada. Elijo. Siempre tienes opciones. Yo lo que hago es empezar a
preferir. Encuentro cosas que me gustan y luego vuelvo a preferir dentro de esas
cosas, igual que cuando haces un dibujo, dibujas una parte que te gusta más y
así... Cuando te aburres empiezas un dibujo distinto.
CARTAS
Insisto, obtener
un testimonio directo por parte de los niños índigo no es fácil. Los padres
muestran gran disposición a relatar experiencias y exponer las características
de sus hijos, pero a la hora de cederles el lugar a los niños -los principales
protagonistas- para que hablen y den su testimonio, se tornan generalmente -y
con bastante lógica- reacios a la exposición de sus hijos.
En el sentido
inverso, por intermedio de Internet, se presentan solícitos y bien dispuestos
a comunicarse los adultos Índigo, es decir, personas que al informarse del
fenómeno, consideran que han sido niños o niñas índigo y que creen conservar
algunas o muchas de las características que los definirían en tal sentido. En
la medida en que estas sospechas surgen a partir de la propia mirada,
subjetiva, autoreferencial, resultan sumamente parciales, pero no siempre
descartables. Recibí algunos mensajes interesantes provenientes de gente
joven, muy cercana aún a su infancia y especialmente abierta a comunicar su
experiencia.
Molly Hamilton
Baillie (molly_indigodoll@hotmail.com)
estudiante de Historia, de veinticuatro años no sólo contestó mis
cuestionarios, sino que se interesó especialmente por esta investigación y me
envió extensos mails, subrayando siempre su voluntad de apoyar todo aquello
tendiente a divulgar el fenómeno índigo. A continuación, reproduzco fragmentos
de esas colaboraciones espontáneas:
Día
a día batallo con mis miedos, algunos recuerdos desagradables, y también con
la emoción de haber descubierto lo que soy. En general, a pesar de mis luchas
internas, siempre he vivido en armonía con la naturaleza, he respetado a todos
los entes, y a las personas; el problema fue adaptarme a la falta de armonía
ajena que, con frecuencia, siento que me invade.
El
yoga, el tai-chi, la meditación, los ejercicios espirituales me ayudan. Adoro
levantarme a las 6,30 de la mañana para salir a pasear por el jardín e
impregnarme del olor de las flores, la enredadera y el césped mientras desayuno
y miro al cielo largo rato. Me encanta cuando la brisa y el viento rozan mi
cara. Aprovecho para hacer mi Pranayama.
Sigo
siendo intolerante con los sistemas tradicionales de la universidad como lo
fui, en su momento, respecto de la escuela; me gustaría hacer algo para
cambiarlo, la mayoría está conforme con él. Mis compañeros opinan que la universidad
es difícil, y la verdad es que no es difícil, es aburrida, monótona. Para
obtener el diploma tendré que hacer la vista gorda, lo mismo que hice en la
escuela. Me he rebelado muchas veces y he llegado discutir con una profesora
por lo arcaico del sistema. Pero como mis choques nunca son violentos ni
agresivos, la profesora finalmente entendió los planteos y ahora es una gran
aliada y amiga en la universidad. Las personas mayores son para mi
respetables, en tanto demuestren que han utilizado sus años para aprender.
Me
gusta andar descalza casi todo el día, pisar el pasto. Cuando salgo a la calle
no es un problema ponerme las sandalias, los tacones y demás como cualquier
chica. Hay algunas prendas que me molestan y me ahogan, depende del material, la
lana es algo compleja para mi gusto, lo que más me agrada es la ropa de algodón
sencilla. Descubrí esta coincidencia, e incluso que arrancamos las etiquetas
de las prendas porque nos molestan en el roce del cuello, comentándolo por mail
con otros índigo.
Desde
que era una niña, les enseñaba a mis tíos, a mis padres, a conocer las cosas.
No sé de dónde me salían las palabras, pero para mí todo era enseñar, y ellos
se reían, porque les resultaba gracioso que una nena hablara con los grandes
de igual a igual; recuerdo que mi madre me decía: no te quiero escuchar hablar
con los mayores, quedas como una maleducada. Pero yo siempre estuve convencida
de que "ya" era grande.
Creo
que siempre fui igual, y la razón es que mi espíritu, siempre lo fue, como el
de todos, nuestro espíritu no está sujeto a cambios. Quizás por eso hasta me
cuesta recordar que mi cuerpo fue alguna vez diferente. No fui demasiado
consciente de esos cambios.
Aunque
nosotros tengamos que ser flexibles primero, este es un proceso para todos los
chicos, chicas y adultos índigo, el mundo va camino de flexibilizarse, poco a
poco.
Vamos
a tener que tomar de las manos a nuestros padres, familiares, amigos, en fin,
a todos, para facilitar el cambio. Extremo el uso de los sentidos; en mi casa
se sorprendían cuando además de mirar las cosas las olía, y si se podía, las
saboreaba. Al viento me gusta oírlo, busco partículas en el aire, las veo
dando vueltas, aspiro bocanadas para ver cómo sabe.
CAPÍTULO 5
POLÉMICA SOBRE EL FACTOR GENÉTICO
ADD,
ADHD Y MEDICACIÓN
Curar
es, ante todo, no hacer daño
-HIPÓCRATES
Cuando se habla de
los niños índigo suele decirse de ellos que vienen al mundo con un sentimiento
de realeza, y se sorprenden cuando otros no comparten esa misma sensación; la
autoestima no sería para los niños índigo un tema de preocupación. Georg
Kühlewind asegura, por ejemplo, que simplemente no harán ciertas cosas, como
esperar en una fila, y que se frustran ante sistemas rituales o ante métodos
que excluyen todo pensamiento creativo.
Esta actitud se
correspondería con sus mejores formas de hacer las cosas, tanto en la casa como
en la escuela. El caso del niño que ante la pregunta de "qué números son
divisibles por dos" contesta "todos", da cuenta, entre otros, de
la síntesis de la que son capaces en la resolución de problemas. Sin embargo,
esta misma actitud menos metodológica de lo habitual, los hace parecer rebeldes
e inconformes respecto de ciertos códigos establecidos.
El rechazo, tanto
por la linealidad metódica impuesta desde afuera, como por las coerciones,
amenazas e imposiciones que padres y docentes aplican convencionalmente en su
idea de educación, pone en el tapete el problema de los niños índigo y la
autoridad.
El tema de la
conducta, o mejor dicho, de la resistencia al sistema que el niño índigo juzga
arbitrario, sin explicación comprensible para él, provoca recurrentes consultas
a distintas evaluaciones psiquiátricas. En algunos casos, los profesionales
propician una medicación tendiente a "encarrilar" su atención,
regularizar el comportamiento o disciplinarlos para cumplir objetivos
preestablecidos.
En ese contexto
reaparecen medicamentos alopáticos que fueron lanzados al mercado en los años
'70, pero no habían sido concebidos para tratamientos en niños. Entre ellos se
cuenta la denominada "Ritalín" o "Ritalina": una droga del
tipo de las anfetaminas que, sin embargo, en los niños menores de diez años,
actúa como tranquilizante. El producto cambia de nombre en sus diversas
denominaciones comerciales y suele irrumpir en el discurso médico junto con el
diagnóstico de "Hiperactividad con falta de atención".
En el foro de
discusión de la página de Internet, elclubninosindigo, cotidianamente aparecen
mensajes y respuestas de madres con dudas sobre sus hijos. Los siguientes
corresponden al resumen diario de mensajes del site del sábado 16-3-02:
Mi nombre es Any. Hace dos días, por
un programa de N, supe de la existencia de los niños índigo; desde entonces no
he dejado de buscar información respecto del tema en libros, artículos
médicos, etc. La razón de esta gran inquietud es que tengo una hija de 15 años
que fue diagnosticada con ADD nueve años atrás y por lo tanto toma la Ritalín.
Siempre he pensado que mi hija es inteligente y diferente; cuando ella estaba en
los primeros grados del colegio me tocó discutir mucho y hacerle ver a los
profesores que no era floja sino que se aburría y por lo tanto sus
calificaciones eran regulares. Se le hicieron pruebas, tests de inteligencia,
y los resultados estaban muy por arriba del "average" de los niños de
su edad. Esto ha sido y es una lucha diaria, ella ahora esta en High School,
sus calificaciones son excelentes pero... leyendo artículos como los de María
D. Paoli, José M. Piedrafita y otros, estoy convencida de que se ha cometido
un gran error. Mis preguntas son muchas. Quisiera saber si aquí en Miami hay
alguna organización, clubes, especialistas que la ayuden a encontrarse, a
canalizar sus vibraciones. ¿Es posible que no necesite la Ritalín para
concentrarse? Estoy segura de que me podrán ayudar. Gracias.
Respuesta de una
participante del mismo foro:
Any:
soy chilena y tengo cuatro hijos, el mayor de ellos, Gianluca de 12 años,
también ha sido diagnosticado con déficit atencional y además un trastorno
especifico de aprendizaje. Paralelo a ello, su coeficiente intelectual está en
el rango superior al brillante, sin llegar al superdotado... Hemos peregrinado
por toda clase de especialistas sometiéndolo a tantas pruebas como nos fue
posible.
Él
se encontraba tomando esa misma medicación que mencionaste desde los seis años
y de pronto, no quiso tomarla más, padecía de dolores de cabeza y además
gastritis, sumado a que su autoestima bajó por creer que no es capaz de
funcionar sin el fármaco...
Definitivamente,
las madres poseemos la capacidad de empatizar con ellos y comprender sus
puntos de vista... estamos, al igual que ustedes en un despertar del tema,
tomando conciencia de que la salida debe ser lo antes posible y con la mayor de
las claridades... ignoro hasta ahora, quien más nos podría ayudar, por ello, me
sumo a tu inquietud y espero tengamos buenos logros... tengo mi Fe...
un
abrazo, desde Concepción, Chile.
La confluencia del diagnóstico y
tratamiento ADD + Ritalina constituye en sí misma una alarma para los padres;
una advertencia que, en el buen sentido, lejos de desesperar, podría conducir
al replanteo sobre la naturaleza de su hijo y sus necesidades.
Los psicofármacos
no son una novedad, en la medida en que la alopatía actúa sobre síntomas de la
conducta. La psiquiatría -a veces enfrentada al psicoanálisis en este sentido-
aporta la medicación como principal vía de alivio para las
"disfunciones" que en algún momento de la historia se designaron,
vaya paradoja, "enfermedades del espíritu".
Si bien el
síndrome ADD o ADHD no define necesariamente a un niño índigo, la cantidad de
casos en que se localizan simultáneamente ha sido notable.
Es probable,
entonces, que un niño con ese aparente "déficit" abra, a partir de
dicho cuadro, la posibilidad de ser contemplado de otra manera. Y desde esa
otra perspectiva, allí donde parecía presentarse una enfermedad intrínseca, se
revele, en cambio, un panorama de virtudes.
ADN: EL FACTOR GENÉTICO
Según los
testimonios obtenidos durante mis primeros acercamientos al tema, los niños
índigo presentarían cierta particularidad genética de perspectivas
revolucionarias a nivel científico.
María Dolores
Paoli, especialista en Psicoespiritualidad, plantea, textualmente en la web,
lo siguiente:
Ya
tenemos confirmación, científicamente hablando, del cambio que aportan estos
chicos, manifestándose en la activación de cuatro códigos más en el ADN. lo
normal en los humanos es tener cuatro núcleos que, combinados en sets de 3,
producen 64 patrones diferentes, llamados códigos.
Los
humanos tenemos 20 de esos códigos activados que proporcionan toda la
información genética. Exceptuando tres códigos, que son los códigos de
arrancar y parar, como si fuese una computadora.
Hasta ahora la ciencia ha considerado
a estos códigos desactivados como programas remotos que hoy en día no
necesitamos.
Pero
aparentemente los niños índigo nacen con un potencial de activación de cuatro
códigos más, que se denota en un claro fortalecimiento del sistema
inmunológico.
Esto
ha quedado demostrado por estudios realizados en la Universidad de California
(UCLA). Algunos de esos experimentos han consistido en aplicar dosis letales
cancerígenas y de virus del HIV a una muestra de células de niños índigo
comprobando que éstas seguían reproduciéndose en forma normal.
Luego
hicieron el mismo experimento con diferentes tipos de virus encontrando que
dichas células eran inmunes en todos los casos.
Enterado del tema
ADN, envío un mail a María Dolores Paoli (mpaoli@cantv.net) pidiéndole su
colaboración en este libro mediante un informe completo donde consten las
fuentes precisas de dichos estudios. Tras haber pasado varios días sin obtener
respuesta, decido procurar información por otro camino.
Recurro entonces
al licenciado Carlos Rocco, investigador en genética del CONICET (Comisión
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) de la Argentina, asignado
al área "Receptores del virus HIV". Rocco integró un grupo de
investigación sobre el tema cuyo trabajo final obtuvo el Premio Salud 2001 a
nivel nacional.
Tras enviarle al
genetista una copia literal del texto precedente y pedirle su opinión al
respecto, recibo su evaluación por escrito, que dice:
"(
...) El párrafo sobre el ADN, es, en principio, ininteligible. Sin embargo y
ahondando en su lectura, podemos deducir, basándonos en los números que
menciona, que cuando el autor dice `núcleos' se refiere a `nucleótidos' y los
`sets de tres' equivaldrían a un codón.
Esto
puede obedecer a errores de comunicación, traducción o vocabulario. En cuanto
a sus afirmaciones posteriores, lo único que puedo comentar es que los sesenta
y cuatro codones codifican para veinticuatro aminoácidos, y todas las formas de
vida en el planeta Tierra -desde cada uno de los organismos unicelulares hasta
el ser humano poseen este código único.
El
autor posiblemente haya relacionado alguna particularidad de los `niños
índigo' con la síntesis de aminoácidos, pero esto de ninguna manera implicaría
que se activen cuatro codones más, ya que absolutamente todos los codones
tienen una traducción en aminoácidos, o sea una función específica.
En
cuanto a que `hasta ahora la ciencia ha considerado a estos códigos
desactivados como programas remotos que hoy en día no necesitamos' es necesario
aclarar que en ningún momento los científicos han considerado que el ADN no
codificado, o no traducido, sea innecesario, ya que podría, por ejemplo,
cumplir una función de sostén.
La hipotética demostración de que los
niños índigo nacen con un potencial que se denota en un claro fortalecimiento
del sistema inmunológico `según estudios realizados en la Universidad de
California (UCLA)' merecería un informe más completo acerca de los profesionales
participantes, las condiciones de tiempo y lugar en que fueron hechas esas
experiencias, bajo qué parámetros o qué tipo de estadística se utilizó, etc. En
la forma en que se exponen no son demostrativas de lo que pretende el autor.
Por
otra parte, las células cancerosas, no son infectivas y jamás podrían
`enfermar' a células sanas, pues lo que hacen es reproducirse indefinidamente
a sí mismas, pero no contagiar a otras.
En
general el lenguaje es ambiguo y resulta, por lo tanto, difícil de interpretar
o extraer de él conclusiones válidas."
Hasta aquí, dos
opiniones evidentemente opuestas sobre un tema inicialmente biológico cuyas
extensiones podrían ramificarse a otros campos de discusión que incluyen lo
espiritual, la psicología evolutiva y territorios de la investigación
interdisciplinaria. Decido, pues, procurar una tercera opinión en relación con
el ADN. Recurro, en este caso, a un psiquiatra, terapeuta de alto prestigio y
reconocimiento en su área.
EL ENFOQUE ANTROPOSÓFICO
Roberto
Crottogini fue pediatra, docente universitario de
la Facultad de Medicina y de la Facultad de Psicología de la Universidad de
Buenos Aires, psicoterapeuta infantil y familiar. Tomó contacto con la
Antroposofía en 1979 -llegó a ser presidente de la Asociación Argentina de
Medicina Antroposófica- y desde entonces se dedica a su práctica y docencia.
El doctor
Crottogini ejercitó en muchas oportunidades la experiencia de la escritura
especializada para comunicar las opiniones, evaluaciones y hallazgos que
acontecen en su campo de interés. Merced a esa experiencia puede volcar en un
texto mayor claridad pedagógica de la que surgiría de un reportaje. Juzgo
oportuno, entonces, pedirle una colaboración de su propia firma con respecto
al tema ADN. Tras acceder cordialmente a la convocatoria me hace llegar las
siguientes líneas al respecto:
"Hay
solamente cuatro concepciones globales de la medicina: dos orientales y dos
occidentales. Las dos primeras son la medicina china ( medicina meridiánica) y
la medicina ayurveda que se pierden en los albores de la cultura (3.000 a
5.000 años atrás). Las otras dos provienen de Occidente y son la Homeopatía
(200 años) y la Antroposofía (100 años). Cuando decimos globales significa que
observan al hombre como totalidad en salud y enfermedad y no solamente su
cuerpo físico.
Este
es el caso de la medicina convencional, académica o de las funcione cuya imagen
del hombre se reduce a una máquina (recordar El hombre Máquina de La Mettrie)
casi perfecta que en el transcurso del siglo XX se ha sutilizado merced a la
física subatómica, la cibernética, la ingeniería genética y la biotecnología.
Todos
los adelantos de la ciencia en este último siglo han colocado al hombre al
borde del caos: un intelecto superdesarrollado y una moral casi inexistente
que le han hecho decir a Omar Bradley: "Comprendimos el misterio del
átomo y rechazamos el sermón de la montaña, el nuestro es un mundo de gigantes
nucleares y de enanos éticos".
¿Y
qué es entonces la Antroposofía? La ciencia espiritual o sabiduría (Sofía) del
hombre (antropos) desarrollada por el filósofo austriaco Rudolf Steiner
(1861-1925) es el corolario de un gran esfuerzo metodológico, científico y
gnoseológico para brindar a la humanidad un camino de acceso a un mundo
causal, suprasensible o simplemente "espiritual".
Aquel
viejo conflicto del alma humana entre Verdad y Fe, entre Ciencia y Religión, se
desarrolla aquí cabalmente mediante una teoría del conocimiento (gnoseología)
basada en Goethe que le permite al ser humano observar su propio pensar
(Filosofía de la libertad, de Steiner) y alcanzar una dimensión superior de la
Conciencia.
Así
como al despuntar el siglo XX Sigmund Freud descubre los abismos de lo
inconsciente y postula su dominio sobre un débil yo humano, la Antroposofía nos
permite reconocer nuestro verdadero yo trascendente y la posibilidad de
elevarse a lo supraconciente.
La
Antroposofía se manifiesta en el mundo a través de distintos canales: el arte,
la filosofía, la agricultura biodinámica, la pedagogía, la medicina y la
cuestión social, entre otras.
En
el caso de la medicina, se considera al hombre formado por una estructura
ternaria: cuerpo, alma y espíritu. Todos podemos comprender el funcionamiento
del cuerpo físico y constantemente observamos los vaivenes de la biología
celular cuando se enfrenta al estrés, a las infecciones, a la autoagresión o
al caos tumoral. También podemos comprender la influencia de la alimentación,
la polución y la intoxicación medicamentosa producida por los fármacos
administrados.
Todo
lo inherente al cuerpo físico material es exterior a nosotros ("ocurre
afuera") y lo podemos ver y estudiar objetivamente decidiendo conductas
tales como la inhibición, el reemplazo, la amputación o la supresión de
"ese conjunto de células y tejidos que llamamos "ser humano".
Esta imagen del hombre es característica de una medicina convencional,
tecnológica y superespecializada en órganos, aparatos y sistemas pero muy lejos
de la esencia de dicho ser humano.
Ahora
bien, es mucho más difícil entender lo que no es evidente a los sentidos, como
es el concepto de alma. Lo que llamamos alma en la Antroposofía es algo mucho
más amplio que el concepto de mente o psiquis. Es en realidad nuestro inmenso
mundo interior, un espacio misterioso, secreto, íntimo, donde se juegan
permanentemente nuestras verdades más profundas, nuestros valores y nuestras
miserias (que incluyen la "sombra jungiana"). Es el ámbito del
eterno presente.
Se
torna ahora más sencillo comprender la profunda incidencia que las sensaciones
y sentimientos que viven en el alma humana puedan tener en el ámbito de la
biología (cuerpo físico).
Así
no sería nada descabellado afirmar que el `miedo enferma' o la `esperanza
cura'.
También
sería muy claro comprender cómo ciertos patrones culturales (creencias,
preconceptos o paradigmas) arraigados en el alma humana pueden precipitar
fenómenos biológicos tales como el nacimiento de un nuevo ser, la evolución de
una enfermedad o el tiempo de sobrevida.
Y
ahora tratemos de entender qué es el espíritu. He aquí la esencia de lo
humano..., la individualidad, lo irrepetible e inédito... el yo. Es aquello que
se manifiesta interpenetrando el Alma y el Cuerpo. Se expresa en el cuerpo
físico desde sus primeros balbuceos logrando la postura erecta, el hablar y el
pensar.
Es
el instrumento de nuestra voluntad. Es el responsable de nuestra identidad
biológica (impresión digital, tono de voz, sistema inmunológico, etc.) Es lo
que nos confiere la posibilidad de pensar, entendiendo por ello: la observación,
el discernimiento, la reflexión, el cambio de punto de vista, la escucha del
discurso ajeno, la discriminación del fenómeno percibido y la emisión de un
juicio.
Es
el instrumento que nos ayuda a encontrar el verdadero sentido de la vida.
Si
ahora imagino cualquier fenómeno biológico en la profundidad de un océano
anímico espiritual; como es el ser humano, ¿sería capaz de aventurar un
pronóstico de enfermedad de su cuerpo físico, me animaría a hablar de `enfermos
terminales', por ejemplo?
¿Sería
realmente lo más importante lo que ocurriera con ese cuerpo físico atisbando lo
que significa la conciencia del ser que lo habita?
Estas
consideraciones nos pueden guiar hacia esta concepción del hombre llamada
medicina de orientación antroposófica, que cuenta además con medicamentos naturales
extraídos de los tres Reinos y dinamizados prolijamente, un estudio profundo
de la biografía humana, una terapia artística que incluye el movimiento
(euritmia) una alimentación individualizada y un restablecimiento de los
valores como sustento para enfrentar un desequilibrio biológico llamado
enfermedad.
En
cuanto a la polémica sobre el ADN, esta concepción que he presentado se apoya
en una teoría del conocimiento (gnoseología) basada en las investigaciones de
Goethe, a partir de lo cual tenemos las herramientas necesarias para considerar
cualquier tema, desde lo eminentemente científico natural, hasta los mundos
suprasensibles, esto es, más allá de los sentidos.
Este
es el caso de las observaciones de la "especialista en
Psicoespiritualidad" María Dolores Paoli y la información brindada por el
genetista Carlos Rocco (textos sobre los que se me consulta en la presente
investigación). Esta polarización de opiniones es habitual entre un astrólogo
y un astrónomo, entre un matemático y un cabalista o entre un científico
natural y un psicoespiritualista.
La
autocalificación de "especialista en Psicoespiritualidad" es de por
sí irritante para un cientificista ortodoxo, quien va a criticar rigurosamente
cada párrafo leído, buscando demostrar lo que "no es científico",
antes que imaginar lo aún no demostrado como posible.
Hay
una raza de científicos actuales de la talla de Fritjof Capra, David Bohm o
Rupert Sheldrake e incluso la de aquellos como Albert Einstein, E. Schrödinger
o Max Planck que marcaron rumbos a la humanidad, derrumbando estructuras y
paradigmas, sin compasión por los ortodoxos de su época...
"Una
verdad científica no triunfa porque se logre convencer a sus opositores para
que vean las cosas con claridad, sino porque los opositores acaban por morir y
surge una nueva generación que se familiariza con la nueva verdad",
afirmó Max Planck.
Esto
no quiere decir que corresponda insertar cualquier información
semisensacionalista en un marco seudo-científico para justificar la presencia
entre nosotros de una super raza de "niños índigo" que no habíamos
imaginado jamás, manejando a su gusto los destinos del planeta.
Un
buen ejercicio epistemológico nos exigiría establecer un código amplio de
comunicación entre distintas disciplinas, respetando profundamente un punto de
vista diferente del nuestro, con la verdadera vocación de aprender cada día
algo nuevo, que surja de una labor interdisciplinaria rica en ideas y
conceptos, para que nuestro pensar alcance la verdadera madurez que nos
debemos a cada uno de nosotros, como integrantes de esta enorme nave llamada
también: planeta Tierra.
Sería
bueno recordar frecuentemente aquellas palabras de Gastón Paris:
"No
hay nada que divida tanto a los hombres como la creencia absoluta de ser dueños
de la verdad... y no hay nada que los aproxime tanto como la noble tarea de
buscarla en común."
Sólo
a esta altura me siento capaz de hablar sobre el tema propuesto, tan
controvertido, como la modificación del ADN en una nueva generación de seres.
Creo que dicha transformación no es lo más importante, desde una concepción
antroposófica que pueda llegar a percibir la espiritualidad humana a través de
sus manifestaciones en el plano físico, sino la modificación de la conciencia
en sí de una nueva camada de niños que en vez de `niños índigo' podríamos
llamar `niños estelares' priorizando lo espiritual por sobre lo terrenal.
También
pienso que la importancia atribuida a los genes en estos últimos años, tiene
mucho más que ver con una decadencia de la visión espiritual del hombre y una
necesidad primaria de reemplazar aquella devoción por lo absoluto por una
`deificación' (transformación en Dios) de la ingeniería genética y la
biotecnología.
¿Qué
me dice a mí el sentido común desde una perspectiva antroposófica?
1-
No es precisamente la modificación del ADN lo que va a generar nuevos seres
sino que los nuevos seres que lleguen, si lo necesitan para su tarea, serán
los que modifiquen convenientemente su ADN.
2-
Es mucho más importante que esta comprobación científica respecto al ADN, la
transformación de la conciencia planetaria de los seres que habitualmente
nacemos y morimos en esta Tierra.
3-
Yo he atendido a muchos seres de esta nueva generación llamados `niños
estelares' y también han tenido esta experiencia muchos maestros Waldorf
(pedagogía antroposófica).
4-
Personalmente he guiado a Flavio Cabobianco (autor del libro Vengo del sol) y a
sus padres, para ayudarlo a adaptarse a la densidad planetaria.
5-
Con lo expuesto quiero desalentar esperanzas de un reconocimiento científico
convencional de este fenómeno: no es imprescindible dicho cambio genético para
aceptar la presencia de nuevos seres, es mucho más importante abrir nuestro
corazón a la dinámica de lo vivo, a seguir firmes los dictados del amor
universal y ser capaces de escuchar en la caída del pétalo de una rosa la
música de las esferas."
CAPÍTULO 6
ANTROPOSOFÍA Y PSICOANÁLISIS APORTAN A
LA COMPRENSIÓN DEL TEMA
EL AMOR LÓGICO
Una de las
primeras informaciones recabadas acerca de los niños índigo, a través de
recortes periodísticos y artículos varios, refiere a cómo deben actuar los padres
y docentes.
Los problemas de
"amoldamiento" o adaptación que presentan estos niños ante
determinados parámetros propios de la educación escolar tradicional, de la
crianza, del trato con adultos, llevaron a la doctora Doreen Virtue -psiquiatra
de nacionalidad norteamericana, especializada en el área infantil- a poner en
Intemet el siguiente decálogo, dirigido a padres y educadores:
1- Trate a los
niños índigo con respeto, honre su existencia en la familia.
2-
Deles la oportunidad en todo.
3-
Nunca los desprecie ni los haga sentir pequeños.
4-
Explíqueles siempre el porqué. Si les da instrucciones, no use la frase
"porque yo lo digo", corrija la instrucción; ellos lo respetarán si
lo hace, pero si les da órdenes sólidas y en forma dictatorial, los niños lo
harán a un lado.
5-
Conviértalos en sus socios en su propia crianza. Piense bastante este punto.
6-
Desde la temprana infancia explíqueles todo lo que está haciendo; ellos no le
entenderán, pero su conciencia y el hecho de que los esté honrando se hará
sentir. Esto es una ayuda muy eficaz para cuando ellos empiecen a hablar.
7-
Si surgen problemas serios, como hiperactividad y desorden de la atención,
escuche distintas opiniones antes de suministrar drogas.
8-
Proporcióneles seguridad cuando les brinde apoyo. Evite críticas negativas.
9-
Hágales saber que siempre los apoya en sus esfuerzos.
10-
No les diga quiénes son ellos ahora o quiénes van a ser más tarde; ellos lo
saben mejor que usted. Déjelos decidir lo que más les interesa: estos niños no
van a ser seguidores de nadie.
Los especialistas subrayan la necesidad de
hablarles a los niños índigo con la verdad. Pues, aparentemente, ellos
detectan la mentira como si leyeran el pensamiento (se ha dicho que, de hecho,
lo leen) y no toleran el engaño. Con lo cual, toda metodología coercitiva
habría de fracasar en la crianza, además de obstaculizar su desarrollo
evolutivo. Las disciplinas que han empezado a abordar el fenómeno índigo y con
él a sus pequeños protagonistas, son muchas, aunque no siempre están enroladas
en la medicina tradicional.
En su libro La
Tierra como escuela / Biografía humana: Proyección terrena de un acontecer
cósmico, el doctor Crottogini aborda, en particular, las instancias
temporales de la existencia terrenal del ser humano,
desde una
concepción científico-espiritual. El autor examina la vida de un individuo en
etapas de siete años -"septenios"- caracterizadas por una serie de
incidencias interrelacionadas y analizadas desde la Antroposofía y sus propias
observaciones cosechadas a través de un largo período de análisis y
observación:
"En cada septenio se produce un
nuevo nacimiento y el desarrollo de una nueva etapa en lo físico, anímico y
espiritual. Cada uno de estos ritmos septenarios está regido por una fuerza
planetaria que proyecta su influencia eterna sobre la vida presente.
Al
mismo tiempo que la física subatómica `desmaterializa la materia', que las
investigaciones sobre la conciencia humana trascienden el cerebro físico y que
la psicología Transpersonal da cuenta de un Yo superior, la Antroposofía perfecciona
una metodología precisa para penetrar en dichos mundos superiores: el estudio
de la biografía humana."
La búsqueda de
perspectivas abiertas a nuevas posibilidades me lleva a reunirme por segunda
vez con este especialista, para indagar más profundamente en torno del fenómeno
índigo. Le planteo entonces algunas cuestiones que surgen a medida que avanza
mi investigación:
¿Cuál sería el
cuidado para que, en su primer septenio, es decir, entre el nacimiento y los
siete años, un niño que posee cierta naturaleza privilegiada, ciertos dones,
no los pierda, oculte o sofoque, y en cambio los potencie en su beneficio y el
de quienes lo rodean? ¿Existe la probabilidad de pensar que comunicándonos con
un niño como si fuera índigo, es decir según las pautas sugeridas por los
especialistas -mayor tolerancia, disposición, respeto, atención a lo
aparentemente inexplicable- estemos, en ese mismo acto, impulsando una nueva
generación con aptitudes más positivas?
A partir de estas
preguntas, y de su experiencia en el tema, Roberto Crottogini nos aporta su
enfoque profesional y humano, incorporando una idea que él define como "el
amor lógico":
"Las primeras
reflexiones que nos ocupan al hablar de niños especiales, estelares o índigo
tienen que ver con el universo propio del Ser, insertado en su `nuevo' estadio
de `niño' en la Tierra. El misterio profundo de una conciencia desplegada a
nivel cósmico que debe constreñirse una vez más para integrarse a la materia
en su largo devenir evolutivo. En el primer septenio de la vida, la conciencia
del Yo se `asoma' a través de ese nuevo cuerpecito que deberá conocer como su
nueva morada y del nuevo mundo que la cultura humana ha constituido durante su
`ausencia transitoria'.
Por este motivo es
tan difícil la infancia en cuanto a la adaptación a las nuevas reglas y tan
hermosa en cuanto a la fascinación de descubrir el nuevo mundo.
De allí entonces
que el niño pequeño es un implacable imitador de este nuevo mundo exhibido por
sus padres, su familia, su raza, la herencia de dicha raza, los nuevos paradigmas
culturales y todas las particularidades de este nuevo hábitat. De esto se
desprende la importancia que adquiere cuidar el alma del niño en cuanto a sus
percepciones sensoriales y al sano desarrollo de sus sentidos. Sus órganos
sensoriales actúan como verdaderas antenas frente al mundo circundante (tacto,
vista, oído, olfato, gusto, equilibrio). Todo su cuerpo y su ser se abren al
mundo externo. Moverse para él, no es desplazarse de un lugar a otro sino una
mágica sensación de `flotar' en la gravedad de la Tierra (tan distinta a la
ingravidez del espíritu). Balancearse y practicar juegos rítmicos significan
una novedosa experiencia de vivir en plenitud el desarrollo de su sistema
rítmico (corazón-pulmón).
Si analizamos el
meduloso esfuerzo que debe realizar cualquier ser humano al transformarse de
`conciencia prenatal' en `recién nacido' podemos deducir cuánto es lo que
podremos mejorar, como integrantes de la humanidad, tanto el advenimiento del
nacimiento físico como su preparación para el primer septenio.
Aunque no
demasiado difundido en el seno de la medicina académica, ya han aparecido los
notorios beneficios que vienen aportando las técnicas de parto no invasivas o
agresivas como el parto en penumbra y los partos en agua o domiciliarios que
brindan una verdadera protección al ser que nace.
Entre estos
beneficios se destacan el hecho de ser más tarde líderes naturales en el
colegio, no conocer el miedo y la posibilidad de expresar lo que sienten.
Ahora cabe
hacernos dos preguntas clave:
¿Si estos
elementales cuidados enmarcados en el respeto y la dignidad permiten un
marcado desarrollo de la condición humana, qué niveles podría alcanzar nuestra
humanidad si todos colaboráramos en cuidar la llegada del `nuevo ser' y su
desarrollo inmediato?
¿Y si además
observáramos que una nueva generación de seres está llegando al planeta (con
una evolución superior a la nuestra, lo cual es la regla, preparados para afrontar
las inmensas dificultades que ya nos está generando este caos globalizado),
¿cómo actuar?
Responderé a estas
preguntas, pero antes debo dar algunas características de mi experiencia en
relación con estos niños que yo me inclino a denominar niños estelares como lo
hacen también otros colegas de la Antroposofía, más que niños `Índigo'.
En ellos es
factible percibir algo llamativo en su mirada, ya detectada por sus padres, que
hemos denominado mirada esencial o consciente, para diferenciarla del movimiento
mecánico de los ojos de un niño durante el primer mes de vida. Hablan
precozmente en primera persona, como un indicio de pronta conciencia del yo,
fenómeno que ocurre habitualmente cerca de los tres años (cuando el niño deja
de hablar en tercera persona).
Mi observación
coincide con la de otros autores antroposóficos en el sentido de que estos
niños denotan otro estado de conciencia, que exigen explicaciones claras de la
ley a la cual deben someterse, que no aceptan fingir y reconocen rápidamente
la falta de autenticidad o la mentira. Es muy importante ayudarlos a encaminar
su creatividad pues de lo contrario puede transformarse en agresividad descontrolada.
Por tal motivo muchas veces son confundidos con cuadros de "Déficit de
Atención" o "Déficit de Atención con Hiperkinesia".
Si analizamos más
a fondo la situación cuando son mayores veremos que despliegan un sentido de
compasión y comprensión por el compañero que no es común en los otros niños.
También coincido
en que sus acciones son guiadas por el amor, pero es un amor diferente de lo
que conocemos habitualmente bajo este concepto. A veces preguntan inocentemente:
"¿Cómo yo le voy a devolver una patada a quien me pegó, si la agresión
física es típica de la densidad del planeta y no de él?". Es un amor
racional, lógico, coherente.
Hay en estos niños
un marcado interés por los fenómenos paranormales (experiencias PSI o
telekinesia) y lo concerniente a la metafísica o todo aquello relacionado con
el mundo espiritual, pudiéndose observar, también, que se reconocen entre sí
como especiales, distintos.
Hoy no debe
sorprendernos que un bloqueo sistemático de la creatividad se pueda transformar
en rebeldía, trastornos de conducta, adicciones y criminalidad, según estudios
psicológicos recientes.
Puede ser muy
fuerte para los `niños estelares' darse cuenta de que se han desviado de su
verdadera misión y extraviado el sentido de su existencia. Flavio Cabobianco,
con quien, como dije antes, tuve un trato estrecho, decía, a los ocho años de
edad: "Un niño nuevo sabe que es parte de la Totalidad. Si se le quiere
enseñar la idea de mío se confunde, cree que todo es de él. Hay que dejarlo
compartir. Hay un solo Yo para la Totalidad, aunque el Yo individual es de
una variedad infinita."
Es clave un embarazo
respetuoso, ya desde su concepción, tanto como un extremado cuidado en el
proceso de parto y nacimiento físico.
Sugiero
precauciones especiales en lo sensitivo- afectivo durante el primer mes de vida
(contacto corporal, caricias), música clásica suave (rítmica de Beethoven o
Mozart), en lo posible no salir de la casa (salvo causas de fuerza mayor) para
crear un microclima de paz y armonía en el nido. Finalmente, he aquí algunas
claves para que los padres faciliten, en el primer septenio de vida de sus
hijos, que el niño acceda a una armonía físico-anímica y espiritual.
• El Ideal básico
es la Bondad y la virtud básica, la Gratitud.
• Prestar atención
a la incipiente Conciencia del Yo y al desarrollo de su Percepción del mundo.
• Establecer modos
de relación sanos con el niño (hábitos, confianza y seguridad).
• Observar
atentamente los movimientos y actitudes de los adultos que rodean al niño ya
que él será un imitador implacable de la escena y los personajes que se
presenten delante suyo.
• Las características
esenciales del septenio se podrían presentar como: Abrigo, Calor, Protección y
Cuidado y las "toxinas" de este período como sus falencias: Frialdad,
Abandono e Indiferencia.
• En este primer
septenio de vida el Yo humano está abocado casi totalmente a la
"construcción" de este nuevo cuerpo físico (especialmente sus
órganos esenciales); por lo tanto toda transgresión en lo afectivo y lo
perceptivo traerá aparejada una deficiente constitución orgánica y una debilidad
futura de su sistema inmunológico.
Todo lo
desarrollado hasta aquí facilitará enormemente el advenimiento de una nueva
generación de seres (habilitados probablemente para encaminar el futuro
planeta), entre los cuales se encuentran sin lugar a dudas los "niños
estelares" ya sea con modificación del ADN o sin ella.
Creo que nuestro
deber es cuidar meticulosamente el nacimiento físico de estos niños para que
los dones que traen no sólo no los ahoguen o los pierdan sino que los potencien
en su beneficio y en el de toda la humanidad.
Si cuidamos su
desarrollo con el mismo ahínco que su nacimiento, teniendo en cuenta todas las
pautas sugeridas por la experiencia de la ciencia espiritual, además de la tolerancia,
la disposición, el respeto, la atención por lo inexplicable que sugieren las
escuelas psicológicas modernas, estaremos impulsando una nueva generación con
capacidades superiores a lo conocido y con una marcada tendencia a la
obtención del bien común.
La conclusión es
que los llamados "niños estelares" constituyen una anticipación y un
recordatorio de lo que está ocurriendo en el mundo celeste.
No permitamos que
los prejuicios científico-culturales (paradigmas) paralicen nuestro corazón y
nuestra percepción. Atrevámonos a pensar sin limitaciones.
La conciencia de
Sí que hoy anima nuestro cuerpo físico y asume esta responsabilidad hacia
aquellos seres, será la misma que en un futuro, tal vez lejano, deba preparar
un adecuado genoma humano (con o sin ADN modificado) para ingresar nuevamente
en la corriente de vida de la humanidad.
¡Y en ese entonces
seremos protegidos por aquellos mismos seres que hoy cuidamos...!"
LA HISTORIA CAMBIA DE COLOR
El Hombre no es de ninguna manera un ser
firme y duradero, sino más bien una transición; el puente estrecho entre la
naturaleza y el espíritu.
-HERMANN HESSE
Pensar que los
poderes de los niños índigo podrían permanecer en estado latente sin
manifestarse, nos lleva a otra pregunta ya esbozada en estas páginas: ¿qué
pasaría si empezáramos a relacionarnos con todos los niños como si fuesen índigo?
Esta cuestión
alberga la sospecha de que si experimentáramos trasladar toda la pedagogía
propuesta para el caso de los niños índigo a un niño cualquiera, seguramente al
cabo de cierto tiempo nos llevaríamos una sorpresa.
La relación entre
niños y adultos es bilateral, contiene un feedback que incide en ambas partes
por igual. Nunca ese lazo es inocuo ni fortuita nuestra acción para con un
niño, como no lo es tampoco respecto de un adulto. Sin embargo, el vínculo
niño-adulto, y fundamentalmente cuando se trata de padres e hijos, reviste
perfiles complejos.
Todo aquello que
se proyecta, ordena, o espera respecto de un niño tiene, recíprocamente,
efectos directos sobre el adulto. Efectos que a su vez se retroalimentan en el
niño y el posterior desarrollo o disminución de sus capacidades. Efectos que
construyen "el sentido común", y que la presencia de los niños índigo
podría llegar a deconstruir.
La "Era
índigo" merece un enfoque sociohistórico; valdría la pena indagar qué
constituían los niños y cómo eran tratados en la antigüedad para advertir cómo
puede llegar a modificarse la mirada social sobre determinado sector de la...
¿humanidad?
Las ideas sobre
etnias, sexos y edades no fueron siempre las mismas, ni en Oriente ni en
Occidente. Los colonizadores españoles tardaron en comprender la
"humanidad" de los indígenas americanos, los colonos del norte de
América tardaron en aceptar la "humanidad" de las personas de color
negro y los afganos aún no terminan de convencerse de la "humanidad"
de las mujeres.
Los niños de la
antigüedad sí eran aceptados como humanos desde su nacimiento, pero no como
individuos plenos. En el siglo IV o V un niño era un "proyecto" de
adulto que permanecería en ese limbo hasta el momento correspondiente. Esto
implicaba la ausencia del "imaginario" niño con sus respectivos
productos, ropa, alimentos, etcétera. El niño no existía a los fines de lo
público; no era censado, no existían las escuelas, jardines de infancia,
juegos infantiles, distracciones o espectáculos específicamente infantiles ni
nada que los particularizara como sector. En todo caso, las cuestiones de
niños, incluidos sus juegos, se resolvían entre ellos.
Esta franja
poblacional tan poco considerada en las "edades" de la especie ganó
un espacio notable en la civilización. Sin embargo, tal como viene a
demostrarnos el fenómeno índigo, los niños apenas comienzan
a asomar en el
horizonte de la historia humana. Y su revolución, aunque pacifica, se
preanuncia con un alcance inconmensurable. Basta confrontar lo que es y lo que
ha sido.
En el género
ensayístico existen testimonios que se ocuparon de algo parecido a una
"historiografía" de la infancia, aunque muy parcialmente. Recurro,
por ejemplo, a un pasaje de Historia de la vida privada, de Phillipe Aries y Georges
Duby, donde se revisa el concepto de "niño" que se tenía en el
medioevo:
"Los relatos medievales se hallan
obsesionados por los problemas de la ascendencia, por la función del hijo y por
la importancia casi demencial de las relaciones padres-hijos. Los lazos con el
padre, como ya puede adivinarse, constituyen el objeto de una febril
preocupación en los relatos en que la esposa calumniada se ve acusada de haber
traído al mundo un monstruo que evidentemente no puede ser hijo legítimo del
marido."
En el marco de esa
misma preocupación, exacerbada y fundamentada en cuestiones ajenas al hijo en
sí, el mismo texto concluye:
"La interrogación por los
vínculos de la sangre pone de manifiesto implícitamente hasta qué punto, en las
conciencias medievales, era frágil la certeza de las filiaciones."
Resulta difícil
señalar dónde y cómo emergen los primeros niños portadores de una
transformación en la historia de la humanidad. Ellos no llevan gran
protagonismo en los registros, salvo escasas excepciones. En la actualidad, los
niños en general y los niños índigo en particular, parecen entrar en escena
como referentes de un cambio, de una reformulación que afecta a la especie
humana en su conjunto.
MIRADAS QUE NOS CONSTITUYEN
Distintas
disciplinas coinciden en la idea de que los seres humanos nos constituimos
individualmente a partir de la conjunción entre la mirada de los demás y
nuestra propia mirada dirigida al mundo exterior. Hay quienes sostienen el
argumento según el cual cada individuo "elige" ser de una manera al
definirse por sus acciones, dando pie a una discusión más compleja (donde
entra, por ejemplo, el libre albedrío).
En 1967 el doctor
D.W. Winnicott -psicoanalista británico- publica un estudio oportuno para
comprender la dinámica afectiva y psíquica en el desarrollo infantil. Si bien
este reconocido especialista nada sabía por entonces del fenómeno índigo, hay
entre sus aportes ciertas ideas que vale la pena confrontar con la temática de
los niños especiales.
En The
Predicament of the Family, el terapeuta e investigador se ocupa de los
lazos existentes entre madre e hijo. Aborda allí la construcción de una
individualidad por parte del niño, advirtiendo que: "quienes cuidan a
niños de cualquier edad deben estar preparados para ponerlos en contacto con
elementos adecuados a la herencia cultural, según la capacidad, edad emocional
y fase de desarrollo".
Es útil pensar,
sugiere, en una tercera zona de la vida humana, que no está dentro del
individuo, ni afuera, ni en el mundo de la realidad compartida.
Winnicott propone
pensar esa zona como un vivir intermedio que ocuparía un espacio potencial en
el cual no hay distinción entre la vida del bebé y su madre. Ese espacio
estaría vigente durante un período
prolongado en la
etapa crítica de la separación del no yo y el yo, cuando el establecimiento de
la persona autónoma se encuentra en la fase inicial:
"En
las primeras etapas del desarrollo emocional del niño, desempeña un papel vital
el ambiente, que en verdad aún no ha sido separado por éste. Poco a poco se
produce la separación del no yo y el yo, y el ritmo varía según el niño. Los
principales cambios se producen en la separación de la madre como un rasgo
ambiental percibido de manera objetiva. Si no hay una persona que sea la
madre, la tarea de desarrollo del niño resulta infinitamente complicada.
¿Qué
ve el bebé cuando mira el rostro de la madre? Yo sugiero que por lo general se
ve a sí mismo. Puedo expresar lo que quiero decir yendo directamente al caso
del bebé cuya madre refleja su propio estado de ánimo, o incluso la rigidez de
sus propias defensas. En ese caso, ¿qué ve el bebé?
Muchos
bebés tienen una larga experiencia de no recibir de vuelta lo que dan. Miran y
no se ven a sí mismos. Surgen consecuencias. Primero empieza a atrofiarse su capacidad
creadora, y de una u otra manera buscan en derredor otras formas de conseguir
que el ambiente les devuelva algo de sí. Es posible que lo logren por otros
métodos (los niños ciegos necesitan reflejarse a sí mismos por medio de otros sentidos
que excluyen el de la vista)."
La constitución del yo -es decir, la
autoafirmación de la existencia de un individuo como tal- según coinciden
muchos de los autores revisados (Winnicott, Pearce, Crottogini, Kóler,
Kühlewind) es un proceso de la primera infancia en el cual madre e hijo
participan por igual.
Las miradas de
reconocimiento son, en este sentido, fundamentales. Sin embargo, los niños
índigo parecen presentar una diferencia, o acaso una ventaja en su
constitución individual, en la medida en que ésta se produce sin corte con el
"cordón umbilical" que los une al mundo; el testimonio de Alba
Cabobianco y otros casos, hacen pensar que ellos mismos recalcan con su
presencia y su percepción global ese vivir intermedio del que habla Winnicott,
extendiéndolo a la totalidad de sus vidas, reconociéndose ya no sólo en el
rostro de su madre sino en el rostro de la humanidad.
El universo es su
ambiente. Y todo lo que ven en él los constituye; por eso, la constitución del
Yo no es traumática como podría serlo desde el punto de vista estrictamente
psicoanalítico. En cambio, sí son extremadamente sensibles a todo lo que
sucede en el entorno, porque se sienten realmente parte de él. Ellos traen,
desde su nacimiento, la conciencia de un Yo constituible, pero no
compartimentable respecto del universo.
Por eso no son
capaces de daño, como subrayan casi todas las semblanzas. Y por lo mismo,
tienen una percepción ampliada. Es como si sus sentidos registraran todo lo que
sucede en su entorno a nivel celular, espiritual, afectivo, vibracional.
Esa misma
percepción de los niños índigo presenta casos y ejemplos frecuentes a nivel
familiar. La madre de Maxi, uno de los niños cuyos testimonios ya fueron
incluidos en esta investigación, me cuenta la siguiente anécdota, de cuando su
hijo tenía apenas cuatro años de edad:
'Yo llevaba un atraso de cinco semanas
que me preocupaba bastante. Esto no lo sabía nadie. Ni siquiera mi marido,
que estaba de viaje y no quise comentárselo por teléfono. Uno de esos días, Maxi,
después de despedirnos, cuando me iba a trabajar, me llamó desde la puerta,
pidiéndome que volviera, para despedirse por segunda vez, de `alguien más'.
Cuando volví hacia él, se abrazó a mi panza, en realidad a mi cintura, y le
dio un beso. Le pregunté por qué me besaba la panza: `Porque tienes un bebé ahí
dentro', me contestó. El 15 de ese mes tuve el resultado del análisis: estaba
embarazada."
Tres meses
después, esta madre perdió aquel hijo en gestación. Lo curioso del episodio es
que puede arrojar dos lecturas: unos dirían que el niño percibe esa vida ya
concebida. Otros, opinarán que lo que ha percibido ese niño es el pensamiento
de su madre.
Ambas
posibilidades denotan lo mismo: el niño percibe lo esencial del contexto que lo
rodea y se unifica con ello. Es decir, sus sentidos "no físicos"
atienden a aquello que está irradiando una energía. Si "aquello" es
la preocupación de su madre o es una realidad objetiva, no parece lo importante
a su percepción. Aun sin haber embarazo, el niño igual habría besado aquel
vientre. Porque allí estaba puesta la atención (y la preocupación) de su madre.
Allí estaba "la idea" de una gestación que Maxi, un niño índigo
agudamente conectado con el plano "no físico" advertía, reconocía,
confirmaba mediante un beso.
La esencia a la
cual llega el niño es ese conocimiento que complementa y supera todo proceso
intelectual, técnico o científico. Ese mundo de esencias que él percibe
continuamente lo guía sin rodeos hacia una realidad que puede, incluso, ser una
idea. Pero en todos los casos, se trata de algo que él registra como parte de
un todo integrado donde las ideas, por ejemplo, también podrían ser
identidades, como el hermanito potencial a quien Maxi quiso saludar.
Winnicott explica
hasta qué punto un niño se constituye individualmente por su propia
percepción, pero también por lo que perciben en él y por lo que le comunican,
implícita o explícitamente, no sólo su madre, sino sus semejantes, su entorno.
En el caso del niño índigo, la aceptación y desarrollo de sus atributos tiene
una incidencia clave en ese proceso en que el "Yo" adquiere expresión
propia y consciente.
Si la madre de
Maxi no hubiese tomado nota (en el doble sentido de la expresión) recordando,
advirtiendo esos gestos, habría perdido aspectos especiales en el desarrollo
de su hijo. Aspectos necesarios para él, y para sus padres.
Ese territorio
donde transcurren las ideas, preocupaciones, energías y frecuencias compartidas
intrafamiliarmente, es también el territorio donde se inscribe la evolución que
afecta a hijos y padres por igual.
Las vibraciones
fluctuantes en dicha evolución tienen un peso específico y un valor absoluto
que sus protagonistas no siempre están preparados para ver.
Quizás allí
encontremos una conciencia compartida que estimula el desarrollo de aptitudes
en forma simbiótica. Entre padres, hijos y educadores, como propone también,
Henning Köler cuando habla de una revolución de raíces de pasto, capaz de
cambiarle el rumbo a la civilización.
CAPÍTULO 7
TESTIMONIOS: DAMIÁN E ISMAEL
ÍNDIGO O SUPERDOTADO
Allí donde se
explica someramente el fenómeno índigo a quien lo desconoce, la primera
asociación que surge es en relación con los niños superdotados. El tema merece
algunas salvedades.
La diferencia
entre ambos grupos no está en los niños, sino en el enfoque que le demos a la
cuestión. En cierto modo, remitiéndonos al capítulo anterior, la diferencia
está en nuestra mirada, y es nuestra mirada la que habrá de definir aquello de
lo que hablamos.
Llevado a una
metáfora: si hablamos del maíz refiriéndonos a su cotización en el mercado, a
los países que lo cosechan, a los fertilizantes que optimizan su rendimiento,
no explicaremos nada acerca de su sabor, de su perfume, del lugar místico que
tuvo en la antigüedad, de sus propiedades nutritivas, etcétera.
El superdotado es
una categoría a partir de la cual se estudia a niños con determinadas
capacidades operativas y funcionales que se insertan con éxito en el sistema
educativo. Ese enfoque, por empezar, no admite la potencialidad, en tanto que
una de las primeras cosas que encontramos cuando estudiamos el fenómeno índigo
es que mayoritariamente los niños de hoy guardan saberes que podrían no
manifestarse si no encuentran un espacio para hacerlo.
El niño índigo
conjuga con sus virtudes "técnicas" otras menos
"funcionales", a la vez que suele convivir con una dificultad básica
en el campo de la interacción escolar, por ejemplo. El superdotado, en cambio,
se destaca como tal en tanto y en cuanto su adaptación al sistema fluye por
carriles aceitados, demostrando siempre que es "eficiente" en
determinada materia o en muchas.
Una revista
universitaria de actualidad psicológica titulada La Facu realizada en Chile y
publicada en Internet dedicó todo un número al respecto, donde se expone lo
siguiente:
A
pesar del gran interés que nuestra sociedad afirma tener en el talento y la
creatividad, sabemos muy poco sobre los niños excepcionales o superdotados.
Los
niños superdotados son de alguno forma, diferentes de otros niños
"normales". Vale la pena por tanto investigar sobre estas
diferencias.
Siempre
se ha creído que por poseer dicha sobredotación ellos no nos necesitan, y hemos
centrado toda nuestra atención en niños deficientes. Pero... ¿qué conocemos
sobre la dotación? ¿Sabemos educar a un superdotado? ¿La superdotación se da
solamente en el aspecto cognitivo o también hay individuos superdotados en el
aspecto social o destrezas motrices? ¿Se da en todas las edades? ¿Cómo se
sienten esos niños?...
Es
necesario que en nuestra sociedad, una sociedad en cambios, con una economía de
servicios, que posee nuevas tecnologías, ayude a estos niños y no malgaste todo
ese potencial humano. Superdotado es un concepto que suscita diversas
controversias. En los Estados Unidos se da el título de "supergifted"
a los que brillan en todas las materias y cuyo nivel intelectual se acerca o
llega al límite superior de los tests de C.I. La principal distinción es entre
"gifted" (superan un coeficiente intelectual de 130) y "talented"
(sobresalen en un campo particular).
Entre los padres
de niños índigo entrevistados para esta investigación, sólo cuatro de ellos
conocían el coeficiente intelectual de sus hijos. En dichos casos, los niños
superaban el 130 mencionado más arriba. Sin embargo, ésta no es la condición
determinante para quienes estudian el fenómeno índigo, que ha manifestado
valores mucho más abarcadores, difícilmente circunscriptos a una evaluación
aislada, específica, sobre un concepto muy limitado de "la
inteligencia".
Lo
"índigo" en un niño, no se define terminantemente mediante tests o
calificaciones escolares. Muchas de sus virtudes, como he venido exponiendo,
tienen que ver con un tipo de sensibilidad a la cual no acceden los
instrumentos de la medición binaria.
Los niños
superdotados presentan una efectiva precocidad para ascender niveles dentro
del sistema pedagógico tradicional; su relación con el acceso al conocimiento
muestra diferencias cuantitativas (velocidad de absorción, capacidad de
retención y procesamiento de datos, destreza intelectual).
Los niños índigo,
en cambio, despliegan caminos impredecibles, con métodos propios que los
llevan, en algunos casos, a la resolución de los mismos problemas abordados por
los "supergifted" pero a espaldas del método usual.
Retomando el artículo
universitario en torno de los niños superdotados, surgen otros datos que
demuestran cuán relativos tienden a ser hoy ciertos valores -otrora absolutos-
reflejados en palabras como "inteligencia", "precocidad",
etcétera:
•
En Francia muchos se oponen al término "superdotado" y proponen en
su lugar el de "niño precoz".
•
En Israel, la denominación de estos niños engloba todas las aptitudes y todos
los niveles. Allí, la "precocidad" no está determinada únicamente
por el C.I. Se observa en niños con un nivel académico general muy alto que,
además, durante los primeros
años
de su vida son muy activos y demuestran un gran interés por todo lo que les
rodea.
•
En los Estados Unidos se ha establecido que, por encima de un cierto umbral de
precocidad, cuanto más adelantado en el plano intelectual es un niño, más
difícil resulta su adaptación social y psicológica.
Evidentemente,
toda diferencia, hasta la del superdotado, con su correspondiente aceptación y
exaltación social, puede convertirse en un problema. El informe sobre estos
niños -que es muy extenso y del cual sólo extractamos unos pocos párrafos-
dedica gran cantidad de páginas a las posibles dificultades que habrá de vivir
un "niño genial".
Estos niños suelen
tener metas y objetivos que sienten que "deben" cumplir para vivir en
paz, sin defraudar a los suyos. Con mucha frecuencia - y desafortunadamente-
son los padres quienes patrocinan tal exigencia, quizás como proyección de una
propia necesidad insatisfecha. En los Estados Unidos, hay antecedentes de
padres cuya vehemencia por "exhibir" hijos superdotados desencadenó
situaciones dramáticas.
El niño índigo no
muestra compatibilidad con la escala de valores típica y formal ni procura la
aceptación. Por el contrario, su virtud y su dificultad suelen venir de la mano
de su autosuficiencia. Trabaja mucho con su mundo interno. El niño superdotado
es forzado a trabajar con el exterior, con todos los riesgos que esto implica.
El
superdotado es aquel que brilla o puede brillar en todas las disciplinas -continúa
el informe- aunque también puede serlo el que manifiesta mucho talento en una
materia específica ya que a partir de allí, si se lo estimula, revelará un alto
nivel de inteligencia general.
Una
definición relativamente consensuada respecto de los aspectos que definen a un
niño superdotado incluye seis criterios principales:
1.
Excelencia académica general
2.
Aptitudes específicas
3.
Pensamiento productor
4.
Liderazgo
5.
Talento en las artes visuales y físicas
6.
Habilidad psicomotriz
Otras
concepciones del calificativo "superdotado" varían dependiendo del
país, recalcando distintas capacidades.
Sin
embargo, los superdotados no sólo gozan de una superioridad en el plano
intelectual sino también en muchos otros aspectos de la personalidad y del
comportamiento social. Si superan el trance y alcanzan a ser socialmente
maduros, mantienen excelentes relaciones con sus compañeros; son muy
independientes, lo que les permite una adaptación notable.
En
general, los superdotados tienen una comprensión excelente y un gran interés
por todo lo que se les transmite. Resulta notable su permanente deseo de estar
en alguna actividad, lo cual se complementa con una importante tendencia a
dormir menos de lo normal.
Una
vez adquirido el lenguaje, lo manejan a un nivel más que satisfactorio para su
edad. Además, a estos niños les gusta examinar, manipular... dando pruebas de
una notable concentración en sus actividades; lo que parece esencial para la
memorización y una elevada actuación intelectual.
Comprenden
rápidamente lo que se les explica e imitan con facilidad los comportamientos
de los adultos. Desde la primera infancia, les gusta mucho más que a los otros
niños mirar las ilustraciones, hacerse leer y contar cuentos, y mirar la
televisión. En el colegio, los superdotados aprenden antes, mejor, más deprisa
y a menudo de una forma cualitativamente diferente que la mayoría de los otros
niños,
agrega el informe
en sus párrafos finales.
Afloran, en estas
últimas observaciones, coincidencias y diferencias evidentes de planteo y
recepción por parte del mundo adulto para con los niños y sus particularidades.
El superdotado,
para serlo, requiere una demanda y una exigencia constante.
Por su parte, el
niño índigo -según indican los estudiosos del fenómeno- requiere, en el marco
de sus particularidades, aceptación y flexibilidad para acceder a un desarrollo
pleno y feliz.
JUGUETES CON MENSAJE
Caleidoscopio: m. Aparato formado por un
tubo opaco en cuyo interior hay dos o más espejos colocados en ángulo agudo que
multiplican simétricamente la imagen de los objetos colocados entre ellos.
-DEFINICIÓN DE UN DICCIONARIO ESCOLAR
Damián tiene diez
años. Es hijo adoptivo y lo sabe prácticamente desde que tiene memoria, sin que
esto le haya generado ningún trauma aparente. Cuando le pido una opinión
respecto de su circunstancia en comparación con la de otros chicos (si le trajo
problemas, si se sintió diferente, etcétera) me contesta:
"Para
nada, hay muchas maneras de ser una familia. Yo conozco en la escuela un montón
de chicos que tienen a los padres separados y les parece normal. Algunos chicos
tienen nada más que una mamá, o unos abuelos. Otros tuvieron papás después de
nacer, como yo y un chico que conozco, pero que no quiere que lo digan.
A
mí no me molesta hablar, pero tampoco digo que la única forma normal es ésta.
Había familias en África que primero nacían los chicos y después se los daban a
los que podían ser mejores padres. Hay chicos que nacen sin que sus padres
quieran. Yo tuve la suerte de que los míos hicieron de todo para tenerme...
seguramente tenían muchas ganas."
Con el tiempo, han ido reconociendo en él
todas las características índigo sin saber de la existencia del fenómeno. La
mirada, la inteligencia, los episodios de percepción extrasensorial (anticipación
de hechos, puntualmente) en este caso estaban mezclados con una circunstancia
de por sí especial, y por lo tanto resultaba difícil adjudicarle tal o cual
explicación.
Graciela y Ricardo
entendieron, con el tiempo, que esa caracterología de su hijo iba más allá de
las explicaciones habituales que daban los psicopedagogos. Ellos mismos sentían
que sus roles, en el vínculo con Damián, llevaban por propia gravitación, al
aprendizaje, antes que a la contención:
"Aprendimos mucho de nuestro hijo
-me asegura Graciela- en particular, respecto de cosmovisiones que él trajo
al centro mismo de la familia, como la relación con el destino, con el devenir.
Damián tiene una especie de fe absoluta por lo que va a suceder, sin importar
lo que sea. Esto es notable, porque entonces, en su historia -quiero decir,
en su historia previa a nosotros, que es breve pero intensa- la adopción
irrumpe como un antídoto contra todo desánimo a futuro. Es lógico, si uno
piensa que en este sentido lo que para él empezó mal, porque empezó como un
abandono, se resolvió con encuentro feliz. Pero esta sería una manera muy
racional de ver el tema. Yo creo que hay en él algo innato que le permite ver
la sabiduría del destino como parte de un transcurrir donde todo encaja, aunque
no parezca tener explicación en lo inmediato. Una de las características más
notables que tiene Damián es la ausencia de miedo. Se asusta ante lo repentino,
como cualquier chico o cualquier adulto, pero no "incuba" el miedo,
no lo desarrolla, no lo fomenta, no lo construye. Y el miedo, lo sabemos, es
como una construcción. Su aceptación ante el destino es casi una fe; esto nos
lo ha demostrado en infinidad de situaciones de las que, lógicamente, sale bien
parado. Por eso, insisto, él es un hijo, pero también es, en cierto modo, un
maestro, aunque suene raro."
De las muchas
charlas que tuve con Damián seleccioné una que refleja con gran riqueza
descriptiva no sólo su personalidad y su universo, sino también su cosmovisión
de las cosas.
Hubo una conversación
en la que empezamos hablando del juego; un factor lleno de implicancias, en la
"sintonía fina" evolutiva de un ser, según los distintos autores que
he estado recorriendo durante esta investigación.
Como la mayoría de
los padres adoptivos, estos son especialmente cuidadosos en el control de lo
que "llega" hasta su hijo, aunque no obsesivos. Por lo mismo,
intentan mantener a Damián alejado de actividades alienantes, como los juegos
electrónicos o la televisión. Sí le compraron una computadora hace un año,
considerando que le sería útil para el colegio. Sin embargo, a diferencia de
otros niños índigo, a este "chico del nuevo milenio" la tecnología no
le interesa gran cosa. Está fascinado, en cambio, con un juguete manual cuyo
misterio no pasa de moda: el caleidoscopio.
Dado que ya ha
abierto y "arreglado" varios, conoce su funcionamiento a la
perfección e insiste en explicármelo:
Si
lo das vuelta, cambia, siempre. Nunca sabes cómo se va a acomodar el nuevo
dibujo, pero nunca es feo. Las figuras se organizan todas parejitas, son todas
iguales entre ellas, pero el dibujo no lo puedes volver a repetir. Jamás.
Tienes que despedirte de cada dibujo, por más que te guste.
-Vendría
a ser, igual a las cosas que pasan en la vida real. No puedes repetir las situaciones,
por más que te gusten...
-Claro...
es como la vida de cada uno. Se pueden sacar fotos, filmarla en video, pero lo
que pasó, pasó. Siempre es distinta, por más que la muevas y busques repetir, o
armar de una manera, haciendo miles de cuentas, calculando todo, no hay forma,
es siempre distinta...
-Me
dijeron que te gusta desarmar los caleidoscopios: ¿cómo son por dentro?
-En
realidad, adentro no tienen mucha sorpresa; yo esperaba más. Los sigo abriendo
para ver cómo están puestos los espejos, porque no todos funcionan igual.
Además me sigue pareciendo raro: son unas piedritas y unos espejos muy
chiquitos, nada que ver con lo que ves. Pero hay que enfocarlo para arriba,
contra la luz, si no, es un pozo gris. Es como todo: si no hay luz, no ves. Por
eso siempre buscamos lugares con luz para ver."
Las relaciones que van de un objeto al
destino son frecuentes, las escucho en cada entrevista; la metáfora actúa en
ellos con una increíble funcionalidad para entender el mundo. Más que un
recurso, es su lenguaje habitual, más allá de toda voluntad estética, ellos lo
aplican para acercarse a la verdad, como un artista, o un místico adulto.
LO
TUYO, LO MÍO, LO NUESTRO...
Soy un ser ilimitado que acepta de forma
ilimitada los bienes provenientes de una fuente ilimitada.
-LOUlSE
HAY
Ismael tiene nueve
años y es hijo de una empleada doméstica que trabaja por horas en distintas
casas. A diferencia de otros niños índigo, él no creció con una computadora en
su hogar. Tomó contacto con una PC acompañando a su madre al trabajo, cuando
limpiaba el departamento de un joven que estaba siempre ausente. Isabel me
cuenta que su hijo aprendió el funcionamiento casi a escondidas, mientras ella
limpiaba el living y lo dejaba mirando televisión en la habitación contigua.
"Nadie le explicó nada: un día me
llama desde el cuarto y me muestra: `Mamá, estoy dibujando en la pantalla'. Al
principio casi lo mato, lo hice apagar todo. Pero después él mismo le contó al
dueño de casa, que se quedó sorprendido y le pidió a Ismael que le explicara
cómo había hecho. Porque el muchacho, que es periodista, apenas manejaba cosas
que mi hijo había aprendido solo en unos pocos días."
Durante nuestra
entrevista, Ismael no pudo decirme exactamente cómo había aprendido a usar un
programa de dibujo. Le pedí que lo hiciera delante de mí y noté que se guiaba
con intuición natural sobre los símbolos. Entendí, por su relato, que había
necesitado algún tiempo para advertir la lógica del cursor.
Es decir que
apretando un botón o soltándolo, conseguía moverlo, cambiarlo de lugar y dejar
huella con él, si quería trazar una línea. Superado ese obstáculo nada le
había costado. Hacía dibujos guiándose por los íconos: apretaba el símbolo que
representa un borrador y borraba, usaba un pincel, elegía colores, texturas, y
llenaba el cuadro rápidamente. No dudaba ni parecía importarle mucho el
detalle del dibujo, sino las condiciones de su realización; la posibilidad de
materializar algo partiendo de la pantalla vacía. Era esa fascinación por el
proceso lo que lo mantenía como hipnotizado frente al monitor hasta que final
mente cliqueaba "print" (en sus palabras el dibujito igual al aparato
de donde sale el papel) y me daba la hoja con la certeza de haber hecho las
cosas bien.
Todo esto lo
aprendió Ismael, aproximadamente en cuatro jornadas de dos horas cada una, sin
que su madre lo supiera, mientras ella trabajaba.
La historia de
Ismael me sorprendió en particular respecto de un tema casi tabú,
frecuentemente eludido al hablar de niños; las diferencias socioeconómicas y su
incidencia en el factor evolutivo.
Recién al toparme
con este caso comprobé que existen ciertas posibilidades que no están
netamente condicionadas al contexto sociocultural del niño. Tras haber vivido
esta experiencia, su madre, afortunadamente para ambos, incentivó a Ismael con
mayor expectativa hacia lo tecnológico. Pero la revelación inicial de su hijo
fue espontánea.
Por supuesto que
este episodio debe ser tomado con pinzas; ignorar la desigualdad que provoca el
acceso a la tecnología dado por condicionamientos económicos sería necio. Lo
rescatable aquí es que sí existe una tendencia de ciertos niños a manejarse
con una capacidad de incorporación de reglas y códigos muy superior a la de
épocas anteriores. Es como si absorbieran determinados lenguajes que, por otro
lado, tienden a ser lenguajes universalizados por la comunicación urbana, aun
para los sectores de menores posibilidades de acceso al consumo.
Barbra
Dillenger, coautora del libro índigo Children,
asegura haber realizado una comparación estadística al respecto, tras la cual
comprobó que los puntajes de CI (cociente intelectual) han mostrado una alza
sorprendente en los últimos 50 años y las diferencias entre puntajes de
estudiantes blancos y estudiantes de las minorías raciales en los Estados
Unidos se están achicando.
Deduzco a partir
de este testimonio que los niños índigo son funcionales a si mismos y a la
humanidad, pero no siempre al sistema, en la medida en que este choque con
necesidades evolutivas. En tal aspecto, ellos son selectivos, toman y
relacionan aquello que les despierta una curiosidad específica en cada caso.
Pero ante todo, son fieles a su esencia, más allá de los caminos que les
indiquen, y por eso también, suelen hacerse ver, si no se los censura previamente.
CAPÍTULO 8
LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA
NUEVOS
MODOS DE APRENDIZAJE
A poco de nacer
Carla, sus padres reconocieron en ella algo notable y diferente respecto de las
tres hijas anteriores que habían criado. Distintas experiencias -algunas
traumáticas y otras felices- los fueron poniendo en contacto con el fenómeno
índigo hasta concluir que la recién llegada formaba parte de él. Buscaron, a
partir de entonces, un ámbito escolar que la contuviera, sin aislarla o
presionarla. Tras una búsqueda minuciosa y debatida entre ambos, optaron por
una pequeña escuela en su propio barrio. Los convenció una serie de charlas
previas que tuvieron con su directora, Susana, cuya propia experiencia de vida
había influido positivamente para desarrollar y perfeccionar ciertos ideales
docentes, con una atenta apertura a cada nueva revelación en materia de
descubrimientos educativos y pedagógicos.
Carla estuvo
cómoda desde su primer día de clase. Se la veía feliz, sociable, hacía amigos
entre sus compañeros y maestras. Al promediar el primer grado se le encargó que
preparara, con total libertad de método y criterio, un trabajo de
investigación acerca de las plantas. Recordando una vieja enciclopedia que
había en su casa, de la cual sus padres hablaban maravillas, decidió recurrir a
uno de aquellos pesados tomos. Impresionada por las palabras
"difíciles" que encontró en esas páginas, Carla preparó una
presentación con gran pompa. Copió láminas, gráficos repletos de detalles, y
memorizó largos textos con mucho esfuerzo y aburrimiento, pero la impulsaba la
idea de que eso era lo que se esperaba de ella. La tarea le llevó varias
jornadas cuyo sacrificio suponía necesario. Llegado el día de la presentación,
llena de expectativas, colgó las láminas en el frente de la clase y parada ante
sus compañeros desarrolló un largo discurso repetido textualmente de la
enciclopedia. A medida que avanzaba su exposición notaba el desconcierto de los
demás chicos, al tiempo que su propio desconocimiento esencial sobre lo que
estaba diciendo. Al terminar, percibió que todo había sido un gran fracaso.
Cuando llegó el turno de las preguntas comprobó con mayor certeza lo poco que
sabía acerca del tema. Angustiada, se fue a sentar a su banco y lloró
desconsoladamente. Le costaba entender en qué se había equivocado, aunque
empezaba a vislumbrarlo.
La crisis de Carla se reformuló en
aprendizaje cuando, poco después, decidió pasar un fin de semana en lo de su
abuela. Durante esos días pasó largo rato observando las plantas. Encontraba
actitudes humanas en ellas; unas que sofocaban a las otras; flores tan hermosas
como frágiles, enredaderas que se pegaban a la pared y su abuela llamaba
"amamuros". Tomó algunas notas, hizo dibujos, probó con su dedo índice
el sabor del rocío (descubrió que no tenía gusto a nada, como el agua) La
sorprendió ver que una hormiga puede cargar hojas mucho más grandes que su
cuerpo, y se preguntó a quién se las llevaría. Y miró a los colibríes y
abejas, que por alguna razón flotaban un rato sobre distintas flores, como si
estuvieran buscando algo. Al llegar el lunes, llevó sus dibujos, anotaciones y
recuerdos a la escuela. Contó todo lo que había visto y su relató tuvo aquello
que la presentación formal y enciclopédica no había conseguido: se produjeron
discusiones sobre el porqué y el cómo de cada detalle en ese jardín. Por
ejemplo, sobre si el rocío era agua sola o con algo más, si el picaflor jugaba
o trabajaba, si las hormigas eran enormemente fuertes o las plantas muy
livianas, si había plantas buenas y plantas malas, si las plantas pensaban o
sentían, entre otras incógnitas similares que tienen los chicos a los seis o
siete años y por alguna razón los adultos olvidan y las enciclopedias no
priorizan.
Esta anécdota
-narrada con humor, algún tiempo después de sucedida, por Carla, sus padres y
su maestra- revela en qué medida los niños de hoy "traducen" en sus
propios triunfos y fracasos la transformación educativa que atraviesa la
humanidad respecto del conocimiento profundo; a veces, incluso un chico de espíritu
libre, criado en un ámbito de estímulos y libertad, es permeable a la mística
mecanicista de un pasado no muy remoto.
Es notable el
hecho de que, como motor de cambio, junto con la inercia del retroceso, se
revela en cada nuevo niño una búsqueda de sinceramiento, tras lo cual surge la
potenciación de esa virtud que implica querer saber en lugar de repetir el
discurso establecido. Y entonces, como en la historia de Carla, esa
"vocación por lo real", por la interpretación de las cosas, más que
por "las cosas de la interpretación" emerge con fuerza.
El propio sistema
educativo empieza a aportar, como fruto de un autoexamen que ya opera con
resultados concretos en ciertos países, algunas conclusiones para reformular
la idea de la enseñanza formal.
La pedagogía, en
el marco de la educación, es una ciencia ineludiblemente ligada al feedback -a
la interacción- con los niños. Su campo teórico y práctico no puede alejarse
de ellos. Cada aporte, de Piaget, de Gessell, de Steiner, se constituye en el
territorio de una dinámica continua que sigue abriendo puertas entre maestros y
alumnos; entre lo que es y lo que será.
Tyna
Blythe, docente e investigadora del Proyecto
Cero en la Escuela de graduados de Educación de la Universidad de Harvard,
U.S.A. ha publicado en 1998 un trabajo titulado La enseñanza para la comprensión,
donde expone cómo ha cambiado el enfoque docente a partir del trabajo con niños
cuyas respuestas han replanteado los modos de aprendizaje:
"Estimular
la comprensión es una de las máximas aspiraciones de la educación, y también
una de las más difíciles de lograr. Pero el concepto mismo de comprensión
plantea complejos interrogantes: ¿qué es comprender algo? ¿De qué manera
desarrollan la comprensión los alumnos? ¿Cómo averiguar hasta qué punto
comprenden un tema?
¿Cómo
podemos apoyar de un modo coherente el desarrollo de la comprensión?"
A partir de esas
preguntas, la autora expone el nacimiento de un proyecto y un propósito:
desarrollar un enfoque de la enseñanza para la comprensión basado en
investigaciones y sometido a prueba en las aulas.
Al cabo de cinco
años de trabajo y análisis, descubrieron, entre otras cosas, que:
• La memoria no es
importante. Memorizar las tablas de multiplicar, por ejemplo, no significa que
los alumnos comprendan lo que son ni cuándo utilizarlas.
• La buena
conducta no sirve para estimular la comprensión. No es esto lo que la
garantiza; por encima de ella debe estar el interés.
• Antes que
"buscar hechos", es construir y demostrar teorías lo que hace a los
niños comprender qué es la ciencia.
• Cómo usarlo que
sabemos para calcular lo que no sabemos" es lo que diferencia el
aprendizaje de la acumulación de conocimientos memorizables.
• En el arte y la
literatura, los niños comprenderán cómo las metáforas configuran nuestra
manera de experimentar el mundo.
No es casual que si confrontamos estas
conclusiones con las características de los niños índigo y su manera de
abordar el conocimiento -metafórica, autodidacta, rebelde frente a los
procedimientos lineales- encontremos coincidencias básicas entre el cambio y
lo que ellos demandan implícitamente, con su presencia.
Vito
Perrone -catedrático titular de educación y
director de formación docente en la Escuela de Graduados de Educación de
Harvardfue uno de los colaboradores en la preparación de Enseñanza para la
comprensión, además de haber escrito numerosos trabajos sobre niños, entre los
cuales tuvo gran divulgación en los Estados Unidos su 101 Educational
Conversations with Your Child.
Este autor
fundamenta el cambio profundo que se ha producido en las ideas educativas
remitiéndose a los años '60 en su país. El enfoque de Perrone abarca las tres
últimas décadas norteamericanas relacionando lo histórico, lo educacional y lo
social:
“Los
sesenta demostraron ser años de cambio social masivo en los Estados Unidos.
Las desigualdades de la vida norteamericana se volvieron cada vez más evidentes
y se entendió que exigían una respuesta pública a gran escala. La incapacidad
del sistema educativo de ofrecer asistencia a todos los estadounidenses sobre
una base equitativa se convirtió en un importante tema público. El apoyo al pluralismo,
durante largo tiempo dejado de lado en los comienzos de la teoría del crisol
de razas, creció con el reconocimiento de que era necesario para la creación
de una democracia social que funcionara mejor. La despersonalización, generada
en gran parte por los crecientes niveles de tecnologización y burocratización
en casi todas las fases de la vida, produjo una respuesta radical. La conciencia
del rápido agotamiento y desaparición de los recursos naturales estimuló una
creciente preocupación por la `nave espacial terrestre'. Y la guerra de
Vietnam, que demostró ser menos popular que cualquier otra empresa militar
anterior, llevó la protesta a un nivel muy alto. Esta atmósfera generó una ola
de reformas educativas que se hizo eco en los esfuerzos reformistas anteriores.
Algunas de las reformas educativas de
los años sesenta fueron caracterizadas por la prensa popular como meramente
románticas -vinculadas con el cuestionamiento general, por parte de la
sociedad estadounidense, del estilo de vida y el cambio cultural- pero por
cierto incluyeron una investigación pedagógica seria en torno del tema de la
comprensión. Jerome Bruner representó la influencia intelectual dominante.
Bruner
proponía un acercamiento a un aprendizaje reflexivo, que estableciera
conexiones sólidas con la vida de los estudiantes y con su necesidad de
comprender el contenido, no sólo con su capacidad de repetir las formulaciones
de texto."
Entre los diversos
proyectos curriculares del período, Perrone menciona el Elementary Science
Study (Estudio elemental de la ciencia): un trabajo publicado en 1966 por el
Educational Development Center (Centro
de desarrollo Educativo) del cual él y su grupo tomaron ideas centrales
para la elaboración de nuevos conceptos sobre la enseñanza. En su introducción,
este proyecto curricular se anticipa al fenómeno que más tarde pondría en
escena a toda una generación de nuevos niños, sosteniendo aquello que hoy
resulta casi obvio:
"Es evidente que los niños son
científicos por disposición: hacen preguntas y usan sus sentidos tanto como
sus poderes de razonamiento para explorar su entorno físico; obtienen una gran
satisfacción al descubrir qué hace funcionar las cosas; les gusta resolver
problemas; se sienten desafiados por nuevos materiales familiares. Esta curiosidad
natural de los niños y su libertad respecto de preconceptos acerca de la
dificultad es lo que este programa trata de cultivar y orientar hacia canales
más profundos. Nuestra intención es enriquecer la comprensión de todos los
niños."
Respecto de la
estrategia de enseñanza, la misma guía afirma:
"Queremos que los alumnos no se
conformen con reconocer la autoridad científica, sino que desarrollen la confianza
y las habilidades necesarias para cuestionarla con inteligencia. Por este
motivo juzgamos necesario ayudarlos a confrontar el mundo real y sus materiales
físicos directamente, más que por medio de intermediarios como los libros de
texto... no conviene explicar las cosas Prematuramente ni dirigir en exceso la
exploración de los niños."
El profesor
Perrone subraya que en este período de reforma sin precedentes en los Estados
Unidos, se reafirmó la indagación como modelo de discurso: interrogar,
mantener un sano escepticismo, desarrollar hipótesis; experimentar, examinar
una variedad de datos -ya sea que confirmen o desautoricen las teorías previas-
y articular una variedad de explicaciones posibles. Ya en la década de 1960
habían comenzado a preconizar las investigaciones científicas por parte de
estudiantes muy jóvenes, y a hablar de la necesidad de "descubrir"
más que de "cubrir un tema". Sin embargo, el autor advierte que
aquellas iniciativas no prosperaron en los años setenta y ochenta, cuando, por
el contrario, varias fuerzas contribuyeron a un resurgimiento de paradigmas
menos activos y complejos. Acusa en esos años a lo que él llama un
"contragolpe fundamentalista" que desalentó la participación federal
en programas innovadores.
El siglo XXI
presenta para Perrone un panorama diferente y optimista:
"Una vez más los críticos
escolares están pidiendo que los alumnos vayan más allá de los hechos, para
convertirse en personas capaces de resolver problemas y en pensadores creativos
que vean posibilidades múltiples en lo que están estudiando y que aprendan cómo
actuar a partir de sus conocimientos. Tal vez el ejemplo más visible sea la
Coalición de Escuelas Esenciales conducido por Theodore Sizer, que subraya que
`menos es más' respecto de lo que se enseña y aprende."
Los trabajos de
estos investigadores, las corrientes educativas del tercer milenio y la
interactividad de los nuevos niños con respecto a la educación, no avanza al
mismo ritmo en todo el mundo. Molly, una índigo adulta que ya he citado, me
decía:
"El sistema universitario, aunque
digan lo contrario, es a largo plazo el mismo que el de la escuela. Después de
haber sido `oyente' durante más de diez años, uno se da cuenta de que sigue
siendo `oyente' en la universidad o en un nivel superior terciario. Por mi
parte esperaba que la universidad me diera lugar para la creación, pero no fue
así. De manera que elegí, paralelamente a mi carrera universitaria, escribir
mis propios ensayos."
Todo indica que el
sistema educativo está en pleno proceso de cambio, pero éste es irregular y
seguirá evolucionando paralelamente con las respuestas y manifestaciones que
los nuevos niños sumen a los pioneros -padres y docentes- capaces de advertir
el giro en este sentido.
EL PROTAGONISMO DE LOS NIÑOS
La misma tendencia
que viene incidiendo en la educación tiene su correlato en el arte, en el
entretenimiento y en la comunicación a nivel masivo. La proliferación de libros
y películas donde los niños pasan a un primer plano en la acción, e incluso con
poderes y atributos fantásticos encuentra su mejor ejemplo en Harry Potter.
Llama la atención que entre tantos productos destinados al consumo infantil se
haya disparado vertiginosamente una secuela de historias en las cuales sus protagonistas
son pequeños magos: niños con atributos secretos, dotados para cambiar el
mundo, actuando sobre el entorno con capacidades insospechadas, sorprendiendo
al establishment adulto.
La realidad supera
a la ficción, pero la ficción se nutre de ella. Y por primera vez, los niños
comparten un producto plenamente legitimado por el universo adulto. En febrero
de 2002, el escritor Fernando Savater declaraba al periódico Clarín de Buenos
Aires:
"Desde las primeras páginas de la
primera novela, las narraciones J. K. Rowling me han atrapado como a cualquiera
de sus jóvenes aficionados que casi podrían ser mis nietos. Ahora chicos y
chicas hacen cola en las librerías esperando que llegue la última entrega de
su héroe favorito. Mañana, también leerán a Proust o a Vargas Llosa. Aunque
nunca olviden -lo espero y lo deseo- a Harry Potter."
Bien podría
invertirse el planteo de Savater, y suponer que son los niños quienes desde su
propia elección masiva y espontánea -el mercado editorial nunca antes había
registrado tamaña audiencia infantil- un nuevo capítulo para que los adultos
"leamos" a partir de sus preferencias, el lenguaje de una nueva raza
de niños avecinándose en el horizonte.
"Creo que
Rowling es una seguidora aventajada del gran Tolkien de El señor de los
anillos", agrega el autor español en el mismo artículo, dando allí con
otra clave. Tolkien es otro de los "grandes éxitos" en la naciente
audiencia infantil. Y sus protagonistas, sin ser niños, configuran esa
pluralidad de razas, de mundos en disputa, de una lucha por el bien, de una
universalidad para ver el campo de la existencia que excede plenamente el de
Tom y Jerry o las trilladas sagas de Walt Disney donde los animales -fueran
patos, perros o ratones-repetían tan fielmente la conducta de la clase media
norteamericana que no se diferenciaban en absoluto de humanos adultos comunes
y corrientes.
La fantasía en su
cabal dimensión es la que con más fuerza impacta a los chicos de hoy, y no es
descabellado pensar que hasta les resulte familiar, necesaria y positivamente
evolutiva a la vez. Pero no sólo la fantasía meramente lírica, sino incluso
aquella que se conecta con los problemas reales del ambiente.
Es cada día más
común encontrarse con revistas, programas radiales, televisivos,
organizaciones no gubernamentales, proyectos ambientales y emprendimientos
culturales o artísticos conducidos por niños menores de doce años.
Si a partir de los
años cincuenta la posguerra trajo adolescentes rebeldes que en los sesenta
produjeron su mayo francés, podría decirse que los noventa y el nuevo siglo,
traen una generación de niños protagonistas, "usufructuarios" de la
fantasía como un instrumento de posible aplicación reivindicativa en la
realidad. Niños con atributos concretos para la resolución de problemas
nuevos, capaces de organizarse, de reformular con sus respuestas el sistema
educativo, de conectarse por Internet a foros propios de discusión, de
insertarse en los medios de comunicación, de activar, con su impronta, una
humanidad distinta.
CAPÍTULO 9
UN NUEVO ESTADO DE CONCIENCIA
TERAPIAS COMPLEMENTARIAS Y NIÑOS ÍNDIGO
Los niños deben recordar que el oficio del
padre, como emblema de poder creativo, es divino en su misión, pero no implica
restricción en el desarrollo ni obligaciones que puedan obstaculizar la vida y
el trabajo que les dicta el alma. Es imposible estimar en la actual
civilización el sufrimiento callado, la represión de las naturalezas y el
desarrollo de caracteres dominantes que produce este hecho. En casi todas las
familias, padres e hijos se construyen cárceles por motivos completamente
falsos y por una equivocada relación mutua. Estas prisiones ponen barras a la
libertad, contaminan la vida, impiden el desarrollo natural, traen infelicidad
a todos los implicados y provocan esos desórdenes mentales -nerviosos e incluso
físicos- que afligen a la gente, produciendo una gran mayoría de las
enfermedades de nuestros días.
-EDWARD BACH (Creador de las Terapias
Florales)
¿Los niños índigo
necesitan terapias? ¿No están acaso mejor dotados que el resto? La respuesta,
según los especialistas, es afirmativa en ambos casos.
La explicación de
por qué habrían de ser necesarias determinadas terapias, remite a capítulos
anteriores y se relaciona con dificultades propias del medio, del contexto
socioeducativo. Es decir, con las reacciones externas a las que el niño índigo
está expuesto, más que con carencias del niño en sí.
Aun cuando su
familia haya tomado conciencia de las necesidades que el niño presenta, es
necesaria la mirada específica, más sutil, en función de sus atributos, para
que no devengan en situaciones de marginación, aislamiento o sufrimiento;
existe una sociedad que no siempre habrá de estar preparada para el nuevo
niño.
La desaprobación,
la hostilidad, el rechazo habitual por la diferencia existen inevitablemente
en la vida social. Si a estos factores "ambientales" le sumamos
eventuales vivencias "atípicas" que el niño experimenta -provechosas
en la oportunidad evolutiva que prodigan, pero potencialmente traumáticas en
un principio- es factible que se haga necesaria una compensación terapéutica,
no encarada como tratamiento frente a una enfermedad, sino como apoyo hacia
una evolución espontánea.
Luego, el factor ADD o ADHD, donde se
involucra la hiperkinesis con los problemas que según hemos visto puede llegar
a acarrear, suma otro elemento a la posible complejidad que podría presentar el
panorama de crecimiento para un niño índigo.
Las opciones
terapéuticas propuestas por los especialistas e investigadores son muchas e
inocuas.
El uso de las
Flores de Bach es una de las terapias vibracionales que mejores resultados ha
dado en niños. Edward Bach (1886-1936) médico bacteriólogo doctorado en
Cambridge, descubrió alrededor de los años treinta que las esencias de ciertas
flores silvestres actúan sobre las emociones humanas, equilibrándolas. La no
agresividad y la ausencia de trastornos secundarios propios de este sistema
interesaron a muchos profesionales en el mundo.
María
Luisa Pastorino -médica psiquiatra y médica homeópata
egresada de la Asociación Homeopática Argentina- indagó minuciosamente en esta
terapia antes de publicar La medicina floral de Edward Bach, donde asegura:
"Es quizás en el campo pediátrico
donde los remedios florales actúan más espectacularmente. El maleable organismo
infantil lo hace buen receptor de las flores y de los cambios a los que ellas
llevan. Se puede y se deberían dar desde el nacimiento. Colocado el Rescue
Remedy (uno de los medicamentos florales combinados) en los pezones de la
madre, el bebé incorpora el medicamento en cada mamada y éste actúa borrando
las secuelas del traumatismo del parto y equilibrando al bebé en su
alimentación y sueño. Más adelante, en la vida del niño, el sistema Bach se
puede usar en todo tipo de patologías con excelente resultado."
En la introducción
del mismo libro, encuentro un párrafo que sintetiza la acción terapéutica de
las flores:
"Estas infusiones actúan sobre
los estados emocionales de hombres y animales y sobre las propiedades vitales
de las plantas. Forman un sistema médico cuyo axioma básico, establecido por
Bach, dice que la enfermedad es el resultado de un desequilibrio emocional,
que dicho desequilibrio se produce en el campo energético del ser vivo y que
si éste persiste, se produce la enfermedad en el cuerpo físico. El agente
curativo, por consiguiente, deberá actuar sobre las causas y no sobre los
efectos, o sea, corrigiendo el desequilibrio emocional en el campo
energético:"
Existen otras
terapias o "técnicas de apoyo evolutivo", que se recomiendan tanto
en el caso de los niños índigo como en el de los hiperactivos, con o sin
trastorno de déficit de atención. El Reiki para niños, la técnica de
armonización de los campos electromagnéticos (EMF), el masaje Atlante, son
algunas de ellas.
Quienes practican
y aplican estas técnicas aseguran que sirven para canalizar energías, adaptar
la vibración al cuerpo físico y hacer, en conjunto, menos traumático el
proceso evolutivo del niño índigo.
El
masaje Atlante, en la explicación de Nina Llinares (www.geocities.com/nllinares)
especialista española en este tratamiento es una técnica enfocada a desbloquear
información celular con el fin de liberar patrones energéticos causantes de
enfermedades, cansancio y falta de resistencia, entre otras disfunciones.
Las
condiciones vibracionales del planeta -asegura llinareshan ejercido
alteraciones en nuestros organismos físicos. El conjunto de técnicas que
forman el masaje Atlante contribuye a la liberación de dichas cargas
energéticas así como a las grabaciones contenidas en nuestro antiguo código
genético.
EMFBT
(Electro-Magnetic-Fields-Balancing-Technique) es la sigla que definiría, en
literal traducción a la Técnica de Balance de los Campos Electro Magnéticos.
Abundan en Internet las descripciones desarrolladas al respecto
(wwwemfbalancingtechnique.com)
En
las propias palabras de Silvia Durán (flordevida@uol.es), una de sus
cultoras, el EMFBT es una técnica de armonización que facilita el fluir de la
energía cósmica en el sistema electromagnético del cuerpo humano. En ella,
terapeuta y paciente unen su intención para disolver bloqueos de energía. Todas
las creaciones de la persona -experiencias, miedos, aprensiones, recuerdos- son
liberadas e integradas en el canal central de energía de modo que se pueda
utilizar ese potencial para nuevas cocreaciones.
LA CUESTIÓN COSMOBIOFÍSICA
Seres
superiores comienzan a manifestarse a través de niños, aunque esto jamás debe
alarmar ni atemorizar a los padres. Por el contrario; corresponde considerarlo
como una gracia divina de Dios. Los síntomas que un padre puede llegar a
advertir sobre un niño de tres o cuatro años que es "ocupado" por
seres superiores son de fácil comprobación debido a un cambio total de
comportamiento. Es como si de golpe el mismo se transformara en un muchacho de
quince años o en un adulto, a juzgar por sus deducciones,
análisis
y otras pautas de comportamiento. Abandonan sus juguetes anteriores, dejan de
correr alocadamente como lo hacían antes; comienzan a demostrar una extraña
madurez en sus preguntas y respuestas.
-PEDRO ROMANIUK (Investigador de
fenómenos paranormales)
Salvo unas pocas excepciones, los
testimonios recabados para esta investigación adhirieron a la existencia de
niños índigo en el marco de una creencia que opera como denominador común: la
continuidad de la vida más allá del plano físico; la trascendencia del
espíritu.
Así, los altos
coeficientes intelectuales, la capacidad para ver, oír y curar a distancia y
demás atributos enunciados al hablar de niños índigo, se suman a la idea de
que albergan un conocimiento, una experiencia que les pertenece y que traen
consigo desde aún antes de nacer: antes de venir a la Tierra, para usar un
lenguaje a tono. Sin embargo, allí donde se habla de lo interplanetario el tema
tiende a ramificarse, dando cabida a otras teorías que, sin ser mayoritarias,
también constituyen opinión respecto del fenómeno.
Pedro
Romaniuk es fundador del Instituto
Cosmobiofísico de investigación, en Buenos Aires, Argentina. En su juventud,
fue Comandante de Aviación. Durante el ejercicio de esa profesión atravesó
experiencias que lo conmocionaron, agudizando su interés por los planos menos
explícitos de la realidad. Se abrieron para él nuevos campos de investigación e
interés simultáneamente con vivencias sobrenaturales, visualizaciones,
anticipaciones y contactos con lo que en sus propias palabras, define como
"Inteligencias superiores".
En La vida
después de la muerte -libro publicado por este autor en 1989- Pedro
Romaniuk decide dar testimonio del episodio que, a partir de un accidente
aéreo y sus derivaciones, cambió para siempre su manera de concebir la
existencia.
En los últimos
años, un interés específico por el fenómeno índigo lo ha llevado a participar
en programas televisivos y entrevistas para distintos medios. Sin embargo, su
perspectiva reviste diferencias importantes con otros enfoques al respecto.
La presencia de
nuevos dones y peculiaridades en ciertos niños es vista por este investigador
como fruto de una "ocupación" proveniente del exterior. En ese marco,
excluye la experiencia "previa del ser" que el niño índigo trae
consigo y luego manifiesta.
"Con un aplomo y seguridad que
antes no se le advertían en sus preguntas -sostiene el mismo autor- el niño ya
no se conforma con querer saber sobre ciertas cosas; pretende el ,por qué' y el
`cómo'. Acá se presenta un detalle que merece ser esclarecido. En la mayoría de
los casos de seres humanos, niños o adultos, a cuyo través actúan Seres
Superiores, son estos últimos precisamente los que generan premeditadamente en
las mentes humanas la necesidad de extraer sus propias lógicas analíticas o
deductivas sobre el `por qué' y el ,cómo' de ciertos hechos."
Según este
párrafo, entonces, el cambio se activaría por intervención de fuerzas
exteriores. En cuanto a las características de los niños índigo, y más allá
del "origen" de sus atributos, Romaniuk coincide en señalar la
tendencia a dormir poco, asegurando que los niños Ocupados poseen una cantidad
e intensidad de energía vital impresionante, aunque inusual con anterioridad,
es decir, respecto de sus primeros años de vida. También ratifica su convicción
en la cuestión ADN, al manifestar que ha observado gran cantidad de hijos de
portadores del virus HIV que habían negativizado el virus.
Por último, con
relación a épocas y ejemplos, este observador cita una excepción a la cual
suele apelarse cuando se habla de niños índigo "adelantados" a la
llegada masiva que tuvo su incremento de los años sesenta en adelante:
"A
los cuatro años, Wolfang Amadeus Mozart no sólo ejecutaba el violín, sino que
también componía música im
posible de imitar. Podemos
preguntarnos: si para llegar a componer, como para adquirir cierta destreza en
instrumentos complejos como el piano no alcanza una década; ¿cómo se explican
sus geniales conciertos a los tres o cuatro añitos? ¿Quién ordenaba esos
impulsos mentales? ¿En base a qué experiencia sus dedos ejecutaban las
directivas motrices? ¿Dónde y cuándo adquirió semejante conocimiento? ¿En qué
tiempo? ¿Quién lo inspiró, lo iluminó con ese genio? ¿Quién guió sus manos?
Fueron Ocupantes... fueron Seres Superiores los que impulsaron las manitos y
deditos de una criatura de tres años que nada sabía de música y jamás de componer
música, a escribir partituras cuyas técnicas y creatividad requieren quince o
veinte años de agobiadoras prácticas."
Incluyendo este
testimonio, más allá de coincidencias o diferencias, hay entre los distintos
investigadores un acuerdo básico en cuanto a que los niños índigo existen,
están con nosotros, traen una nueva conciencia, son más evolucionados y
aumentan estadísticamente.
El fenómeno índigo
abre, simultáneamente con su divulgación, una serie de controversias que
parecen multiplicarlo en subtemas. La discusión sobre la vida extraterrestre y
sus manifestaciones en nuestro planeta constituye un ejemplo de las
derivaciones posibles.
Elegí, en el
abordaje de este libro, dejar constancia de las potenciales extensiones
temáticas que podía generar el fenómeno índigo, pero sin indagar en ellas, pues
éstas exigen por sí mismas otra investigación.
EPÍLOGO DE UN VIAJE A LA INFANCIA Y SUS POSIBLES NUEVOS MUNDOS
Si
les decís a las personas grandes: "La prueba de que el Principito existió
es que era encantador, que reía, y que quería un cordero. Querer un cordero es
prueba de que se existe", se encogerán de hombros y os tratarán como se
trata a un niño. Pero si les decís: "El planeta de donde venía es el
asteroide B612 ", entonces quedarán convencidos y os dejarán tranquilo sin
preguntaros más. Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy
indulgentes con las personas grandes.
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY
La prueba de que los niños índigo existen
no es este libro, ni lo será ninguno. Allí están ellos: la propia experiencia
de los lectores, de los adultos, de los observadores, a partir de una mirada
sensible a los cambios que subrepticiamente presenta la especie humana, es la
conclusión más veraz y coherente con estas páginas.
La noción de que
un niño índigo puede ser un niño cualquiera y poseer capacidades potenciales
más expandidas que el resto -aunque no siempre evidenciadas, o incluso
reprimidas- es algo que sólo podemos analizar por sus consecuencias. Su
percepción más amplia, su desempeño selectivamente superior, su mayor
conciencia para comprender procesos globales, su capacidad de adaptación a
situaciones cambiantes, su voluntad de justicia y coexistencia pacífica con un
todo universal, ¿qué son sino la contrapartida exacta de aquello que más
lamenta la humanidad en los últimos cincuenta años?
Suena lógico que
nuestra raza, como especie tendiente a la supervivencia y no a la extinción,
procure compensar en nuevas generaciones los procedimientos catastróficos de
las antiguas.
Se ha dicho que
los niños índigo nacen en cualquier clase socioeconómica y se caracterizan,
básicamente, por poseer un nuevo estado de conciencia. La llegada de estos
"nuevos hombres" -según los especialistas- no es casualidad:
tendrían una tarea muy específica por delante.
Son puentes entre la tercera y cuarta
dimensión, y activan el verdadero cambio en el seno mismo de la familia, en el
hogar,
reza el copete de
un artículo difundido por la página web queidea, del Ecuador.
Con la irrupción
del fenómeno índigo empieza a madurar una nueva manera de ver al niño por
parte de los adultos, y con ella, quizás también una puerta al cambio
evolutivo. ¿Qué vienen a decirnos? ¿O a enseñarnos?
La manifestación
de que el cambio importado por el niño índigo a la humanidad empieza en su
propia familia se reitera en distintos testimonios y opiniones. Es un dato
importante, que subraya el peso específico del fenómeno. Su carácter masivo,
intrasocial, casi subrepticio aún, lo equipara a las transformaciones
profundas, irreversibles.
La historia nos
demuestra que los grandes cambios no han sucedido precipitada o
espectacularmente. El espacio cotidiano de la inmediatez ofrece matices
sugestivos, sutiles pero intensos, que nos merecen especial atención.
Propulsan una rotación
planetaria que paulatinamente ilumina zonas escondidas de la infancia
universal y de la naturaleza humana.
El fenómeno índigo
se presenta como una revelación subrepticia pero creciente que tiene, a la vez,
algo de revolución. Porque estos niños empiezan, en su jeroglífico y pródigo
lenguaje, a sumar nuevos conocimientos y conceptos, destronando otros que ya
ostentan su contradicción.
¿Qué es lo
contradictorio? El adulto ha creado un seudomundo infantil, fabricando
juguetes a imagen y semejanza de la adultez, pero en pequeño. Películas,
alimentos, ropa, libros, rostros y actitudes se lanzan al mercado pretendiendo
que "eso" es lo que los niños quieren; como cuando se inventa un
hueso con sabor a chocolate suponiendo que esto es lo que un perro normal debe
desear.
He aquí una
paradoja que explica el desconcierto mutuo: el niño nuevo, si se lo permitimos,
tiene algo propio para decir. Y seguramente nos sorprenderá.
Lo que los
parámetros tradicionales de educación rechazan, podría ser concebido, entonces,
como la manifestación de identidad de estos nuevos niños ante un gran
malentendido: un estado de cosas equivocado.
Aun descartando la
existencia de los niños índigo, es claro que la mayoría de los niños tienen
misterio y personalidad. A pesar del mercadeo que la industria infantil les
dispara a metralla, ellos se hacen oír, llaman la atención, nos desconciertan,
provocan investigaciones, impulsan nuevas disciplinas, justifican la
elaboración de libros como éste. Algo se traen. Y no puede ser nada malo.
Una aclaración
personal: tampoco creo en santificarlos, declararlos genios o acceder
ciegamente a todos los deseos de un niño determinado, sean cuales fueren sus
cualidades. Sí deduzco que escucharlos sin la "traducción simultánea"
de nuestras propias necesidades proyectadas en ellos, puede hacernos bien como
adultos.
Es probable que,
entonces, al hacerlo, sembremos una semilla de cambio capaz de torcer el
extraño rumbo de las últimas décadas. El rumbo, por ejemplo, de los inmolados
estrellando aviones para que otros inmolados involuntarios expíen pecados que
desconocen.
Por alguna razón
tan misteriosa como los niños mismos, la tendencia ha sido neutralizarlos;
abortar en vida la palabra del niño, que es humano, y sucumbe ante una
vidriera de juguetería con talles para todos los gustos en el mercado mundial.
Así nos privamos
del cambio y proyectamos nuestra propia herencia "adulterada"
diseñando a nuestros pies una infancia de acetato y tecnicolor con Mickeys,
Xuxas, Pokemons.
Inventos de
grandes. Grandes inventos. Escenarios de anestesia que creamos para ver una
niñez ideal, donde la fiesta de luz y color sea permanente.
¿No estaremos
perdiéndonos algo? ¿No estaremos impidiendo, con los fórceps de nuestra
inmadura escenografía una evolución profunda, virtuosa, enriquecedora a la que
estaba destinada nuestra civilización?
Metódica y
ciegamente se eliminan ecosistemas, especies, y capas de la atmósfera.
Cumpliendo el protocolo de la adultez, la "plana mayor" hace lo
propio con la infancia: interrumpiendo la evolución allí mismo, donde parecen
insinuarse los primeros signos de discordancia con lo establecido.
Los niños,
potencialmente sabios pero blandamente inexpertos respecto de la densidad
física, son permeables a la trampa narcóticamente seductora del efectismo. De
todos modos, un fenómeno, una nueva generación nos remite a virtudes
esenciales de la especie.
Aun sin el
privilegiado ADN, sin superpoderes, ni "lóbulo frontal abultado y ojos
grandes" los niños de hoy acaso sean todos potencialmente especiales,
distintos respecto de hace tres o cuatro décadas. Es decir, capaces de
desarrollar nuevos dones, de resucitar una condición espiritual, psíquica,
intelectual que había sido congelada pero que define a la especie humana.
Y al resucitarla,
resucitarnos con ella.
Una misión ya
opera por sí misma. Es la misión de la nueva mirada sobre los niños. Una mirada
más sabia que nos permite a los adultos aprender antes que clasificar. Abrir
nuestros ojos tan grandes como los que ellos traen, escucharlos con la voracidad
con que ellos nos escuchan, inspeccionar nuestros juguetes con la misma
curiosidad con que ellos inspeccionan los suyos; todo esto es complementario a
la misma dirección que los niños toman.
Existe, sin
embargo, una contracara del fenómeno que puede confundir: la exigencia, la
vanidad proyectada, la urgencia de tantos padres por engrandecerse a través de
la eventual "estrella" de sus hijos. Otro riesgo. Y otro vicio
tendiente a neutralizar un cambio positivo frente al cual nos debemos atención
especial.
La evolución como
especie, aquella que los niños podrían aportar, no tiene que ver, en lo
esencial, con triunfos científica, económica, o funcionalmente mensurables.
Estos, en todo caso, serían beneficios adicionales.
El impulso
humanístico que traen los nuevos niños tampoco es puntualmente predecible como
el sexo de un bebé, pero asoma aquí y ahora; ha sido percibido por muchos
padres y observadores de distintos campos.
Todos los niños -mágicos por naturaleza-
habrán de sorprendernos, en tanto dejemos de criarlos como a pequeñas mascotas
reproductoras de un sistema de creencias hoy ya poco creíble. Y seguramente
nos harán un favor, si se lo permitimos. Quizás en un futuro surjan nuevos
acercamientos al tema; refutaciones, confrontaciones y semblanzas más o menos
efectistas, según dicte la mediatización.
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* Edgar Alan Poe, narrador y poeta
norteamericano (1809-1849). En su cuento "La carta robada", expone
un ejemplo de cómo cierta actitud obstinada pero sin apertura en la búsqueda
de algo, puede a veces ocultarnos su presencia evidente, mucho más inmediata
que lo supuesto.
* Abreviatura
del ácido desoxirribonucleico. Dícese del ácido nucleico que forma el
componente principal de los cromosomas y soporta el material de la herencia.
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